La reforma laboral, entre los coletazos del populismo y el trumpismo rampante
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
Hemos asistido a un nuevo episodio de la estrategia trumpista de tierra quemada de la derecha en el escenario del Parlamento, una nueva derecha que hace caso omiso de la importancia de la concertación social, en materia de relaciones laborales en el sistema democrático, y que no ha dudado un segundo en utilizar un error humano de uno de sus diputados para taparlo con la mentira política y para utilizarlo como justificación de un nuevo ataque a la legitimidad de las votaciones y del del Parlamento.
Por otra parte, despreciando el hecho de que una cantidad sustancial de los fondos europeos 'Next Generation' se encuentran vinculados a la concertación y al voto parlamentario de ratificación de la reforma laboral. El 'que se hunda España que la levantaremos nosotros' y el 'cuanto peor para todos, mejor para nosotros'.
Por eso, nos encontramos también ante la voladura descontrolada de lo que aún queda de centro político, primero en Murcia, luego en Madrid y ahora en Navarra y Castilla y León. Una estrategia de tierra quemada para la eliminación de los competidores actuales, pero también de los posibles aliados futuros. Un PP cada día más anclado a la ultraderecha y con menos margen para los acuerdos.
Todo ello, ante una concertación social y unos agentes sociales que merecen el calificativo de sobresalientes, por su capacidad de diálogo, por las concesiones mutuas y su capacidad de pacto. Pero sobre todo porque el resultado final de la reforma laboral es de un contenido ambicioso, que no solo recupera derechos y equilibra la relación entre las partes, sino que moderniza el contrato de formación y los expedientes de regulación de empleo frente al despido y que en consecuencia da confianza, estabilidad y proyección de futuro al modelo laboral y a la economía española. Un acuerdo que había que derrotar a toda costa porque desmiente el falso relato de un gobierno radical e incapaz de dialogar con la sociedad, y en particular con los agentes sociales, aunque éste se produzca después de las de una docena de acuerdos a lo largo de la pandemia.
Sin embargo, finalmente su aprobación parlamentaria se ha debido a un golpe de suerte, en un clima de reproches, atrapados en una tensza entre el declive del populismo de algunos grupos de la mayoría de investidura y la refundación trumpista de la derecha, sus malas artes y su juego sucio. En horas venticuatro hemos pasado desde el acuerdo transversal y el intercambio de favores a la estrategia de tierra quemada del engaño, el tansfuguismo y la desestabilización, con el objetivo último de provocar la caída del decreto y la crisis de la mayoría de gobierno. Poco importa que en el breve periodo de aplicación del decreto haya contribuido ya a una mejora de los salarios más bajos y a un incremento significativo del empleo fijo en un contexto de eventualidad, tiempo parcial y precariedad, en particular entre jóvenes y mujeres. La sensación final está entre el alivio por la aprobación de la reforma laboral, pero en un ambiente de crispación y degradación de la vida política y parlamentaria.
Porque desde los medios de comunicación más conservadores, hay ya también quien aprovecha de nuevo lo ocurrido como piedra de escándalo para denigrar a los partidos políticos, al objeto de que prevalezca la libertad de conciencia individual y la responsabilidad ante Dios y ante la historia, y asimismo quien vuelve a agitar el esperpento de las confusiones en la votacion contra el parlamento, todo para evitar señalar a los responsables concretos del enredo y para profundizar en su deterioro. La antipolítica.
Todo ello, en el contexto de una campaña electoral en Castilla y León, y del asalto reciene al ayuntamiento de Lorca, agitados ambos por la explotación del malestar social y el agravio sectorial y territorial contra el gobierno de coalición de la izquierda, eludiendo la derecha todas la responsabilidades en sus décadas de gestión en comunidades autónomas y municipios.
En definitiva, la reforma laboral se ha trazado de verdadero test de estrés para la política, el parlamento y el gobierno, que también ha puesto en evidencia la práctica inexistencia de una mayoría transversal en fase menguante, y al mismo tiempo la inestabilidad en estos momentos decisivos de la mayoría de investidura. No es nada nuevo ni se explica tan solo por las dificultades de la concertación para dar cabida a las enmiendas y aportaciones en el parlamento, ni tampoco por la presión del sindicalismo nacionalista. La desafección ha ocurrido ya antes en temas tan trascendentales como las prórrogas de la pandemia o en la aprobación de los decretos sobre la gestión de los fondos europeos. Una piedra más en el camino.
El origen del nuevo desencuentro está en una mayoría de investidura sin otro proyecto compartido que evitar el gobierno de las derechas y la ultraderecha y sin un proyecto viable de cambio y modernización, más allá del programa de la coalición de gobierno. Una mayoría de investidura más negativa y de resistencia que propositiva.
En el ámbito del gobierno de coalición, el protagonismo de Yolanda Díaz, vicepresidenta, ministra de trabajo y posible candidata de la plataforma futura, en el giro realista hacia la izquierda y el laborismo, supone el bautismo de fuego de UP como fuerza de gobierno. Un momento decisivo que ha sido aprovechado por la izquierda independentista para marcar distancias y pasarle factura, a riesgo de provocar el fracaso de la reforma laboral.
Continúa prevaleciendo por ello la polarización política y territorial del tiempo populista y se aplaza el aterrizaje de los principales apoyos de la investidura en la política real del diálogo, el pacto y la corresponsabilidad. La reforma laboral ha sido una oportunidad perdida en un momento decisivo de la legislatura. En definitiva, una mayoría parlamentaria que se ha mostrdo tan ineludible como inmadura e inestable.
Por eso, volver a ensamblar las piezas del jarrón chino quebrado del desacuerdo y de la pérdida de confianza, necesitaremos algo más que el temor a la derecha y el mero voluntarismo.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.
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