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La ultraderecha global


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

“La ética del egoísmo” la representan personajes como Milei, Trump, Bolsonaro, Le Pen, Orbán, Abascal y la propia Ayuso. Todos ellos representan un patriotismo de cartón, de la defensa de lo nuestro cuando ese “nuestro” no es el conjunto de la ciudadanía de cada país, sino los intereses de la clase a la que representan. Por eso, defienden las bajadas de impuestos a ricos, la eliminación de la justicia social, la pérdida de derechos y el desmantelamiento de un Estado de Justicia y Bienestar.

Y esos vendavales parecía que llegaban a Europa con el propósito de arrasarlo todo. Mucho más cuando en las recientes elecciones europeas, la ultraderecha se quedó como segunda fuerza en muchos países y como primera en países donde ya gobierna como Italia y Hungría, pero dio la desagradable sorpresa en el corazón de la República europea, nuestra vecina Francia, la de la “Liberté, Égalité, Fraternité”. De hecho, el parlamento europeo es hoy mucho más conservador y también más fragmentado.

No obstante, Europa parece resistirse a la ultraderecha. Así ha ocurrido en Reino Unido, donde los resultados electorales a favor del laborismo han superado las expectativas.

Da la impresión de que Reino Unido lleva unos pasos electorales por delante. Decidió seguir los cantos de sirena de los embaucadores que atentaban contra la Unión Europea y se metieron en un callejón sin salida que ha destrozado Reino Unido. A ello le acompañaron los demagogos populistas y estrambóticos representados en la figura de Boris Johnson. Para llegar luego, a Rishi Sunak, el primer ministro de una minoría étnica, hindú, y el más rico de los conocidos. Un millonario al que los orígenes parecen estorbarle, al menos para demostrar empatía con los inmigrantes que llegan a Reino Unido.

Sunak no gobernó para la inmensa mayoría. Eso ocurre cuando se producen políticas migratorias de extrema derecha, cuando se niega la necesaria lucha contra el cambio climático, cuando se suben precios y se bajan derechos, cuando se desmantela la sanidad pública. No ha sido un político popular pero tampoco un tecnócrata eficaz, lo que demuestra que no es cierto que los conservadores gestionen mejor la res pública.

Ahora, Reino Unido se sale una vez más del rail europeo para virar fuertemente hacia la izquierda, reclamando un Estado de Bienestar y una justicia social.

Por otra parte, las elecciones celebradas recientemente en Francia han supuesto un agrupamiento para decir “no” a la ultraderecha de Le Pen. Será difícil llegar a un gobierno de consenso con toda la pluralidad de fuerzas agrupadas, pero deben actuar con la misma coherencia que han hecho para ganar las elecciones, algo que era impensable y que ha roto todos los pronósticos de las encuestas.

Mientras tanto, las aguas se agitan en España, o más bien, nunca parecen calmarse porque a la derecha le interesa la turbulencia. Abascal ha hecho una jugada que nadie preveía, ni siquiera los suyos, y que resulta dudosa en sus resultados. La excusa, como siempre, es la inmigración. Es el único elemento de campaña que tiene la ultraderecha, “nosotros frente a otros”, y que sirve para alimentar el odio y las sospechas. La inmigración es el único elemento que une a toda la ultraderecha global y que despierta los instintos más bajos de la ciudadanía porque alienta el miedo, la desesperación, la crispación y la inseguridad.

No se buscan soluciones a un problema real, complejo y humanitario. Sino que se pretende utilizarlo para obtener votos.

Abascal ha decidido romper con el PP en los gobiernos autonómicos de forma fulminante. Y no todos los militantes y cargos de Vox lo han entendido, mucho menos, aquellos que han perdido su puesto, se han quedado descolocados, o ven esta acción como una maniobra más personal de Abascal que de razones de partido. Así, empiezan las primeras deserciones.

Hoy por hoy, el único beneficiado es el PP, quien alcanzó los gobiernos autonómicos gracias a los pactos con Vox, y hoy puede gobernar en minoría sin llevar lastres encima. Es más, así se permite “centrar” su discurso, algo que le estaba resultando muy difícil por dos razones: una, por la carga de sus socios y dos, porque Isabel Díaz Ayuso estaba impidiendo el discurso tanto de Vox como del PP con sus espectáculos político-circenses desde Milei a Nacho Cano.

¿Qué pretende Abascal? Entrar en el grupo de la ultraderecha global. No ser un aliado de la derecha, del PP, sino caminar en solitario porque gobernar desgasta, quiere ser oposición radical, y jugar a los dados a ver si hay suerte en estos próximos meses para que se consolide de verdad una ultraderecha con capacidad de liderazgo y no solo de oposición.

En Europa le hemos visto las orejas al lobo. Pero donde residen los dos elementos más significativos son en la guerra de Rusia-Ucrania, en la que el triunfo de Putin puede ser un mazazo para la Europa democrática, y, por supuesto, en el triunfo de Donald Trump en las elecciones norteamericanas.

Este es seguramente el elemento más decisivo y que se da por hecho.

Cómo está conduciendo Biden la campaña es incalificable e incomprensible. Él lo ha sido ya todo en política y el deterioro de su imagen es evidente y preocupante. Su insistencia está quemando las pocas posibilidades de un triunfo demócrata.

Por otra parte, el atentado de Trump ha venido a reforzar su imagen de liderazgo, de fortaleza, de salvador. Ahora mismo, si Biden (su mujer y sus asesores) no lo remedia, la alfombra roja está puesta para que Trump vuelva a ocupar la Casa Blanca.

Y, ¿qué ocurrirá a partir de ahí?

Parece una película de agentes secretos en la que “los malos” de los gobiernos dictatoriales se reúnen, con el botón en el armamento, dispuestos a dominar el mundo. Pero esto no es una película. La democracia está seriamente amenazada por la elección de sus propios ciudadanos.

El poder del mundo puede caer, o ya está, en manos de personajes como Xi Jinping, Donald Trump, Vladimir Putin, Víktor Orbán y Benjamín Netanyahu, quienes tienen a sus acólitos servidores esperando recibir las migajas del poder (o mucho dinero para sus campañas) como puede ser la incombustible Marie Le Pen o Santiago Abascal.

Si alguien sabe rezar que rece. Los que sabemos hacer política democrática, ¡¡hagámosla!!

 

Doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia.

Tutora de Sociología en la UNED (Valencia)

Miembro del consejo de redacción de la revista Temas para el Debate, y crítica de libros de la revista Sistema.

Articulista en la revista digital Sistema Digital.

Miembro de las asociaciones literarias Concilyarte y Clave.

Ha codirigido cursos de la UIMP (Valencia)

Miembro de varias ONG Greenpeace, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, Amnistía Internacional y Fundación Hugo Zárate.

Coordinadora de actos culturales: mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros literarios y exposiciones.

Varias publicaciones: artículos de prensa, críticas de libros, artículos de reflexión filosófica, antologías poéticas, novela y ensayo.


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