El derecho a tener hijos: ¿Un derecho?
- Escrito por Hilde Sánchez Morales
- Publicado en Opinión
En las sociedades más avanzadas, particularmente en España, el bajo nivel de fecundidad es el hecho demográfico con mayor impacto de las últimas décadas y, con relevantes (y si me permiten preocupantes) efectos sociales.
Si en 1970 la tasa de fecundidad fue de 2,84 hijos por mujer, en 1980 bajó a 2,21; en 1990 experimento un gran descenso a 1,36, y desde esa fecha no ha dejado de bajar, 2000 (1,21), 2020 (1,18) y en 2024 (1,16). Se materializó en 663.375 nacimientos en 1960, 326.000 en 2023, proyectando el INE para el año 2050: 386.000 y para 2073 una ligera recuperación a 406.000.
Además, la edad de la llegada para las mujeres del primer hijo se ha ido alargando, incidiendo directamente en la posible aparición de problemas reproductivos, así como en la frustración de expectativas. Puesto que el número de hijos que actualmente se tienen está por debajo de los que se desean, obedeciendo fundamentalmente a la precariedad laboral, a las dificultades de acceso a la vivienda y a las dificultades de conciliación familiar.
En paralelo somos uno de los países que disfruta de la esperanza media de vida más elevada. Ha seguido en el siglo XX y en lo que va del XXI una evolución creciente: desde los 34,76 años en 1900, a 49,97 en 1930, a 69,85 en 1960; a 76,95 en 1980; a 79,34 en 2000 y a 82,28 en 2022.
Se ha ocasionado un desequilibrio entre la baja tasa de natalidad y la elevada esperanza media de vida (por debajo del nivel de reemplazo). Si en 1908 los años de vida a los 65 años eran 10, en 2023 ascendió a 21,4 (19,3 los varones y 23,4 las mujeres). Las previsiones del INE anticipan que en 2050 alcance los 23,4 años (21,6 y 25,3 respectivamente) y en 2073: 24,5 años (22,7 y 26,3 años). Es una cuestión social que trasciende la dimensión estrictamente demográfica y que pone en cuestión el sostenimiento del sistema de bienestar.
En este contexto, mostrar la situación de un colectivo específico de mujeres profesionales que, por la altísima exigencia y compromiso en el desempeño de sus obligaciones laborales presentan grandes limitaciones a la hora de tener descendencia: las mujeres militares de tropa y marinería y las mujeres deportistas de alto nivel.
Una problemática de la que personalmente no he sido plenamente consciente hasta, hace varios meses, cuando fui invitada a participar en una mesa redonda en el Congreso de los Diputados en la que se presentaba una investigación de dos profesores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia que han estudiado las trayectorias de fecundidad y las decisiones de maternidad de estos dos grupos de mujeres, en las que su actividad profesional de mayor significación coincide con su edad reproductiva.
Un estudio único en nuestro país, que ofrece mucha información sobre sus estrategias reproductivas, las dificultades que enfrentan a la hora de formar familias, sus trayectorias de fecundidad y sus percepciones sobre la maternidad. Además, establece una comparativa de sus pautas reproductivas con mujeres de su misma edad de la población general, con la finalidad de aportar ideas de cara a orientar las políticas públicas.
No en vano muchas renuncian a la maternidad o, en su caso, una vez dejan la vida deportiva o militar deciden asumirla. Fue el caso de una deportista de elite que superaba los cuarenta años y que, en este acto, explicitó como Olimpiada tras Olimpiada (de cuatro en cuatro años) iba retrasando ser madre y al retirarse decidió tener un hijo en solitario acudiendo a un proceso de reproducción asistida. Ilustrativas fueron también las palabras de una militar de élite que detalló como la llegada de sus hijos constituyó una rémora para su desarrollo profesional. Y, por último, intervino una joven deportista de élite quien, junto a su pareja, acudió con su bebé en brazos para dar fe de las dudas y complicaciones para cumplir su deseo de ser madre. Su pareja y familia lo habían hecho posible, según expresó.
Alineados con varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, sería preceptivo promover políticas familiares (family friendly), y propuestas de apoyo a la natalidad, teniendo en cuenta que los hijos se han convertido, en países como el nuestro, en un bien de interés público (“los hijos como un tesoro”), máxime en el caso de estos grupos de mujeres. Debiéndose avanzar más en este campo con medidas estructurales que impliquen a los poderes públicos, a las empresas y a las familias, ya que la continuidad de nuestra sociedad está comprometida.
Estimo que no existiendo precepto alguno en la Constitución española que considere un “derecho fundamental simple y expreso” a tener hijos (tampoco a no tenerlos) y aunque el Tribunal Constitucional ha mostrado que la libertad de procreación forma parte del libre desarrollo de la personalidad, sería el momento de procurar su aprobación legislativa.
Hilde Sánchez Morales
Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.
Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.
Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.
En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.
Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.