Bloques y fracturas en las elecciones de Castilla y León. El declive de la política democrática
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Opinión
El PP obtiene en Castilla y León una victoria pírrica que queda muy lejos de las expectativas creadas con la disolución anticipada de las Cortes con el objetivo de lograr una mayoría aplastante del PP sin necesidad de apoyos ni coaliciones. En palabras de sus dirigentes, una mayoría sin hipotecas.
Es cierto que la derecha ha estado a punto de eliminar al centro derecha, como pretendía, pero a pesar de ello sigue sufriendo el declive electoral, esta vez, a diferencia de las elecciones madrileñas, en beneficio exclusivo de la ultraderecha. Este resultado agrava el problema de gobernanza del PP de las instituciones de gobierno en los marcos pluralistas como es el de Castilla y León y en el futuro en buena parte de las instituciones.
La ultraderecha de Vox es quien tiene mejores resultados, confirmando al alza el voto de las generales, lo que la convierte en la tercera fuerza política. En definitiva, como producto de todo ello, se incrementa la dependencia del PP de la extrema derecha populista, para conseguir formar un gobierno estable. De hecho, Abascal y su candidato ya han reaccionado aumentando sus exigencias para compartir el programa e incluso detentar una próxima vicepresidencia del gobierno.
Otro de los vencedores de estas elecciones son los partidos particularistas de la España vaciada como expresión más genuina y acabada de la tan pregonada nueva política populista fundamentada en la gente, el rechazo a la representatividad de las instituciones y la superación de rojos y azules y los movimientos sociales tradicionales, también en elecciones autonómicas, con la denuncia del abandono y la reclamación de un nuevo modelo territorial.
Es por eso que la relación del PP en el futuro gobierno con los nuevos partidos localistas tendrá consecuencias, más allá de la estabilidad en Castilla y León, también de cara a próximas elecciones autonómicas y sobre todo a las generales. Emerge la democracia populista, de cada día más difícil gestión, al tiempo que declina la política democrática.
Con estos resultados y con las expectativas creadas, ni el PP ni Casado están hoy más cerca que ayer del gobierno de España ni las próximas elecciones se presentan como el camino de rosas previsto hacia la Moncloa. Eso acentúa sus problemas de liderazgo interno. Las espadas siguen estando en alto.
Tampoco la izquierda, ahora en coalición en el gobierno central, logra siquiera rentabilizar la mayoría en la oposición al gobierno de Castilla y León ni los avances indudables de su gestión social en el gobierno central, además de pagar el peaje del ruido de sus alianzas con sectores nacionalistas. En definitiva, no aparece con proyecto alternativo de gobierno para Castilla y León, ni proyecta con claridad una imagen segura sobre la continuidad futura de su proyecto para España.
Por otra parte, la mera yuxtaposición de Podemos e Izquierda Unida vuelve a demostrar que no suma y es insuficiente para detener el galopante deterioro de Unidas Podemos. Su estrategia y relato populista los ha vaciado de utilidad para la izquierda ante los fenómenos convertidos hoy en la representación genuinamente populista: la extrema derecha y el particularismo. La izquierda populista se vació al renunciar al paradigma democrático.
Además, los resultados del bloque progresista se debilitan aún más como consecuencia de la aparición en el seno de su electorado potencial de los partidos localistas de la España vaciada, que son la conclusión inevitable de la respuesta populista al abandono, el agravio y la indignación, desde el modelo de los movimientos sociales, hasta su crítica antipolítica y su estrategia populista.
En definitiva, el proyecto de UP está prácticamente agotado y en consecuencia la plataforma de Díaz para recuperar a la izquierda no puede esperar hasta las elecciones generales. Necesariamente tiene que estar presente en las elecciones andaluzas o al menos en las autonómicas y municipales para evitar una imagen de desplome, poco menos que inevitable, antes de las elecciones generales.
En definitiva, se mantiene la reciente dialéctica frentista de bloques desgastados, con la decadencia de Ciudadanos y Podemos y su progresiva sustitución por las fracturas de los bloques con otros dos tipos de populismos: de un lado la ultraderecha y de otro los nuevos localismos. La democracia tal y como la entendíamos está en declive. Es urgente reaccionar.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.
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