La autoridad competente
- Escrito por Antonio F. Alaminos
- Publicado en Opinión
Militar, por supuesto. El 23 de febrero de 1981 el capitán de la Guardia Civil Jesús Muñecas Aguilar se dirigió a los diputados y diputadas secuestradas en el Congreso para anunciarles el advenimiento de un “remake” del régimen franquista. La autoridad competente era militar, por supuesto. Y en esto está el quid de la cosa.
Lo primero, la competencia en sus muchos significados. En la Comunidad Valenciana se nombra a un Teniente General como vicepresidente, efectuando un doble reconocimiento. A los méritos del militar por un lado y, por detrás, a que no existen políticos en el Partido Popular o especialistas en el ámbito civil con capacidad para gestionar la crisis. Luego lo militar deviene como necesario frente a la contingencia espumosa de la política. Es más, los políticos del PP en Valencia ponen blanco sobre barro su incompetencia de después, de antes y durante.
Y es que no siempre se mata con balas; más frecuente es matar con ideas envenenadas. “Todos los políticos son iguales”. Pues mire, no. Hace un mes no daba lo mismo en Valencia haber tenido a Puig o a Mazón de presidente. Hay, a día de hoy, más de doscientas pruebas de ello presentes. A lo más que llega la política del PP y de Vox es a embarrar la gestión hasta el punto de que esta no importe. Añaden con ganas más barro al barro de la DANA. Pero valorar la gestión y la competencia salva vidas cuando aprietan las tornas. “Todos son iguales” enrasa por abajo de tal forma que, ya sin relieves, los “franquistein” de Vox reviven las miserias y crueldades del régimen como si fuesen gloria bendita (aunque bendecidas lo fueran).
Cuando las cosas no se llaman por su nombre es que el nombre esconde las cosas. Y en ese juego del escondite se atrapa la reflexión. No existe la antipolítica. Lo repito. No existe la antipolítica. En todas las sociedades humanas el poder es un parámetro fundamental. Quiénes lo poseen, cómo lo usan para su pervivencia y, no menos fundamental, cómo justifican su derecho natural a ostentarlo. Las tres preguntas tienen una única respuesta: política. Lo que llaman antipolítica es la estrategia política de todos los antidemócratas. En la dictadura de Franco los militares hacían negocio y política. Y su legitimación política era la política de la “antipolítica” para mantener alejados del poder a los políticos representantes del pueblo.
Ese engaño y patraña se encontraba en las entrañas de la dictadura franquista: hacer política fascista promoviendo lo antipolítico, sobrentendiendo como política la política democrática. Vera. No promueven la antipolítica. Son fascistas vendiendo su género políticamente defectuoso como alternativa virtuosa a la democracia. Les llaman populistas, patriotas europeos, ultraderechistas o cualquier otro adjetivo compasivo con la inteligencia: son enemigos declarados y manifiestos de la democracia. Mientras no se les llame por su nombre, jugaran a las ambigüedades de llamarse constitucionalistas o auténticos demócratas o españoles de pro a quienes son añodadores de las leyes fundamentales, antidemócratas y patriotas de una España de medio pelo. Hasta que silencien por cárcel, muerte o exilio a la otra media, con lo cual ya podrán serlo de España entera. Como así ya pasó.
Su política es de fascistas antidemócratas. No están al otro lado de la política como quieren vender y promover. Nada de antipolítica. Eso es camuflaje para tertulias. Son fascistas autoritarios. Vox es un Franquistein peligroso interesadamente emocional y supuestamente irracional ¿A qué tanta insistencia? A que si no lo nombras no lo identificas y si no lo identificas peleas con fantasmas y sombras.
Es injusto decir que la justicia cojea en España. Más apropiado es hablar del caminar con cojera en el pie derecho de tantos jueces y magistrados. Cierto es que la justicia se administra sentado y con ello se disimula, pero basta con ver sus movimientos para pensar ¿llevará china o clavo de suela ideológica en el zapato? Anda de normal la justicia renqueante del factor humano, ya sea en condenas sobre violencia de género, o dado el límite de palabras, resumido en “sigue tú solo que la lista es larga”. Una cojera del juez de turno que se hace notar cuando entra al baile político.
Usted se preguntará, ¿cuál es el género de moda en el hilo musical de algunos juzgados? Fácil. Lo anuncian en los cuarenta titulares. Son las bulerías. “Las bulerías son un palo que se caracteriza por su estilo vibrante, espontáneo y festivo”. Era inevitable que si el inicio de la causa es un bulo el juez/magistrado baile por bulerías. Siendo esas bulo-denuncias espontáneas motivo festivo para la extrema derecha y la derecha extrema, haciendo vibrar el cacareo (de caca no de gallina) de muchas tertulias. Y es de caca porque, a diferencia de las tertulias monólogo, “Estudios científicos han conseguido distinguir hasta 33 cacareos diferentes y cada uno de ellos quiere lanzar un mensaje distinto”. El cacareo de las tertulias de algunos canales solo lanza uno a medias, muy por debajo del nivel de inteligencia de una gallinácea. Si Tertuliano levantara la cabeza, aparte de rompérsela con la lápida se cambiaba de nombre, en menos que canta un gallo…
Y un reconocimiento final. Es cansado, difícil, desesperante combatir bulos, mentiras y falsedades cómplices. Dia tras día. No obstante, ser periodista y dedicarse a la comunicación exige respetarse a sí mismo, por ejemplo, haciendo respetar la realidad frente aquellos que anteponen la devoción (al dinero o la promesa de él) a la vocación. De un tiempo a esta parte, y menciono solo algunos, ves a periodistas como Jesús Maraña (Infolibre.es) o Ignacio Escolar (el Diario.es) demostrando su amor a la profesión de ser informadores. Debe ser agotador estar echando un pulso minuto a minuto contra tanto mercenario que cobra un plus por cada bulo que coloca. ¿A qué viene esto?
En la democracia de audiencias que vivimos, los medios de comunicación son el sistema nervioso de la democracia. Ellos la mantienen viva o la pueden matar provocando daños degenerativos irreversibles. Por ello, venga aquí mi respeto y admiración por los informadores e informadoras que pelean cada día por la salud de nuestra democracia.
Los recordaba, cosas del cerebro que no sabría explicar, cuando veía las imágenes de quienes sacaban a paletadas el barro de las calles de Alaquàs, Albal, Aldaia, Alfafar, Algemesí, Benetússer, Catarroja, Llocnou de la Corona, Massanassa, Paiporta, Picanya, Sedaví, Utiel o el barrio de La Torre de la ciudad de Valencia. Parece una tarea casi imposible siendo a la vez totalmente imprescindible para la salud y la vida. Hay que sacar el barro, sea de las calles o de la política. Agradecer es de justicia. De la que camina firme sobre los dos pies. Vale.
Antonio F. Alaminos
Catedrático de Sociología Matemática.