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Los verdaderos perturbadores


  • Escrito por Pablo Iglesias Posse
  • Publicado en Déjà Vu
(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Cuando los actos de los malos gobernantes o de los explotadores codiciosos producen asonadas y motines, los imbéciles, los servidores de los ladrones del pueblo y hasta los mismos que gobiernan suelen atribuir aquellos a los “profesionales del desorden”.

Tales “profesionales” o perturbadores no existen. No hay en las masas populares un grupo de hombres que busquen beneficios morales o materiales en el desorden.

Quienes producen éste viven en esferas elevadas: o son los mismos gobernantes, o los que se enriquecen en mayor o menor escala a costa de los desheredados de la fortuna.

Los pueblos no se alborotan o amotinan por capricho. Que no haya injusticias, privilegios ni atropellos, y los ciudadanos, todos los ciudadanos, vivirán tranquilamente.

Ni en Madrid, ni en Barcelona, ni en Valencia, ni en Zaragoza habrían ocurrido las manifestaciones de estos días si los acaparadores no hiciesen de las suyas; esto es, si no encareciesen de tal modo los artículos de primera necesidad, que apenas pueden adquirirlos los que viven de un mísero salario o de un corto sueldo.

Perturbadores, verdaderos perturbadores, son los gobernantes que hacen la vista gorda ante las maniobras de los que especulan escandalosamente con los medios más necesarios para la vida.

Perturbadores son los gobernantes que han sacrificado los intereses del país a los negocios de los navieros.

Perturbadores son los ministros que dejaron durante mucho tiempo a los propietarios de las minas elevar considerablemente el precio del carbón; que, establecida la primera tasa, les consintieron que se burlasen de ella, y que ahora, dándose aires de rigoristas, acuerdan otra tasa, beneficiosa para dichos propietarios.

Perturbadores son los hombres de Gobierno que permiten a las grandes Compañías, y especialmente a las ferroviarias, hacer un pésimo servicio, por culpa del cual ocurren multitud de desgracias y los transportes se verifican con extraordinaria lentitud.

Y perturbadores son también los que roban en el peso del pan, de la carne, del carbón, del azúcar, del aceite, del arroz y de todo cuanto consume la clase trabajadora; como lo son igualmente las autoridades que, por amistad, por influencia política o por dinero amparan o consienten esos latrocinios.

¡Ah! Si nada de lo dicho se hiciera, no habría razón para que el pueblo se sintiese indignado, la ira se apoderase de él y se lanzase violentamente a la calle.

Lo sorprendente, lo asombroso es, dado lo que hacen los perturbadores que acabamos de señalar, que el pueblo no ahorque a unos cuantos criminales especuladores y no arrastre a algún descocado gobernante.

¿Por qué, unos y otros no han producido al país tremendos males? ¿No han cometido enormes atropellos? ¿No han realizado descomunales injusticias?

No hablen, no, de “profesionales del desorden” los que hambrientan al pueblo, los que estrujan al verdadero productor, los que amparan a los grandes ladrones, y los que, en cambio, meten en la cárcel a hombres inocentes y mandan a presidio para toda su vida a quienes son verdaderos modelos de ciudadanos.

Esos, todos esos, son los causantes de la intranquilidad pública, que durará tanto tiempo cuanto tengan de vida tan perniciosos elementos”.

Pablo Iglesias Posse, El Socialista, número 3092, martes 15 de enero de 1918. / © Fundación Pablo Iglesias


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