No es broma, y se llaman obsesiones, manías o directamente neurosis obsesivas, pero también algunas como la raya y su utilización, su sentido profundo, convive en nuestra vida sin más, de forma natural. Este tipo de sentimientos o de sensaciones siempre me han provocado mucho interés por el humor que se desprende de ellas, pero, según he podido informarme recientemente no se deben tomar a la ligera porque se pueden convertir en un trastorno importante y que afecta la vida real del sujeto o sujeta en cuestión. Yo siempre había pensado que estas cosas eran normales y que pertenecían al ámbito imaginativo de la persona, pero, llegan los psiquiatras y psicólogos que no sé quién es peor para afirmar que las manías o tocs son una enfermedad. Me niego a aceptar que los comportamientos de las personas -aunque sean algo excéntricos- se conviertan en patología. ¿Quién no ha perdido el sueño alguna vez dándole vueltas a algún problema irresoluble o necio con una cancioncilla de fondo?. ¿Quién no tiene tendencia a deletrear los nombres, a contar los objetos de la misma clase o incluso a sentirse perseguido por una melodía, o el clásico quien pise raya pisa la virgen de la medalla, que si la pisabas te pasaba algo malo. Casi es un juego urbano lo del no pisar raya, lo de la superstición de que te pase algo si la pisas, no me lo creo, pero sí la de esquivar rayas. Evidentemente entiendo que la enfermedad está, no en pensar esas cosas, yo las pienso con mucha frecuencia al igual que otras personas –espero- la enfermedad está en dejar que eso asedie o bloquee a la persona, siguiendo el concepto del vocablo “obsesión” derivado del latín “obsidere” que significa cercar, asediar, bloquear.