Cuando el aceite de orujo de oliva se convierte en electricidad
- Escrito por Julio Martínez García
- Publicado en Ciencia + Tecnología
Siempre que se menciona la producción energética renovable, pensamos en las mismas fuentes. O, al menos, en aquellas más conocidas. Solemos referirnos a la eólica, a la fotovoltaica y a la hidroeléctrica. Sin embargo, existen otras muchas vías que, sin utilizar los combustibles fósiles, permiten la generación de luz. Entre ellas, la geotérmica, procedente del calor del interior terrestre; la mareomotriz, que utiliza la fuerza de las mareas; la undimotriz, que se obtiene de las olas; o la biomasa, que surge de la materia orgánica…
Dentro de esta última categoría se incluye la alternativa que brota del aceite de orujo de oliva, del que nuestro país es el primer fabricante mundial. Un producto que –anualmente– genera 1.897.500 MWh de energía renovable, según los datos de ORIVA, una organización que reúne en su seno a los productores, industriales y comercializadores del sector. Sin embargo, estos datos se han de poner en contexto. “El 20% de la aceituna se convierte en el aceite de oliva que todos conocemos, mientras que el 80% restante es «alpeorujo» u orujo graso húmedo”, explicitan los expertos.
De ésta última cantidad –del 80% del total–, un importante margen –en torno al 38%– es convertido en biomasa, principalmente en forma de orujillo y hueso de aceituna. Esta porción “es usada como fuente de energía, tanto para el autoconsumo de la industria como para su comercialización”. De hecho, el fomento de las renovables –a través de la generación de biomasa del olivar o de la cogeneración con gas natural– se ha establecido como una nueva vía –limpia y segura– para obtener electricidad.
Pero, antes de continuar, ¿qué es, exactamente, el aceite de orujo de oliva? Como su propio nombre indica, nos encontramos ante un producto que procede de la aceituna. De este fruto, tras un primer prensado –que supone la extracción del 20% del recurso–, se consiguen las tres tipologías oleícolas más conocidas: «virgen extra», «virgen» y «aceite de oliva». El 80% restante supone el «alpeorujo» u orujo graso húmero, que –a su vez– se encuentra compuesto de agua, hueso, pulpa y piel de aceituna. Esto es lo que constituye “la materia prima de la que sale el aceite de orujo de oliva”, el cual se consigue gracias al procesamiento de dichos elementos.
“Tras la aplicación de técnicas de extracción y refinado, el orujo graso húmedo se convierte –definitivamente– en el aceite de orujo, que –para su consumo– se mezcla con aceite «virgen» o «virgen extra»”, describe Jaime Osta Gallego, vicepresidente de ORIVA. “En ese punto, el resultado ya estaría preparado para venderse a granel o para ser envasado y distribuido”. En resumen, “se alcanza un aceite vegetal comestible, líquido a 20ºC y compuesto –entre el 96% y el 97%– por triglicéridos constituidos por ácidos grasos, siendo –la cantidad restante– otros lípidos menores”, describen los especialistas en la materia.
Además, una parte del referido producto “se encuentra formado por compuestos con propiedades bioactivas”. De hecho, se trata de una alternativa que se emplea con mayor frecuencia en la cocina. “Su calidad lo hace idóneo para utilizarlo en un gran número de frituras, sin alterar las propiedades de los alimentos, lo que lo convierte en un producto más que rentable para la hostelería y la industria alimentaria en general”, relatan los investigadores.
España es el principal fabricante del mundo de esta alternativa, por lo que el sector supone en torno a 18.000 puestos de trabajo –tanto directos como indirectos–. Asimismo, la facturación de dicha fabricación ascendió –sólo en nuestro país– hasta los 351,8 millones de euros durante la última campaña, la correspondiente a 2020/2021. Tal es su actividad, que el 85% de las ventas se destinan a la exportación, con especial atención –en este orden– a los mercados de Italia, Estados Unidos, Portugal, Emiratos Árabes Unidos y México. Una nueva forma de dar a conocer la riqueza agrícola y gastronómica española fuera de nuestras fronteras.
