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Política sanitaria


  • Escrito por El Socialista
  • Publicado en Déjà Vu
(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El director general de Sanidad, compañero Pascua, no ha querido dejar pasar el aniversario de la República sin dar cuenta, por medio de la nota que publicamos ayer, de las modificaciones introducidas en su departamento y de la iniciaci´´on de labores para dar cima a una nueva política española de Sanidad, fundada principalmente en resultados eficaces. Es propósito resuelto de nuestro compañero, bien preparado para esa labor, con preparación doble, de conocimientos y carácter, que termine definitivamente la vieja norma de hacer que se hace. Allá donde el Estado tenga un Centro sanitario—sanatorio o dispensario, enfermería o laboratorio—acreditará, en lo sucesivo, sus máximas virtudes. Su función será interna y silenciosa, en vez de, como venía siendo, externa y aparatosa: decorativa. No se piense que tal cambio es cosa de pocos arrestos. La general desmoralización a que habían llegado los negocios del Estado invadió también la dirección de Sanidad, donde todo marchaba, como vulgarmente se dice, manga por hombro. Sin aludir a toda la serie de privilegios que, cuándo por una influencia, cuándo por otra, eran confirmados, con daño para la clase médica, es lo cierto que no se ponía la vista en el problema principal: la mejora de la sanidad colectiva. La tuberculosis, el paludismo, el tracoma, la lepra constituían, cuando más, una preocupación literaria. Quizá hasta se hacían Memorias que probaban lo terrible de estos azotes. Más que eso, nada. Así hemos podido comprobar, leyendo la nota del doctor Pascua, que todo está por hacer. Y así, el propio doctor Pascua ha tenido necesidad de reñir sendas batallas para lograr que el presupuesto de Sanidad adquiera en la República la jerarquía que le corresponde y que ya tiene en todas las naciones de Europa. Con las limitaciones aconsejadas por un presupuesto de «sacrificio», se le ha concecido la jerarquía debida. E dinero de ese presupuesto va a ser invertido con una proxupación central: que España comience a tener sanidad. Ya que no se pueden cubrir todas las necesidades, habrá, cuando menos, un plan sanitario, cuyos primeras jalones se están poniendo con todo rigor.

Para acometer con cierto desembarazo esa obra ha sido preciso que antes se diese clima a otra no menos importante: la de acabar con el régimen de privilegios y de personalidades invulnerables que, por serio, olvidaban con bastante frecuencia el cumplimiento de su deber. Ha habido necesidad de recordarles que la Administración es exigente. Que no reconoce más méritos que los que ge derivan del cumplimiento del deber. Esa misma exigencia se ha aplicado, por ejemplo, a la admisión de enfermos en los Sanatorios. Las camas se reservaban tienes a los enfermos bien recomendados. Ahora se sigue un orden riguroso. Se han fijado nuevas reglas, de evo matemático o poro menos, y se respetan con ejemplaridad excepcional. Esta es la conducta que debe aclimatar la República. Justicia, a todos; favor, a nadie. Tanto más en estas cuestiones delicadas en que está por medio la vida de los hombres. La nata facilitada por la Dirección general de Sanidad es sobradamente elocuente por sí misma. Su sola publicación indica que hay en ese Centro la legítima preocupación de que el público conozca cómo marchan los problemas de la sanidad nacional, que afectan de un modo inmediato y directo a todos los españoles.”

Fuente: El Socialista, número 7235, de 15 de abril de 1932.


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