El monopoly del mundo
- Escrito por Ana Noguera Montagud
- Publicado en Opinión
Cuando Donald Trump ganó las primeras elecciones en 2016, el mundo quedó en shock, especialmente en Europa. Me tranquilizó el análisis del filósofo Daniel Innerarity cuando expuso que la fortaleza de la democracia son sus contrapesos, porque eso haría que EEUU pudiera soportar “el paso de malos gobernantes”. No todo recae en un gobierno y en su presidente, sino que el equilibrio democrático consiste en el conjunto de instituciones que se complementa, incluida la ciudadanía.
Sin embargo, esta premisa no se cumple en esta vuelta de Trump por varias razones: la primera, porque viene con ansia de venganza; la segunda, porque ya estaba preparado y así lo avisó “seré un dictador al principio”; tercera, porque se ha rodeado de gente ambiciosa como Musk y negacionista e incompetente como el resto de su gobierno.
Toda la batería de acciones atropelladas y amenazas continuas, dentro y fuera de sus fronteras, están encaminadas a romper el tablero democrático. Su objetivo principal es modificar las instituciones democráticas desde dentro: utilizar su poder para cambiar un sistema que le puede controlar, vigilar y sancionar. Eso no lo va a permitir. Para ello cuenta con Musk que está despidiendo y desmontando agencias gubernamentales, funcionarios y órganos e instituciones públicas que puedan actuar como “contrapeso democrático”. Trump sabe que la democracia americana es su principal enemigo.
A ello se suma la rapidez con la que Trump está actuando para no dar tiempo a reflexionar y actuar. El atropello de acciones nacionales e internacionales, desde despidos a aranceles y demás, está bloqueando al resto del mundo, porque juega con las cartas marcadas. ¿Dónde se ha visto un presidente “aparentemente democrático” que rompa unilateralmente los acuerdos firmados, que se salga de los organismos internacionales que garantizan la estabilidad y la solidaridad, que insulte abiertamente a sus socios comerciales, que modifique de forma unilateral los nombres históricos y geográficos de lugares estratégicos, que negocie por su cuenta temas tan importantes como Gaza y Ucrania?
Creo que en estos momentos podemos afirmar que EEUU no tiene un gobierno democrático. Ni que tampoco es un socio fiable. Ni siquiera es un socio.
Trump no actúa como un presidente de gobierno. Actúa como un empresario, y no de los que garantizan los valores de Responsabilidad Social de la empresa, sino todo lo contrario: al más viejo estilo, “sálvese el más fuerte”, y sirve utilizar la mentira, la manipulación, las trampas, y las estrategias mafiosas.
Su objetivo no es salvar a EEUU, no es garantizar el beneficio de sus ciudadanos, no es buscar la cooperación internacional y la paz. Su objetivo es hacer negocio. Ya veremos qué les pasa a los miles de despedidos, a los que recorten sus beneficios y ayudas, a los amenazados por su identidad, y, en general, a toda la población a la que la disminuirá el nivel de vida por la devaluación del dólar y el aumento de la inflación.
Para ello, la democracia sobra. Y Europa molesta. Europa es diversa culturalmente, aburrida con tantas legislaciones, parlotea demasiado y actúa con poca decisión.
Trump se entiende mejor con quien habla su idioma. ¿Qué quiere Israel? Hágase, repartamos lo que nos interesa, quítense de ahí esos molestos palestinos y construyamos un resort en Gaza donde los ricos vayan a tomar el sol: un nuevo paraíso donde construir las torres de Trump. ¿Qué quiere Rusia? Quitemos a ese molesto de Zelensky, y cerremos el acuerdo: Trump deja los territorios ucranianos para Putin a cambio de los minerales que necesita. ¿China es el gran problema? Hay mundo para los dos, hagamos reparto: Trump se queda Groenlandia y China se queda Taiwan, Trump vende sus productos en una parte y China en otra.
¿Y Europa? Uffff, una pesadilla de valores, ética, legislaciones, derechos humanos, parlamentos, …. Una pérdida de tiempo para Trump.
Pero esa es justo nuestra fortaleza y tenemos que hacerla valer. Como advierte el ex ministro de Asuntos Exteriores de Israel Sholomon Ben Ami, Europa debe dejar su adicción a EEUU, porque ya no es el país que conocimos.
Ha terminado el periodo iniciado después de la II Guerra Mundial de colaboración entre EEUU y Europa. Ya no hay tampoco Guerra Fría ni los dos bloques capitalismo-comunismo, democracia-dictadura. Esto es muy diferente. Porque los dos bloques que hoy representan EEUU y China leen la geografía de una manera muy diferente.
Trump prefiere hablar con socios que no son de fiar como Putin o Milei porque sus relaciones no son de firmas y acuerdos, ni siquiera de mantener la palabra, son, como hacen los mafiosos: pactos de sangre y negocios.
Europa está en crisis, pero de las dificultades, de los duelos, del desconcierto, uno se puede hundir o salir fortalecido. La primera reunión de urgencia en Francia no es tan negativa como se hace llegar, porque ha significado reunión y diálogo. Hay más en común que lo que nos separa. Lo que está en juego es el equilibrio global, el sistema democrático, y la vuelta a un orden de estabilidad. Y Europa es fundamental para resistir el paso de los gobernantes necios y maleantes.
Me tranquilizó mi amigo −filósofo e historiador− Antonio García Santesmases al analizar, que resulta precipitado comparar esta época con la de entreguerras del siglo XX. El crecimiento de la ultraderecha en Europa no tiene las mismas motivaciones que entonces ni la situación económico-política es la misma. Es cierto que los problemas políticos son numerosos, y que Trump y Putin han encontrado grandes aliados europeos. Pero también es cierto que disponemos de herramientas, instrumentos y valores que hacen diferente al viejo continente. Viejo pero todavía no muerto. Como dice Lluis Foix, aún no estamos ante el réquiem de una Europa vencida y muerta.
Ana Noguera Montagud
Doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia.
Tutora de Sociología en la UNED (Valencia)
Miembro del consejo de redacción de la revista Temas para el Debate, y crítica de libros de la revista Sistema.
Articulista en la revista digital Sistema Digital.
Miembro de las asociaciones literarias Concilyarte y Clave.
Ha codirigido cursos de la UIMP (Valencia)
Miembro de varias ONG Greenpeace, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, Amnistía Internacional y Fundación Hugo Zárate.
Coordinadora de actos culturales: mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros literarios y exposiciones.
Varias publicaciones: artículos de prensa, críticas de libros, artículos de reflexión filosófica, antologías poéticas, novela y ensayo.
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