¿Cómo vive España la sexualidad? (3)
- Escrito por Oscar Iglesias
- Publicado en Opinión
Es importante conocer, observar y analizar cómo conecta la gente en España con la sexualidad, qué sabe, qué practica, qué acepta, qué teme y qué contradicciones siguen existiendo, si es que las hay.
De la Encuesta Nacional de Salud Sexual, realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), continuamos con los diez datos que resultan importantes para entender los cambios profundos que se están produciendo en la sociedad española (https://fundacionsistema.com/como-vive-espana-la-sexualidad/) y también las tensiones que todavía existen (https://fundacionsistema.com/como-vive-espana-la-sexualidad-2/), tras los dos artículos anteriores:

8. El uso del preservativo es bajo en muchas prácticas sexuales. Uno de los datos más preocupantes desde el punto de vista de la salud pública es el uso limitado del preservativo. En la última relación sexual con penetración vaginal con pene, solo el 24,7 por ciento utilizó preservativo. En penetración anal con pene, el porcentaje fue del 29,4 por ciento. En sexo oral boca-pene, apenas el 13,9 por ciento, y en sexo vaginal con juguetes y/o manos, el 12,7 por ciento. --Estos datos muestran una brecha enorme entre actividad sexual y prevención. Lo que evidencia que en España existe más información general sobre sexualidad que cultura preventiva efectiva. Saber que el preservativo existe no significa utilizarlo de manera habitual, o entender cuándo resulta especialmente recomendable.
La baja utilización del preservativo puede explicarse por muchos factores (uso de otros métodos anticonceptivos, confianza en la pareja, baja percepción de riesgo, falta de disponibilidad, vergüenza para negociar su uso o desconocimiento sobre ITS). En el caso de utilizar otros métodos anticonceptivos, es cierto que se pueden prevenir embarazos, pero no protegen frente a infecciones de transmisión sexual. El resto es una temeridad vista desde una óptica de salud sexual integral.
9. El conocimiento sobre VIH, autotest, PrEP y PEP sigue siendo insuficiente. El 62,3 por ciento de la población nunca se ha hecho la prueba del sida (VIH). Además, el 69,4 por ciento no conocía la posibilidad de comprar una prueba rápida que se llama autotest de VIH; el 75,2 por ciento no conocía la PrEP (profilaxis preexposición), un método que consiste en que las personas sin sida tomen un medicamento para prevenir la infección de manera muy efectiva; y el 80,4 por ciento no conocía la profilaxis posexposición (PEP), un tratamiento de emergencia que se toma después de haber estado en riesgo de exposición al VIH (en las 72 horas posteriores). Sin embargo, cuando se pregunta si la usaría si fuera necesaria, el 88 por ciento responde que sí.
Nos encontramos ante una realidad donde los avances médicos para prevenir, detectar y tratar el sida han avanzado mucho, pero su conocimiento por parte de la gente sigue siendo limitado. Lo que genera la paradoja de que se puede estar dispuesto a utilizar recursos preventivos, pero difícilmente puede hacerse si no se conocen. Es necesario que la población sepa qué son, cuándo se usan, dónde se consiguen y para quién están indicadas.
Este dato también señala que la prevención del sida no puede quedar limitada a grupos específicos o campañas puntuales. Debe integrarse en una cultura más amplia de salud sexual, donde hacerse pruebas no sea visto como algo excepcional o estigmatizante, sino como una práctica responsable y normalizada.
10. La sexualidad digital y la pornografía forman parte de la sexualidad actual. El 18,4 por ciento de la gente ha usado alguna vez aplicaciones para móviles, páginas web o redes sociales, como Instagram o TikTok, con la intención de conocer a personas con las que mantener relaciones sexuales de manera presencial.
Entre quienes lo han hecho, el 73,7 por ciento utilizó aplicaciones o webs de citas como Tinder, Badoo, Grindr, Bumble o Meetic, y el 46,9 por ciento redes sociales como Instagram, Facebook, X (antes Twitter) o TikTok. Además, el 47,8 por ciento ha visto pornografía en los últimos doce meses, y un 16,5 por ciento lo hace semanalmente o con mayor frecuencia.
Lo anterior confirma que la sexualidad ya no se organiza únicamente en espacios presenciales, sino también en plataformas digitales. Las aplicaciones de citas, las redes sociales y la pornografía forman parte de la construcción del deseo, las expectativas, los vínculos y las formas de interacción.
Pero, además, internet no es un canal neutral. Las plataformas seleccionan, jerarquizan, muestran, ocultan, aceleran y transforman las formas de conocer a otras personas. Y, del mismo modo, la pornografía puede influir en imaginarios sobre el cuerpo, el placer, el consentimiento, la masculinidad, la feminidad y las prácticas sexuales.
La cuestión, por tanto, no es demonizar lo digital, sino entender que la educación sexual hoy debe incluir alfabetización digital, pensamiento crítico sobre la pornografía, gestión de la intimidad online, privacidad, sexting, consentimiento digital y riesgos de exposición.
Después de destacar estos diez apartados que resultan importantes para entender la sexualidad en España, se puede concluir que vivimos en una sociedad más abierta, pero no necesariamente mejor preparada.
España es sexualmente más abierta, más plural y más favorable a la educación sexual que en décadas anteriores. La mayoría acepta la diversidad sexual, defiende la educación sexual en la escuela y expresa niveles altos de satisfacción con su vida sexual.
Sin embargo, existen déficits importantes. Persisten confusiones sobre el consentimiento, un bajo uso del preservativo, escaso conocimiento de tratamientos de prevención del sida, desigualdades en la información sexual y límites claros en la aceptación íntima de las personas trans. Además, la presencia creciente de pornografía, redes sociales y aplicaciones de citas obliga a repensar cómo se educa sexualmente en una sociedad digitalizada.
España ha cambiado mucho en sus valores declarados, pero todavía necesita avanzar en prácticas, prevención y educación sexual efectiva. Hay más tolerancia, más información y más visibilidad, pero no siempre hay más preparación. Y ahí está precisamente el reto: convertir el consenso social a favor de la educación sexual en políticas públicas sólidas, continuadas y basadas en evidencia.
La sexualidad no es solo una cuestión privada. Es también una cuestión de salud, igualdad, educación, bienestar y ciudadanía. Por eso, estos datos deberían servir para abrir un debate público más serio, menos moralista y más útil sobre cómo queremos educar, cuidar y vivir la sexualidad en la sociedad española actual.