Bajo el influjo de Sirio, la estrella del Perro
El cónsul Escipión Emiliano se había prometido a sí mismo rendir la ciudad rebelde de Numancia antes de la siguiente canícula. Cada madrugada, desde su campamento al norte de la población, oteaba el horizonte sudeste, sobre los montes de Soria, en busca de la estrella del Perro. Aquel primero de agosto del año 621 ab urbe condita, el cónsul al fin vio la estrella del Perro. Los gritos de la guardia lo sorprendieron: “¡Numancia arde!”. Escipión Emiliano empezó a imaginar el desfile de su triunfo por las calles de Roma.
- Escrito por David Galadí Enríquez