Caperucita Roja, dónde vas tan bonita
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
Caperucita Roja - ¡Abuela, qué brazos más grandes tienes!
Lobo Feroz - Son para abrazarte mejor.
Caperucita Roja - ¡Abuela, qué piernas más grandes tienes!
Lobo Feroz - Son para correr mejor.
Caperucita Roja - ¡Abuela, qué orejas más grandes tienes!
Lobo Feroz - Son para oírte mejor.
Caperucita Roja - ¡Abuela, qué ojos más grandes tienes!
Lobo Feroz - Son para verte mejor.
Caperucita Roja - ¡Abuela, qué dientes más grandes tienes!.
Lobo Feroz - ¡Son para comerte mejor!
Caperucita Roja, 1697, Charles Perrault
Hoy, en el día internacional de la mujer, me acordé de Caperucita Roja. Es un cuento de larga tradición latina y europea medieval que recopilaría primero el francés Charles Perrault en el s. XVII y más tarde los hermanos Grimm, ya en el s. XIX, y cuya historia ha continuado, versionada, hasta nuestros días.
Desde Perrault, Caperucita no tiene nombre, se lo da su capa roja. Es una jovencita ̶ que no una niña ̶ familiar que adora a su abuela y que vive con su madre. Puro matriarcado. En su camino hacia la casa de la abuela, aparece un lobo (hombre) que en este cuento simboliza la figura del depredador sexual. No es un tema feminista, pero sí moralizante, ya que pretende advertir a las jóvenes púberes de relaciones con desconocidos por la vía del miedo. Y esto es importante, pues el despertar sexual femenino viene a ser castrado de forma amenazante, ya que Caperucita, que se mete en la cama con un lobo desnudo, que tiene brazos piernas y no patas, acaba siendo devorada por él. Previamente había bebido del cuerpo y la sangre del cordero en forma de abuela, algo que por cierto toma el autor de una antigua leyenda francesa del s. XV (Cuento de la abuela), pero que luego decide quitar para no asustar a los nobles de la corte de Luis XIV (y digo yo que para no amargar sus bacanales) a los que iba dirigido.
En las versiones de los Grimm, Caperucita está más “empoderada”. En la primera adaptación se salva por la acción de un leñador, un hombre cabal al socorro de la niña, que no es púber, y que asume la figura tradicional del protector, mientras que en la segunda versión el lobo no consigue apartar de su camino a la niña y son la abuela y la nieta las que lo vencen desde la seguridad de la casa, atrayéndolo por el olfato, ese sentido tan potente y primario, para terminar asándolo frito en un gran caldero. Aviso a secuestradores y violadores.
Podríamos seguir hasta el infinito, pero el trasfondo de la capa roja es el mismo: la mujer púber que sale al mundo y los depredadores que acechan. Lo de siempre, lo tan repetido. Lo bueno es que ahora, aunque lo sigamos sufriendo, lo sabemos y tenemos muchos más leñadores y abuelas cubriéndonos las espaldas, abriendo filas por nuestro derecho a caminar solas y seguras por el mundo, sin necesidad de infringir daño a terceros.
Y sobre todo, y por encima de todo, que ya aprendimos a defendemos solitas.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.