Antígona o la negación
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Antígona: puede que a ti te parezca que obré como una loca, pero, poco más o menos, es a un loco a quien doy cuenta de mi locura»
Antígona, 441 a.C., Sófocles
En toda tragedia griega hay un grupo de personajes antitéticos e interrelacionados por parentesco para representar las diversas formas de ver y estar en la vida y ser ejemplo de lo que es un buen/mal ciudadano. Las mujeres suelen representar papeles sumisos o contrarios a las costumbres, y por ello son castigadas. Así sucede con Antígona, sobrina del rey tebano Creonte e hija del famoso Edipo, cuando decide enterrar el cuerpo de su hermano Polinices el pendenciero, muerto en batalla contra su otro hermano por reinar. Creonte ha decretado que su cuerpo no sea enterrado y quede pasto de los carroñeros, lo que provocará que su alma vague eternamente ̶ recordemos que este es el peor castigo para un griego. Pero hete aquí que Antígona no está dispuesta ni a respetar al rey ni esa ley, que considera inmoral. Así que, a escondidas, lo entierra ritualmente, aunque es sorprendida y castigada. Como mujer, pariente y súbdita, queda sometida a la indulgencia o no del rey, que no perdona y decide enterrarla en vida en una cueva-tumba hasta que muera. Ella no dejará que su muerte la determine su tío y decide su tiempo. El resto, es historia.
Pero es que debajo de esta lectura lineal y simplista hay más, mucho más en la tragedia de un tema universal. Se trata de exponer la desobediencia civil, presentar y argumentar a favor y en contra del derecho (función coral) del individuo a actuar correctamente según su ética y por encima de una ley, en este caso exacerbado por ser la protagonista una mujer, noble, pero mujer. Las interpretaciones sobre el comportamiento de Antígona son múltiples y variadas, y todas ellas muy bien analizadas por grandes eruditos y estudiosos, y seguramente por más de uno/a bajo la condición de género. A mí me valen todas, y también se me ocurre que la propia etimología de la palabra Antígona dice bastante, pues en griego antiguo significa: “άντι” = negación, y “ γoνή” = generación o linaje. Para que luego digan que el nombre propio no es importante.
Antígona es rebelde y sabe que tiene derecho por ley natural y por linaje a la piedad y al desafío que se contrapone al derecho positivo de una soberanía social por encima de la ley natural. Y está dispuesta a mantener sus principios hasta su propia muerte, que por cierto no por ser decretada es llevada a cabo, porque hasta en eso, o precisamente en eso, es ella soberana y decide sobre el fin de su propia vida. Es más, es capaz de arrastrar a la muerte a otros parientes, lo que a su vez se convierte en el castigo de Creonte al perder esposa e hijo. Antígona prevalece en el ideario popular porque es capaz de decidir por sí misma hasta las últimas consecuencias y, hasta en ellas, decretar cómo va a abandonar este mundo. Porque sabe que la muerte es más larga que la vida y que la fama lo es todo para la pervivencia más allá del Tártaro y del Hades.
Resumen: Antígona lo ha conseguido, lleva siendo famosa 17 siglos.
Menuda influencer de la desobediencia civil.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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