El mandil: de la cocina a la pasarela de París
- Escrito por José Miguel Soriano del Castillo*
- Publicado en Opinión
En una imagen que se ha vuelto viral, unas mujeres mayores gallegas posan con sus clásicos mandilones de cuadros, delantales de trabajo que forman parte inseparable de la vida doméstica y rural del norte de España 1 . Lo sorprendente no es verlos en una aldea, sino en un contexto de alta costura en la pasarela de París 2 . Esta escena simboliza un fenómeno más amplio: el reconocimiento de una prenda humilde, funcional y cargada de memoria que, durante siglos, ha protegido, acompañado y definido el trabajo en la cocina y el hogar.
El origen del mandil: del campo al hogar
El mandil, también llamado delantal o mandilón, es una de las prendas más antiguas del vestir humano. Su función inicial fue eminentemente práctica: proteger la ropa de quienes cocinaban, limpiaban, trabajaban la tierra o realizaban cualquier tarea que implicara ensuciarse. En Europa, ya en el siglo XVII era habitual que tanto hombres como mujeres lo usaran, especialmente en talleres y cocinas 3 . Pero con el paso del tiempo, el mandil se asoció progresivamente con el trabajo doméstico femenino, especialmente en contextos rurales 4 . En Galicia, Asturias o el norte de Portugal, las mujeres lo llevaban prácticamente todo el día, sobre el vestido o la bata. De ahí surgió la imagen icónica de “las abuelas con mandilón”, convertida hoy en símbolo de identidad cultural 5.
La confección: entre la necesidad y el arte
En el noroeste ibérico (Galicia y norte de Portugal) el delantal tradicional forma parte del traje regional y se confecciona históricamente con lino y lana, con variantes en algodón 6 . En climas templados atlánticos, los tejidos ligeros y transpirables como lino/algodón se han preferido en verano, mientras que los cálidos como la lana (y su acabado en franela, mezcla de algodón/lana) se reservan para invierno en prendas de uso cotidiano7 (Rojales; síntesis histórica sobre indumentaria y clima).
Hoy, en un mundo dominado por la moda rápida, la recuperación de estos delantales reivindica la costura como patrimonio inmaterial: un saber doméstico femenino que durante siglos garantizó no solo vestimenta, sino también autosuficiencia y sostenibilidad.
El mandil como espacio de identidad
Vestir un mandil no era solo cubrirse para no mancharse: era asumir un rol social 8 . En las cocinas, panaderías, tabernas y mercados rurales, el mandil representaba el orgullo del trabajo diario, el cuidado de los demás y el vínculo con la alimentación. Era la prenda de quien amasa el pan, pela las patatas, limpia las verduras o sirve la comida familiar 10.
En Galicia, su uso se entrelaza con el matriarcado simbólico de muchas comunidades rurales, donde las mujeres administraban el hogar, la economía doméstica y la alimentación 9. El mandil, por tanto, no era un signo de sumisión, sino de autoridad práctica: quien lo llevaba tenía las manos en la masa, literal y figuradamente, del sustento familiar.
De la cocina al discurso del diseño
La moda contemporánea, siempre ávida de significados culturales, ha redescubierto en los últimos años el potencial estético del mandil. Su silueta simple, su practicidad y su carga emocional lo convierten en un objeto de diseño profundamente humano. En la Semana de la Moda de París, la marca italiana Miu Miu, fundada por Miuccia Prada ha reinterpretado el delantal como prenda de alta costura: superpuesto a vestidos, reinterpretado en cuero o seda, o transformado en símbolo de trabajo artesanal 11.
Cuando una noticia anuncia que “los mandilones de las abuelas gallegas triunfan en la pasarela de París 12” , no se trata solo de un guiño exótico: es un reconocimiento al saber textil femenino que ha sobrevivido al olvido. La prenda que antes se usaba para proteger la ropa ahora se convierte en una metáfora de protección cultural: rescatar lo cotidiano como algo digno de admiración.
El mandil en la cocina: un símbolo de cuidado y alimentación
En la cocina, el mandil es una extensión del cuerpo y de la memoria. No solo protege, sino que guarda en su tela el rastro del trabajo diario: harina, aceite, tomate o vino. Cada mancha puede contar una historia. Su función práctica se entrelaza con un sentido afectivo: el mandil es el delantal de quien da de comer, de quien cuida. En las culturas tradicionales, la alimentación no era un acto técnico, sino profundamente simbólico: cocinar implicaba nutrir, sanar, unir a la familia 13. Por eso, el mandil se asocia al acto de cuidar a través de la comida. En muchos hogares, aún hoy, ponerse el delantal marca el inicio de ese ritual: es el momento en que se asume la responsabilidad de alimentar a otros.
Durante siglos, el mandil fue invisible, confinado al ámbito privado. Sin embargo, su presencia en las pasarelas y museos está revirtiendo esa invisibilidad. Las abuelas gallegas que ahora desfilan sus mandilones no están representando solo una prenda: están reivindicando el valor del trabajo doméstico y de la cocina como espacio cultural. La gastronomía contemporánea, que celebra a chefs y restaurantes de élite, tiene una deuda con esas mujeres que, desde la humildad de sus fogones, sostuvieron tradiciones culinarias. El mandil, en ese sentido, es un puente entre la alta cocina y la cocina del alma.
Una prenda con futuro
El resurgir del mandil también conecta con movimientos actuales de moda sostenible 14 y slow fashion 15. Frente al consumo desechable, el delantal hecho a mano, reutilizado y reparado, encarna valores de durabilidad y respeto por los materiales. Además, su diseño funcional ha inspirado nuevas prendas híbridas entre moda y trabajo, entre arte y cotidianidad. Quizás el secreto de su permanencia radica en su honestidad: el mandil no pretende disimular su propósito. Es útil, cercano, imperfecto. En tiempos de velocidad y exceso, su simplicidad resulta casi revolucionaria.
El mandil delantero, ya sea en la cocina gallega o en una pasarela de París, sigue siendo una prenda viva. En su tela se entretejen siglos de historia doméstica, saberes textiles, memoria femenina y cultura alimentaria. Redescubrirlo es recordar que, detrás de cada plato, cada puntada y cada gesto de cuidado, hay una tradición que merece ser celebrada: la del trabajo invisible que sostiene la vida cotidiana.
*José Miguel Soriano del Castillo - Catedrático - Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública - Universidad de Valencia
1 https://www.tiktok.com/@a3noticias/video/7563206748878785814
3 https://dresshistorians.org/wp-content/uploads/2023/08/Summer-2023.pdf
4 https://anthrosource.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1525/aa.2002.104.1.22
5 https://verne.elpais.com/verne/2017/12/17/articulo/1513497722_861204.html
7 https://museosderojales.es/wp-content/uploads/2015/03/libro-vestido-el-vestir.pdf
9 https://recollections.biz/blog/womens-aprons-through-time/
10 https://medievallondon.ace.fordham.edu/exhibits/show/medieval-objects-4/cook-s-apron
11 https://www.instagram.com/reel/DQBeRoaiMOG/
13 https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0033062025000209
14 https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7539427
15 https://www.mdpi.com/2071-1050/14/5/2860