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Salsa de caramelo y arroz frío


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Este artículo es un ensayo, un a ver qué sale. El personaje principal soy yo, como podrías serlo tú, o esa mujer de hermosas piernas que camina con prisa de tacones de aguja. O el bizco, que te taladra mientras te mira. Acaricio las teclas, y a ratos las abofeteo, para que pongan algo de música a mi reloj de muñeca. Me muero, como te mueres tú, soy un laberinto de enfermedades, una vana retahíla de esperanzas sin funda. A la prosa de la vida le busco las cosquillas y de tarde en tarde me da una metáfora feliz o un ataque de risa.

Como si morirse durara todo el tiempo, como una cita a ciegas, como un espejo en el ombligo. La noche, color cereza, el viento, duende y secreto, pájaros de cinco mares, mujeres de llanto negro. Torpes, rotos, embozados llegan los hombres solos. Ni brújulas ni astrolabios los empujan a la playa. Vienen sin protocolo, cansados de sus quimeras. Así van pasando el día, veraneantes sin años, graves de traje y a destajo. Como si morirse durara para siempre, como si vivir no fuera irse muriendo. Borrachos de ginebra mala, náufragos a cielo abierto, clavan su estaca en el aire  y mueren en un bostezo.

Incluso yo, escribo para no morirme de repente, para fijar en la pantalla un grafiti de color: una sonrisa. Converso con los gigantes que estuvieron aquí, con los que no se han ido. El tiempo: Manrique o el río de oro. Quevedo, polvo enamorado. Fluyente Juan Ramón. Neruda torrencial. Proust en su limbo de palabras, en su tumba de arquitecto insigne del decir. Todo está contado con genio y gracia. Unos vinieron, otros vendrán. Aquí, en esta tarde de sábado que quizá sea jueves, en este marzo en flor de mayo, en mi otoño, juego con la paleta de colores, buscándole pies invisibles a la sintaxis desnucada. Me dicen que llegó Valéry. ¡Que entre! Amados monstruos, desleídos lectores, no sé si escribo una columna o un diario secreto. ¡Como si importaran los géneros, como si invocar palabras fuera otra cosa que un nimio ejercicio de caligrafía escolar, de virtuosismo redicho, a lo sumo!

Todo está pensado, dicho, ¿para qué decirlo otra vez? La búsqueda de la originalidad, decía Neruda, es una superstición moderna. La originalidad como boutade, no como camino hacia los orígenes, es un tema tan explotado en el XX que no da para más. Todos los Mediterráneos están descubiertos. ¿Para qué, entonces, trazar una nueva cartografía? Cualquier obra humana caduca y, sin embargo, todo intento verdaderamente honrado de hacer más ancho el horizonte es grandioso en su humilde futilidad. Escribo para mí, que soy tú, busco un consuelo en esta tarde vasta y desbaratada.

La cuestión está en saber qué hacer cuando no sabemos lo que hacer. ¿Sentir, acaso, una puñalada que pudiera ser nostalgia, salsa de caramelo o arroz frío? ¿Dejarse crecer el pelo, caer el pelo, pintarse el pelo? Pensar, acaso, que la vida es un tango, que sería bueno jugársela en un arrabal, y, a la vez, sentir miedo del filo de las navajas: también Borges lo tenía, pese a que algunos de sus cuentos estén llenos de cuchilladas. O por eso mismo. Escribir, como Borges, o vivir, a salto de mata, a lo que salga. O quedarse en medio, en tierra de nadie o de todos. Tirar las llaves, la vanidad, el pasado, y buscar princesas y dátiles en otra isla. Irse despacio, cabalgar, a veces, a lomos de la euforia. Citar a Pepe Hierro:

“Tú que hueles la flor de la bella palabra/

acaso no comprendas las mías sin aroma”.

Solamente un instante robado al asombro.

Juan Antonio Tirado, malagueño de la cosecha del 61, escribe en los periódicos desde antes de alcanzar la mayoría de edad, pero su vida profesional ha estado ligada especialmente a la radio y la televisión: primero en Radiocadena Española en Valladolid, y luego en Radio Nacional en Madrid. Desde 1998 forma parte de la plantilla de periodistas del programa de TVE “Informe Semanal”. Es autor de los libros “Lo tuyo no tiene nombre”, “Las noticias en el espejo” y “Siete caras de la Transición”. Aparte de la literatura, su afición más confesable es también una pasión: el Atlético de Madrid.