Fomento de la «Economía Circular»
Sin embargo, la relevancia de esta actividad va mucho más allá. Se sigue trabajando para que la producción del aceite de orujo de oliva se perfeccione y se establezca como “un ejemplo pionero de «Economía circular» (EA)”. Esta propuesta económica, la EA, “se interrelaciona con la sostenibilidad”. De hecho, “su objetivo es que el valor de los productos, los materiales y los recursos permanezcan con vida durante el mayor tiempo posible”, explican desde la Fundación especializada en la referida disciplina. Para ello, se pretende “reducir al mínimo la generación de residuos”, y “se propone, por tanto, un nuevo modelo de sociedad que utilice y optimice los stocks y los flujos de materias primas”.
Una filosofía que se intenta respetar en la generación del aceite de orujo de oliva. “Gracias al trabajo orujero, se consigue el aprovechamiento integral del «alpeorujo» u orujo graso húmedo”, explica Jaime Osta Gallego, vicepresidente de ORIVA. De hecho, se «reutiliza» el elemento sobrante de las almazaras tras la primera prensa, lo que supone –como ya se ha visto– el 80% de la aceituna. “Un porcentaje que muestra la magnitud de la labor medioambiental que se realiza en la mencionada actividad productiva”.
En este sentido, y gracias a “sofisticados procesos industriales de secado, extracción y refinado”, se alcanza el objetivo de «residuo cero» del «alpeorujo». “La mayor parte –en torno al 60%– se transforma en vapor de agua. Un 2% será transportado a la refinadora para elaborar el aceite de orujo de oliva. Y un 38% da lugar a la biomasa, una fuente de energía sostenible usada tanto para el autoconsumo de la industria como para su comercialización”, explica José Luis Maestro, presidente de ORIVA.
“La biomasa se obtiene –principalmente– en forma de orujillo y hueso de aceitunas, ambos con un contenido energético importante, siendo fuentes tanto de energía térmica como eléctrica”, explican los especialistas. “Las tecnologías existentes para su obtención son la combustión directa, los ciclos de vapor y la cogeneración”. Este proceso productivo se realiza en 12 de las 59 plantas de extracción y refinado existentes España. Las mismas se distribuyen en seis Comunidades Autónomas. Más concretamente, en Andalucía, Castilla–La Mancha, Cataluña, Extremadura, Murcia y Navarra.
Una obtención de energía que –insisten los expertos– es posible gracias a la utilización de recursos renovables, como la biomasa. “El uso de este material de manera sostenible –en lugar de otros combustibles fósiles– conlleva ventajas para el entorno, como el aprovechamiento de residuos agrícolas o la minimización de emisiones, puesto que se trata de un combustible neutro desde el punto de vista del ciclo de carbono”, indica Jaime Osta Gallego, de ORIVA.
Además, nos encontramos ante “una biomasa producida por la propia industria, aprovechando el potencial de la «economía circular»”. En definitiva, “la producción de aceite de orujo de oliva permite el aprovechamiento integral de la aceituna, haciendo sostenible toda la actividad oleícola”. Esta producción “cumple –así– un papel medioambiental de gran valor, al convertirse en la pieza imprescindible de un modelo pionero de «residuo cero»”.
En cualquier caso, la realidad descrita no sería posible si no hubiera una relevante infraestructura detrás. La generación energética se consigue gracias a una potencia instalada de 253 MWh, que permite alcanzar los 1.897.500 MWh de producción cada año. Estas cifras posibilitarían iluminar miles de viviendas en España de forma limpia y bajo el concepto de «residuos cero». Una realidad que ha de tenerse en cuenta ante la «crisis climática» que estamos sufriendo. Sólo tenemos un planeta y su preservación –y, en consecuencia, la supervivencia de las generaciones futuras– depende del compromiso de todos. Al fin y al cabo, y como señala el conocido proverbio latinoamericano:
«La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos»