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Repensar el republicanismo


  • Escrito por Antonio García Santesmases
  • Publicado en Opinión
(Tiempo de lectura: 9 - 17 minutos)

- La aparición de libro de José Antonio Pérez Tapias -

La república por venir ( Trotta, Madrid, 2025) nos invita a reflexionar acerca de las luces y las sombras del republicanismo en un contexto donde afloran los problemas del populismo, de la emergencia de la extrema derecha, de la violación del derecho internacional y de las políticas basadas en la desinformación. Un contexto donde el republicanismo español se sabe heredero de una derrota y no es capaz de apelar a la ciudadanía como un proyecto que logre articular a la nación, a la nación de naciones que es España. Comencemos con la herencia de una derrota que todavía nos pesa.

Tras la guerra civil la identidad republicana queda maltrecha; para hacernos cargo de la situación hay que recordar la memoria de los vencidos. La memoria de todos los derrotados; unos derrotados que tienen su propia versión de lo ocurrido. Han coincido en apoyar al Frente popular; han coincido en oponerse al golpe militar pero han discrepado acerca del papel jugado por cada uno de los actores en el conflicto; unos reprochan el comportamiento de los nacionalismos durante la contienda; otros cargan sobre la violencia incontrolada desatada por grupos anarquistas y sobre todo se incrementa el antagonismo entre socialistas y comunistas; un antagonismo que acaban en múltiples acusaciones por lo ocurrido en Madrid en los últimos días de la guerra cuando se produce el golpe del coronel Casado. La relación dramática de los socialistas con el legado de Negrín es el mayor ejemplo de este drama.

Es éste el contexto en el que, tras la derrota del fascismo en 1.945 se aviva la esperanza de acabar con el régimen de Franco. No se concibe que el aliado de Hitler y Mussolini sobreviva políticamente. Y es aquí donde vuelve la segunda traición a la república. Si en los años treinta no se quería provocar a Hitler y se optó por la política de apaciguamiento; en los años cuarenta se impone la lógica de la guerra fría y la dictadura quedará asentada.

El esfuerzo de Indalecio Prieto por encontrar un acuerdo con las fuerzas democristianas de Gil Robles y ofrecer la salida a las fuerzas aliadas de una monarquía parlamentaria semejante a la inglesa, se salda con el fracaso. Los británicos se someten al criterio norteamericano de garantizar un aliado fiel en España, un aliado decisivo de cara al peso de la situación geoestratégica de España. Priman los intereses del imperio sobre la deuda contraída con los demócratas españoles.

¿Qué hacer a partir de aquel momento? Son años terribles para el exilio al percibir que la dictadura, con el apoyo norteamericano, se puede consolidar; ¿ conviene seguir buscando un camino de salida que pase por reivindicar la legitimidad republicana si todas las fuerzas victoriosas están en contra?

Para mí una de las imágenes más poderosas del drama y la impotencia de las instituciones republicanas en el exilio es recordar que fue Claudio Sánchez Albornoz, enfrascado en su diatriba con Américo Castro, el que se hizo cargo de la Presidencia del gobierno republicano en el exilio. No había tarea a desarrollar , no jugaba ningún papel en la vida política, pero a pesar de ello con enorme fue fiel a su compromiso por la república y mantuvo hasta el final su decisión de no pisar suelo español mientras viviera el dictador.

Al producirse la transición, no tuvo la relevancia que podríamos haber esperado la reivindicación republicana. Creo que hay un motivo: éramos más marxistas que republicanos. La generación filosófica de la que formamos parte Jose Antonio Pérez tapias y yo mismo, éramos marxistas gramscianos o althusserianos, partidarios de Ernst Bloch o de Herbert Marcuse, de Adorno o de Froom, pero estábamos lejos de los debates españoles de los años treinta. Apostábamos por un socialismo inédito que superara las aberraciones del estalinismo y las carencias de la socialdemocracia. Éramos lectores de Mandel y de Gorz, de Touraine y de Habermas, de Ricoeur y de Derrida

Ese bagaje ideológico se ve desbordado por los acontecimientos que se van sucediendo tras la muerte del dictador. Las proclamas hechas en la izquierda en la clandestinidad a favor de una república federal, que permitiera el derecho de autodeterminación de las nacionalidades, va siendo arrumbada por el proceso de transición que se centra en conseguir que haya unas elecciones libres donde puedan concurrir todos los partidos, incluido el Pce. No son permitidos los partidos republicanos. El resultado electoral de junio de 1.977 fuerza la necesidad de ir a un proceso constituyente, donde se proceda a elaborar una nueva constitución. Un proceso en el que no hay un referéndum sobre la opción entre monarquía y república. La monarquía parlamentaria queda subsumida dentro del conjunto del texto. Es decir que el que estuviera a favor del Estado de derecho, de los derechos económico-sociales o de la aconfesionalidad del Estado, tenía que aceptar también la monarquía como forma de gobierno.

No obstante se produjo un debate en la comisión constitucional donde Luís Gómez Llorente en nombre del Psoe defiende la preferencia republicana como forma de gobierno. En aquella intervención hace un repaso a la historia de España y recuerda que difícilmente el que no acepta la soberanía del patrono en el mundo labora,l puede asumir la soberanía por razón de herencia en la cúpula del estado. Para los socialistas la monarquía española de la restauración ha sido un régimen oligárquico( la oligarquía de las dos cabezas de la que hablaba Luís Araquistain) y ha sido contrario a los derechos de los trabajadores, a las aspiraciones de autonomía de las distintas naciones que conforman el Estado español y a las libertades de pensamiento y de conciencia de un estado laico.

Siendo éstos los principios que inspiran la preferencia republicana añade que es sobradamente conocido que durante los socialistas pueden convivir con una monarquía parlamentaria si ésta permite desarrollar los principios y los valores que defienden los democratas. Al final añade un punto muy importante, olvidado años después: no somos contrarios a que en el futuro las nuevas generaciones se puedan pronunciar sobre este tema.

En junio del 2014 se produce la abdicación del rey Juan Carlos I. Se produce la semana después de un resultado en las elecciones europeas que provocan la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del Psoe. Para sustituir al dimitido secretario general el Psoe convoca unas elecciones primarias donde se presentan como candidatos: Pedro Sánchez actual presidente del gobierno; Eduardo Madina y el autor de La república por venir José Antonio Pérez Tapias.

El lector interesado puede leer con detenimiento la intervención de Rubalcaba porque recientemente ha sido publicada por el congreso de los diputados en un volumen donde se recogen sus discursos parlamentarios. En aquella intervención Rubalcaba defiende la posición de los socialistas - favorable a la abdicación- argumentando que si se rechazara el propósito del rey se produciría una situación paradójica situación: obligarle a continuar, aunque no lo desee. Era un argumento hábil unido al recuerdo a la intervención de Gómez Llorente acerca de la posibilidad de alcanzar una convivencia entre una fuerza política, cuya preferencia sigue siendo republicana, y una monarquía parlamentaria. Pero Rubalcaba omite la afirmación de Gómez Llorente acerca de estar abierto a una consulta que permita a las nuevas generaciones preguntarse por la continuidad de la monarquía.

Pocos días después se produce el debate entre los tres candidatos aspirantes a la secretaría general me gustaría aprovechar la aparición de esta obra para dejar constancia de la emoción, el orgullo, y la alegría, que sentimos muchos socialistas al poder asistir a aquel desate. La soltura, la agudeza, la capacidad de Pérez Tapias fue insuperable.

La capacidad que demostró aquel día, el arrojo que manifestó en aquellas primarias, estaba fundada en una labor teórica que le permitía defender con convicción y con firmeza, con rigor y con fuerza, la preferencia por una cultura republicana. Pérez tapias podía argumentar con solidez su apelación a la república porque tenía detrás una obra teórica de extraordinario interés. Una obra que hoy adquiere su culmen en el libro que comentamos.

Esta reflexión ha tenido distintos momentos pero podemos afirmar que nadie que quiera pensar las posibilidades de una nueva república podrá hacerlo con solidez sin tener en cuenta sus reflexiones acerca del laicismo y del federalismo, de la multiculturalidad y la inmigración, del europeísmo y del internacionalismo.

Para los republicanos españoles su modelo era la república laica francesa. Para afrontar el problema religioso siempre miraron a lo ocurrido en Francia. Los republicanos españoles tenían que hacerse cargo del viejo contencioso entre liberalismo y absolutismo, entre ilustración y tradicionalismo, entre laicismo y catolicismo. Para un país que había tomado como seña de identidad ser el bastión de la contrarreforma, que tenía como elemento fundante la expulsión de los judíos y los musulmanes era imprescindible apoyar una escuela pública, laica, que educara ciudadanos.

Hoy nuestras sociedades son multiculturales, hoy asistimos a un mundo donde va desapareciendo el peso de las viejas Iglesias y surgen nuevas formas de agrupación religiosa y esta novedad plantea el problema de articular una pluralidad religiosa e irreligiosa desde una laicidad abierta, incluyente, integradora. ¿Son capaces las democracias de hacerse cargo de este reto multicultural, en un contexto , como el español, multinacional?

Todo el que quiera apelar con rigor a la república tiene que preservar, que alimentar, que cuidar, la memoria histórica. Una memoria no sólo de los años treinta sino que remite más allá; hay que bucear en este mundo que refleja espléndidamente la Granada donde Pérez Tapias ha desarrollado su tarea docente. Hay que unir la vivencia de la Alhambra con la visita a la Catedral católica y rememorar las vidas de Lorca, de Francisco Ayala y de Fernando de los Rios. Sin olvidar al joven Américo Castro.

Hay que pensar la herencia de la religión desde la perspectiva de una laicidad abierta e inclusiva y apostar por una forma de entender la diversidad de culturas desde un enfoque intercultural. Hay que apostar por un republicanismo que no cierre los ojos ante las dificultades que plantea el nuevo paradigma en el que nos movemos. Un paradigma que- en el caso de Pérez Tapias - ha venido reforzado desde experiencias políticas muy relevantes vividas desde que se produjo su baja voluntaria en el Psoe en enero del 2.018.

No quiero ocultar que soy de los que por haber disfrutado con su éxito en las primarias del año 2.014 viví con enorme pesar esta decisión. Me hubiera gustado que siguiera como un referente insigne, relevante, influyente, dentro del Psoe. Tengo que decir, tras la lectura de esta obra que, a pesar de mi dolor, esta decisión probablemente fue positiva para afrontar dos de los debates en La república por venir.

Los debates sobre la laicidad, el papel de las culturas, la diversidad de las religiones, conectaban muy bien con la cultura política socialista. Pérez tapias había participado en muchos de ellos desde la época en la que fue diputado y se había discutido acerca de la educación para la ciudadanía y se trataba de sacar adelante una ley de libertad religiosa .

Todos estos debates quedaron sobrepasados a partir de los dos hechos que han marcado la vida política española en la segunda década del siglo veintiuno: la irrupción del 15m con la aparición de una nueva generación en la vida política y el proceso independentista catalán hasta llegar a proclamar una declaración unilateral de independencia.

La marcha de Pérez tapias del Psoe le va a permitir afrontar ambos retos desde una posición de independencia, sin ataduras orgánicas. No quiero decir que el intelectual vinculado emocionalmente a una tradición política no pueda hacerlo. Pero todos los que seguimos vinculados emocionalmente a una organización tratamos de analizar las nuevas realidades, consciente o inconscientemente, intentando hacerlas compatibles -o mostrando su radical incompatibilidad- con nuestras convicciones.

Pérez tapias también trata de analizar esa compatibilidad pero lo hace contrastando el populismo con el republicanismo; el independentismo con el federalismo plurinacional. Fueron muchos los artículos y las intervenciones en las que en distintos foros, singularmente en el digital CTX, Pérez Tapias mostró la dificultad de aplicar planteamientos populistas- propios de países latinoamericanos con un sistema político presidencialista- a un régimen de democracia parlamentaria. Es cierto que se ha hecho un uso del término populismo que se aplica tanto a Trump como a Melenchon, a Evo Morales como a Pablo Iglesias Turrión, a Petro como a Abascal. Se Aplica a tantos líderes que al final no sabemos de qué estamos hablando.

En ese maremágnum de líderes y de acontecimientos Pérez Tapias ha sabido argumentar con serenidad y rigor acerca de los desafíos que provoca la tensión irreductible entre la emoción y la racionalidad, entre la complejidad y la simplificación, entre la pluralidad y el maniqueísmo. Lo interesante no es señalar únicamente que hay planteamientos que abusan de la emoción, de la simplificación y del maniqueísmo; todos lo hacemos habitualmente pero siempre pensando que esos atributos siempre se deben aplicar a los otros, mientras nosotros estamos exentos de semejante mal.

Aquí es donde más brilla el pensamiento de Pérez tapias porque le permite bucear en las raíces del proyecto moderno y mostrar los límites del propio paradigma ilustrado. Para ello es imprescindible ahondar en el legado barroco de la modernidad y sumergirse en las aguas procelosas, inciertas e imprevisibles, del pensamiento decolonial.

Todo eso está en Pérez tapias, y quizás por ello ,escaldado de los límites de la democracia dentro de los grandes partidos, no se decidió, a pesar de las muchas ofertas que recibió, a compartir nueva militancia. Sí trató de hacer ver a los nuevos compañeros de viaje que apostar por el combate electoral como prioridad máxima y por el liderazgo fuerte como la forma de encarnar un proyecto político tiene sus ventajas, pero también sus límites.

Ventajas tiene como señaló Max Weber al poder seguir a un líder antes de secundar a una idea abstracta. Pero priorizar la emoción y el éxito electoral hasta el punto de olvidar la tarea pedagógica imprescindible en una democracia deliberativa tiene un coste enorme. Un coste que los que ya somos viejos vivimos en el felipismo y hemos visto reproducirse, para nuestra desgracia, años después en Podemos.

Las advertencias a sus nuevos compañeros de viajes, acerca de los peligros del populismo iban unidas a la advertencia acerca de la necesidad de comprender que España es una realidad plurinacional y que sólo se puede apostar por el federalismo teniendo en cuenta que no somos un país unitario; en España ya los republicanos como Manuel Azaña pensaban que no era posible consolidar la república sin un acuerdo entre el liberalismo español y el nacionalismo catalán de izquierdas.

Para ello es imprescindible distinguir el federalismo plurinacional del con federalismo como paso previo al independentismo. Y aquí de nuevo es Pérez tapias el que advertía en las páginas de CTXT de la necesidad de no confundir el derecho a decidir con el contenido de la decisión. Se puede argumentar acerca de la viabilidad constitucional de un referéndum acerca de la pertenencia a un Estado, se puede estudiar y profundizar acerca de lo ocurrido en Quebec y conocer las luces y las sombras de la ley de claridad, pero, más allá del procedimiento, está el gran problema del contenido de la decisión.

Las fuerzas a la izquierda del Psoe, las fuerzas agrupadas al principio en torno a PODEMOS insistían en que ellos eran partidarias de respetar el derecho a decidir y que en una eventual consulta ellos naturalmente apostarían por una Cataluña dentro de España. El hecho es que esa opción era todo menos natural. Para muchos de sus seguidores era problemática porque estaban acostumbradas a aceptar acríticamente el designio de la España una , grande y libre. No eran capaces de reivindicar la España republicana, ilustrada, profundamente liberal y laica, la España del exilio. Y no eran capaces porque no estaba en su horizonte. Eran capaces de conocer todos los procesos electorales de distintas republicas latinoamericanas e incapaces de distinguir las posiciones de Juan Negrín y de Andreu Nin, de Pablo Iglesias y de Durruti, de Azaña y de Ortega. No eran responsables de ello. Todos estábamos pagando años y años de desidia ideológica y de pérdida de memoria republicana.

Este Pérez tapias que ha batallado por la laicidad y por la interculturalidad, por el federalismo y por el republicanismo no ha querido evitar el posicionamiento sobre el nuevo contexto internacional. Y de nuevo aquí ha tenido que batallar con nuevos contendientes. Así como había independentistas que no aceptaban el federalismo plurinacional, y había líderes que no asumían sus críticas al populismo llegó la tercera década de nuestro siglo y se produjo el asalto al capitolio por parte de los partidarios de Trump, y llegó la caída de Afganistán y comenzó una invasión de Ucrania y se produjo un atentado terrorista en Israel que provocaría un genocidio en Gaza.

Y aquí de nuevo Pérez tapias que había tematizado acerca de una Europa que iba paulatinamente perdiendo su alma tuvo que echar su cuarto a espadas. Estábamos ante flagrantes violaciones del derecho internacional. Nos íbamos sumergiendo paulatinamente en una militarización del pensamiento político para la cual sólo cabe elegir entre un nosotros y un ellos; el resto de las posiciones son consideradas tibias, melifluas, delicuescentes, y en último extremo cómplices de la barbarie.

Los que perpetran actos de inequívoca barbarie, aduciendo males pasados o imaginando futuros peligros, consideran que esos agravios y esos peligros, merecen un apoyo incondicional, exigen una obediencia total, y apuestan por una sumisión a los nuevos centros de poder. En este contexto ha sido frecuente contemplar que los que abominan de Netanyahu apoyan directa o sibilinamente a Putin o, al contrario, los que exhiben todas las maldades de Putin optan por justificar todas las acciones de fuerza de Trump cuando viola el derecho internacional.

Pérez tapias lucha por hacer creíble un proyecto internacionalista, que no sea eurocentrista, que se haga cargo del pensamiento decolonial, pero que a su vez no renuncie a tener alguna relevancia en el nuevo contexto internacional. De nuevo aquí el gran conocedor de Heidegger y de Nietzsche, de Ricoeur y de Derrida, ha sido capaz de argumentar acerca de la mejor modernidad, de la modernidad como proyecto inconcluso, como proyecto pendiente, de la modernidad imprescindible para hacer creíble una nueva apelación a la república

Concluyo mi reflexión volviendo a nuestra historia. En la transición durante muchos años era frecuente escuchar que el problema no era monarquía o república, que el problema estribaba en elegir entre dictadura o democracia. Se hizo entonces celebre la fórmula de que muchos eran republicanos pero no tenía empacho en definirse como juancarlistas.

Visto todo lo ocurrido con el rey emerito son hoy pocos los que seguirían recurriendo a esta fórmula. Por ello se va últimamente buscando una fórmula que trate de legitimar la monarquía parlamentaria en base a que el papel insustituible de la corona permite una mediación entre las fuerzas políticas y una garantía de la unidad nacional que ningún presidente republicano puede lograr.

Me parece un argumento inconsistente porque sería tanto como decir que Mario Soares o Pertini, Napolitano o Mattarela no representan con dignidad y con ejemplaridad a una institución como la presidencia de la república. Por cierto, con una ejemplaridad y una austeridad que no hemos visto en el anterior jefe del Estado.

Estamos pues ante un tema que no ha terminado que sigue ahí, a la espera de lo que decidan las nuevas generaciones. Esas generaciones que no fueron consultadas en el año 2014 a pesar de la recomendación inscrita en el voto particular defendido en 1.978 por Lúís Gómez Llorente. Si un día logramos que ese referéndum se produzca será imprescindible que la apelación a la república conozca bien nuestra historia y sea capaz de argumentar con la solidez y la complejidad de la que ha hecho gala Jose Antonio Perez tapias a lo largo de su vida y de su prolífica obra. Especialmente en esta República por venir que a todos nos interpela.


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