Algún fleco suelto: lenguaje inclusivo, academia y periodismo
- Escrito por María Pilar Úcar Ventura
- Publicado en Opinión
No conviene dejar cabos sueltos durante mucho tiempo. Considero que resulta mejor ir cerrando capítulos, en la medida en que se pueda, y me consta que en un artículo anterior sobre el teatro, convertí el “para otra ocasión” no solo en artificio literario, sino en toda una deuda con los lectores de este digital. Me dispongo, pues, a cortar un fleco.
En orden y desde el principio; mencioné que yo fui “estudiante bachiller(a) y luego universitaria”... Algo de lenguaje inclusivo dejé caer, y merece unas líneas en esta sección; ya hay muchas páginas acerca del tema y más que se van a escribir y muchas discusiones por oír, seguro. Parece un “trending topic” cíclico, como en la centrifugadora, por más vueltas que se le dé nunca termina de estar seco del todo. Y eso es bueno, que se hable de la lengua, de nuestro idioma, es muy bueno, implicarnos en la comunicación, on fire.
Difícil resulta sustraernos de los últimos acontecimientos acerca del asalto al Capitolio en Washington; las imágenes, desde ayer, nos tienen sobrecogidos, sin dar crédito a lo que vemos y oímos, con la que está cayendo…no solo nieves de Filomena.
…“Asaltantes, seguidores, congresistas, detenidos…”, mapeo por los titulares de prensa y las tertulias televisivas: ni asomo de lenguaje inclusivo.
“Legisladores, fiscales, jueces, participantes, senadores, fallecidos, heridos, manifestantes”, sigo brujuleando y ni rastro del femenino (siempre me estoy refiriendo al género gramatical).
Se podría deducir que en las seis horas que duró el relato de la violencia desmedida y vivida ayer en la capital de Estados Unidos, no había ni seguidoras, fiscalas, fallecidas (luego hemos sabido que sí que una mujer se encuentra entre los muertos), heridas, senadoras, ...
Intentemos imaginar qué hubiera supuesto la retransmisión de los acontecimientos que seguimos sin pestañear ante el televisor, si los periodistas in situ y los redactores lo cuentan incluyendo ambos géneros gramaticales; habrá voces que defiendan la posibilidad –no sé yo si muy acertada- de escribir las noticias con la @, con la x, con la desinencia final en –e; “herid@s, muertxs, detenides”, por ejemplo.
En un coloquio sobre la evolución de las lenguas en la Emory University de Atlanta, un estudiante chileno me dijo: “Profesora, ¡qué carca es la Academia española!”; sin despeinarme, pensé que se refería a la suya de su país (la Academia Chilena de la Lengua es una de las veintitrés academias correspondientes de la Real Academia Española) y a la mía del mío, o sea, a la misma Academia que vela por el español de aquí y el de allende los mares.
Pues va a ser que no: insistió en que en España no nos hacemos eco de la inclusión lingüística, que en Chile usan la terminación –e para englobar al masculino y al femenino.
Al regreso de mi estancia investigativa por esos lares, me asignaron en mi universidad un curso sobre Género sexista en medios de comunicación y publicidad.
El primer día de clase, siempre pregunto a los alumnos qué esperan del curso; entre una tormenta de ideas variopinta, quiero destacar a una estudiante argentina a la que le di la palabra y me dijo: “espero que usted nos trate con la –e, que use en sus clases la –e inclusiva”.
Ahí sí me despeiné y me oí con voz rasposa y sin matices, exclamar que “¡no!”.
Silencio absoluto en la sala y miradas escrutadoras sobre mí. Repetí que no lo iba a hacer y argumenté que las sesiones de clase constaban de 50 minutos, que debíamos cumplir y completar una guía docente con un temario intenso, desarrollar competencias educativas y mostrar resultados de aprendizaje al final del cuatrimestre y obtener una calificación en función de esos parámetros.
Por lo tanto, esgrimí un criterio de tiempo, pura economía. Discutible, por supuesto, opinable, faltaría más…
Y a partir de ahí, todo quedó claro y cristalino. Había sentado las bases de cómo iba a transcurrir mi discurso. Añado algo más que pienso pudo convencerla y no fue mi tono rotundo y aplastante sino el hecho de enarbolar la rúbrica fiable y garante de la RAE que define al género masculino como no marcado en la oposición masculino/femenino. Conforme escribo esta colaboración, estoy pensando en desdoblar gramaticalmente el género de lo escrito hasta ahora; seguro que no acabarían de leerme, por falta de tiempo y aburrimiento.
Y me asiste la convicción de que el lenguaje visibiliza, saca a la luz elementos, cuestiones, sentimientos, comportamientos y actitudes históricamente soterradas y solapadas hasta la actualidad. Si no se nombra, o se calla, no existe.
Defiendo la inclusión, por supuesto, siempre que sea posible, porque algo cierto es que la realidad y el idioma funcionan a marchas distintas, a un ritmo asincopado: no llevan el mismo paso: la vida, las nuevas situaciones sociales, políticas, profesionales obligan a un cambio en la lengua, en nuestro modus dicendi. Adaptarse, como el agua a la superficie.
Necesitamos tiempo y conciencia…, reflexión y práctica. Pero que no nos vendan humo, porque no es suficiente con la transformación idiomática, hay que esforzarse en procurar una mejor realidad, si no, el lenguaje solo será carcasa.
Vuelvo a Washington y a la crónica del asalto al Capitolio; los periodistas que cubrían la información escupían datos como una fotocopiadora en un movimiento temporal sin precedentes; sin frenos. Las noticias que se sucedían eran de tal calibre, de tal gravedad que la necesidad se hizo virtud: contenido sin parar, a velocidad del rayo. No había espacio ni tiempo para la inclusión: de nuevo la economía, en este caso, periodística.
En muchas ocasiones se nos achaca a los profesores el escaso compromiso con el tema que nos ocupa: deberíamos dar ejemplo a las generaciones que formamos en nuestras aulas. Salgamos del ámbito académico: he hecho el ejercicio de rastrear los discursos de nuestros políticos del signo ideológico que sean, y ellos tampoco son muy edificantes en este sentido. Podemos suponer a los dirigentes y portavoces de las distintas comunidades, en sus comparecencias públicas desdoblando el género gramatical cuando comunican las cifras de contagios por coronavirus, por ejemplo, o la alarma por los temporales de nieve…Me gustaría utilizar esta columna para pedir ayuda. A los políticos, ¿por qué no?
Y a los periodistas. Sin su apoyo, tenemos la inclusión perdida. Los periodistas son “mediáticos”, conocidos y populares, crean opinión, opinión de masas. No quiero dejar a ellos la responsabilidad de activar el lenguaje inclusivo pero sí el de trabajar de manera conjunta con los docentes y con algunos políticos, también…
Si el lenguaje ha de reflejar la diversidad social, recoger las modificaciones que experimenta la realidad día a día, necesitamos el concurso de todos los que hacemos de la palabra nuestro modo de trabajo; hay que apoyar, sin cortapisas, la diversidad, la visualización, la empatía…con sentido común y sin llegar al absurdo, ni a lo rocambolesco. No podemos permitir que el envoltorio confunda, destruya y distorsione el mensaje; creo que todavía queda mucho por decir sobre el “fleco” del lenguaje inclusivo; periodistas y académicos, al alimón. Agradecí ayer la manera de informar acerca de los acontecimientos que se sucedían en el Capitolio.
María Pilar Úcar Ventura
Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.
Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.
Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…
Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.
Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.
Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.