Rayuela y el juego del coronavirus
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos». Rayuela, Julio Cortázar
He aquí la novela mágica inclasificable que puede ser leída y entendida de múltiples maneras. Para mí, su mejor cronopio, entendido por Cortázar como un dibujo fuera del margen, un poema sin rimas, aunque también tiene el diseño de un mandala con la esperanza de dar paz en la reflexión de sus múltiples lecturas.
Me acuerdo bien: de niños jugábamos a la rayuela pintada en el suelo con tiza, procurando no pisar la raya para saltar a la pata coja los números ascendentes que te llevaban a ganar un juego muy sutil del que también te sacaban muy fácilmente. Solo contabas con tu cuerpo prendido en el pie para empujar un trocito de piedra o adoquín y tratar de alcanzar, hoy lo sé, los mundos superiores a la manera de la Divina Comedia de Dante saltando de casilla en casilla. A cada vuelta entera lograda, la siguiente comienza en ascendente, obviando la del número logrado y así en ascenso, los saltos cada vez más grandes y arriesgados. Una bonita alegoría del empuje de nuestro espíritu sobre el mundo y la materia. Y aunque ahora parezca que nos hemos quedado en el segundo recuadro varados, allá donde el coronavirus campa y no te deja escapar fácilmente, si atinas a apuntar bien entre los cuadrados, la salida se atisba posible y alcanzable, colgada de la promesa de una aguja.
Creo que la idea subyacente de Cortázar era precisamente esa, recordarnos que la vida es un juego complejo por el que debemos transitar encarando sus diferentes casillas de modo ligero. Lo único que exige el juego de la vida es no parar, no permitir que la piedra se trunque sobre una línea, no perder el equilibrio y apuntar cada vez más alto. En Rayuela, como en el juego, saltas cuadritos-capítulos para acercarte a tu destino de la mejor forma que entiendas, así que la idea última es que para llegar a la meta hay infinitos caminos. Uno de ellos está en aceptar las cosas como la Maga, de manera instintiva, como son, incluyendo el impasse que estamos viviendo en nuestras vidas coronavirus, pero hay otros muchos más a descubrir yendo de la mano de Horacio Olivares, el maestro de ceremonias de esta novela. Así que ahora que estamos en el momento escorpión, mordiéndonos acicateados por el miedo que nos rodea, ahora que somos «el alacrán clavándose el aguijón, harto de ser un alacrán pero necesitando de su alacranidad para acabar con el alacrán» de Cortázar, si queremos salvarnos, ha llegado el momento de impulsarnos con el cuerpo hacia adelante y avanzar en la casilla de la vida aceptando el suelo por el que nos ha tocado transitar, sin más lamentos que los que requiera el esfuerzo por mirar más allá de la estrecha ventana que nos muestra la pandemia, simbolizada por las casillas que vamos ascendiendo.
Aprende, lector, de este libro que la vida es un juego y que, como tal, está sujeto a ciertas reglas y que dichas reglas sirven también de acicate para seguir saltando a la pata coja por las casillas de tu vida. Porque a pesar de esta época de coronavirus tú serás siempre quien decida si te quedas en el «lado de allá», en el «lado de acá» o en el «de otros lados».

Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.