El nombre de la rosa
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«El conocimiento no es poder en sí mismo, es la forma en que se utiliza lo que define a una persona»
El nombre de la rosa, 1980, Umberto
El título no es baladí, tal y como comentó cinco años después el propio autor en sus Apostillas a El nombre de la rosa, dado que esta flor es de por sí todo un símbolo literario y lleno de secretos. Toda rosa fresca contiene una fragancia y el libro rezuma aromas y veneno en cada una de sus páginas, por eso esta novela debe leerse como si fueras quitándole los pétalos de uno en uno y con delicadeza. El símbolo de la rosa también coincide con la filosofía nominalista del personaje protagonista; es decir, lo que existe es porque puede ser nombrado. Y así es, pues de las cosas pretéritas solo nos quedará el nombre, semiótica pura como Eco. Y como los nombres importan, Baskerville el detective hace alusión a una novela de Conan Doyle, mientras que el de Jorge de Burgos, el bibliotecario, es un guiño literario a Jorge Luis Borges.
En el s. XIV, el franciscano Guillermo de Baskerville, el famoso de la navaja, y su novicio Adso de Melk, el narrador de recuerdos, llegan a una abadía del norte de Italia para intentar descifrar una serie de crímenes por el método lógico-deductivo y se topan con dos cosas: la Inquisición de los dominicos y la enorme y enigmática biblioteca del lugar. El nexo de unión, son las sucesivas muertes de algunos monjes y el constante enfrentamiento entre fe y ciencia, lógica y superchería, ascetismo y carnalidad, dogma y oscurantismo, deseo de saber y secretismo, los siete pecados capitales y la vida dedicada a la superación.
La pérdida del libro aludido, oculto y prohibido, tampoco es casual. Se trata del segundo de la Poética de Aristóteles, el cual desata la ira del anciano Burgos, simplemente por estar dedicado a la comedia, pues este hombre amargo está convencido que la risa despierta la ira de Dios, al debilitar la alegría humana el debido temor divino, así que en su potestad de juez y custodio, decide lo que va a hacer, sin importarle llegar al pecado mortal del asesinato. Curiosa disyuntiva para un hombre que prometió ofrendar su vida a orar y servir a los demás y que ahora no duda en traspasar todos los umbrales de su fiero dogmatismo, convertido en dueño y señor del saber, negando el derecho al conocimiento mediante el terror y la censura, dueño unilateral de la vida y la muerte. Gracias a ello, la misma trama de la novela da visos de credibilidad a este libro aristotélico del que no nos ha llegado nada, y una posible explicación de porqué y cómo se esfumó, si es que lo hizo.
Así, el fuego que purifica y destruye se llevará siglos de saber dejando solo una estela de pavesas en el cielo y la noche oscura volverá a instalarse en el medievo.
Y de la rosa solo queda el nombre, nombres desnudos tenemos…
Stat roda pristina nomine, nomina nuda tenemus.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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