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Pandemia, recuperación y desigualdad


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Al inicio de la pandemia se especulaba con la forma que tendría la posterior recuperación económica, si en V, en U en W o en L. El escenario más favorable para la economía sería una recuperación en forma de V. En esta situación, se volvería rápidamente a los niveles de crecimiento y empleo previos a la pandemia. En el caso de una recuperación en forma de U, la economía y el nivel de empleo se estancarían en unos niveles bajos durante un periodo de tiempo más largo y, posteriormente, rebotarían con fuerza. Si la reactivación fuera en forma de W implicaría que, tras una fuerte caída, la economía experimentaría una rápida recuperación a la que seguiría otro desplome y, finalmente, una nueva subida. El peor de los escenarios sería que la recuperación adoptase una forma de L, lo que conllevaría un crecimiento económico muy bajo o casi nulo durante largo tiempo. Finalmente, una recuperación en forma de K estaría marcada por grandes desigualdades, con ganadores y perdedores. Después de ocho meses y dada la situación actual podemos pensar que la salida de la crisis puede acabar teniendo forma de K.

Las consecuencias económicas de las medidas preventivas (confinamiento, reducción de las horas de apertura de negocios y utilización de medios telemáticos) provocan ya diferencias en sus efectos, penalizando más a los más débiles que a los situados en un nivel más alto de recursos económicos y de formación.

La recuperación económica muy probablemente no solo va a ser larga, sino que además va a ser desigual. En la forma de K, la parte alta de esta letra representa a los sectores, personas o, incluso países, que pueden salir ganando una vez superada la pandemia (o que ya están beneficiándose), mientras que la parte baja representa a los perdedores. En resumen, una recuperación en K implicará un mayor grado de desigualdad económica, por lo que los gobiernos deberían compensar dichos efectos a través de políticas económicas y sociales.

Entre los ganadores se encontrarían las compañías tecnológicas y de software, las empresas de telecomunicaciones, grandes plataformas del entretenimiento como Netflix o de la distribución como es el caso de Amazon. De igual manera, la necesidad de obtener fármacos y vacunas para hacer frente al COVID-19 ha dado un gran impulso a las empresas farmacéuticas, como ocurre en el caso de Pfizer, AstraZeneca o Moderna. Asimismo, sectores considerados esenciales como las empresas de alimentación se hallarían entre los ganadores de una dispar recuperación.

En cambio, entre los sectores más castigados por la pandemia, figurarían las compañías aéreas, agencias de viajes, pequeño comercio, bares, restaurantes y hoteles. Esto se debe a que este tipo de servicios requiere un contacto físico o social, lo que hará que sigan siendo una actividad muy limitada hasta que se reduzcan significativamente los riesgos de transmisión del virus. Un claro ejemplo de ello es el caso de España, que sería uno de los países más perjudicados como consecuencia del elevado peso del sector turístico en la economía.

Por otro lado, el sector inmobiliario también puede salir malparado, debido a que la mayor tendencia a trabajar desde casa va a reducir la demanda de oficinas en las ciudades. Además, un porcentaje no menor del comercio puede acabar cerrando definitivamente, por lo que muchos locales quedarán vacíos.

La segunda ola de la Covid-19 amenaza con retrasar la recuperación económica en Europa. En este sentido, las empresas y los trabajadores que más han sufrido los efectos de la pandemia necesitan que las ayudas económicas de los distintos gobiernos (para dar oxígeno a las empresas y proteger los ingresos de los más vulnerables) se amplíen y se prorroguen durante más tiempo. En caso contrario, la supervivencia de muchas de ellas y en consecuencia los empleos relacionados, estarán en un serio riesgo.

Los sectores vinculados a la digitalización y a la economía verde son quienes afrontan las mejores perspectivas, y con ellos sus trabajadores y aún más sus accionistas. Los propietarios de las empresas más beneficiadas por la pandemia tenderán a aumentar su riqueza gracias al auge de los precios de las acciones, tal como ya se refleja en la evolución de los índices bursátiles.

De manera similar a la crisis global de 2008, las empresas querrán recuperar su rentabilidad y los beneficios, para lo cual probablemente reduzcan el empleo y los salarios. En este caso empeorará de nuevo la distribución de la renta. Además, la Covid-19 ha reforzado las tendencias de digitalización, incluido el teletrabajo, a la vez que se acrecienta la amenaza de la automatización de los trabajadores poco cualificados, especialmente en el sector servicios. La mitigación de los efectos de la actual crisis debe provenir de una digitalización más rápida, de una clara transición ecológica de la actividad económica y también de una ambiciosa política redistributiva.

Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Barcelona.


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