Corporativismos aberrantes
La división de poderes en España está dando paso a su desaforada confrontación. La iniciativa de esta contienda parece llevarla el poder Judicial, que no entiende ni al poder Ejecutivo ni al Legislativo. O si los entiende, no acepta su entidad como poderes diferenciados. La política tiene autonomía propia para negociar abierta o discretamente, con China, Venezuela o Irán. Si la razón de Estado obliga a España atender a un país hermano como Venezuela, que pide ayuda por verse hostigado por un poderoso enemigo, tal demanda debe atenderse. Si la misma razón estatal obliga a España a diversificar su política exterior y a dialogar con un gigante tecnológico como China, ¿quién se cree con derecho a impedirlo? El poder Judicial en España no puede obsesionarse con la idea de castigar al poder Ejecutivo, con razón o sin ella, en todo tipo de ocasiones. Es una tendencia malsana, cargada de consecuencias letales para el país, para todos.
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