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Adjetivos


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Decía Vicente Huidobro que los adjetivos cuando no dan vida, matan. Creo que tiene fundamento la advertencia del poeta chileno, quien sigue su aserto con precisión, basta leer el prefacio de su libro Altazor para comprobar la potencia de su imaginación, poco tocada por el abanico de colores de los adjetivos. Es verdad que con los adjetivos hay que tener cuidado, porque pueden dar brillo y gracia a la prosa, pero también pueden arruinarla. Hay escritores como Valle-Inclán que los usan con profusión, con frecuencia en triada, sin que su escritura se resienta, antes bien alcanzando vuelo de águila. Quizá yo mismo tengo apego a su cultivo y crecen en el huerto de mis textos con facilidad, de manera que a veces me planteo si no abusaré de ellos. Me he propuesto escribir esta columna arrancando cualquier yerba en función de adjetivo, dejando que vivan a sus anchas los verbos y los sustantivos, las preposiciones, las conjunciones y demás instrumentos de la orquesta sinfónica del idioma. Repaso lo que llevo, no encuentro adjetivos, y debo estar en mitad del segundo cuarteto.

En el fondo, lo que se dirime cuando se habla de estas cuestiones plantea un asunto que va a la raíz de la escritura y al corazón de los escritores y podría sintetizarse en esta pregunta: ¿Qué es escribir bien? En esta tesitura, un lector sin malicia puede tener una idea sobre el particular cuando se enfrenta a un texto. Pero no se le formule la pregunta a un escritor, porque no habrá forma de aclarar nada. Valle-Inclán llamó a Galdós, por boca de un personaje de Luces de bohemia, don Benito el garbancero. Pío Baroja cuestionó en sus memorias la prosa de Valle. Umbral desdeñó cada vez que vino a cuento, y aun sin venir, la sintaxis de Baroja y la de Azorín. Juan Marsé calificó la de Umbral como prosa de sonajero. Juan Benet ridiculizó la escritura de Cela. Y otro tanto puede decirse de Luis Martín Santos. Supongo que parecida debe ser la consideración de Rafael Chirbes sobre el Nobel Camilo. En mi opinión, todos ellos escriben bien, sin saber yo qué significa en realidad esto. Y bien escriben Rosa Chacel y Ana María Matute, Gabriel Miró y Marta Sanz, Sara Mesa y Josep Pla, Julio Camba y Luis Landero. Los aprecios y desdenes, las envidias y las filias, tan comunes entre los del gremio, los aproxima al común de los paisanos, más dados a la malquerencia que al afecto. Que los españoles nos queremos poco se demuestra a todas horas, de forma que los escritores no habían de ser de otro linaje.

¿Escribe mejor Cervantes o Quevedo? Va en criterios, aunque el mayoritario, con el que coincido, se alinea con Cervantes, si bien habría que diferenciar el Cervantes de El Quijote, del Cervantes del resto de la obra, incluyendo Las novelas ejemplares. El asunto, no crean, tiene su intríngulis, porque circula por las redes y otras carreteras secundarias de las ideas una teoría sostenida por Francisco Calero, profesor emérito de la UNED, según la cual el autor de El Quijote es el humanista Juan Luis Vives. Incluso, la escritora holandesa Jesttie H van dem Boom apuesta por la autoría del filósofo inglés Francis Bacon. En mi opinión, nada docta, es un disparate y la prueba de que a Cervantes no solo lo ningunearon en su tiempo, sino que incluso quieren arrebatarle su obra cuatrocientos años después de muerto. Dicho sea sin adjetivar. Vale.

 

Juan Antonio Tirado, malagueño de la cosecha del 61, escribe en los periódicos desde antes de alcanzar la mayoría de edad, pero su vida profesional ha estado ligada especialmente a la radio y la televisión: primero en Radiocadena Española en Valladolid, y luego en Radio Nacional en Madrid. Desde 1998 forma parte de la plantilla de periodistas del programa de TVE “Informe Semanal”. Es autor de los libros “Lo tuyo no tiene nombre”, “Las noticias en el espejo” y “Siete caras de la Transición”. Aparte de la literatura, su afición más confesable es también una pasión: el Atlético de Madrid.