El eslógan como programa político
Andy Burnham ya es primer ministro británico, sin pasar por las urnas, aunque haya necesitado de los votos (unas elecciones parciales forzadas en mayo) para convertirse en parlamentario y cumplir con la condición para plantear la batalla por el liderazgo en el Partido Laborista. Ha sido una operación política muy propia de Gran Bretaña: la trituradora de un primer ministro por los suyos. Aquí encaja perfectamente ese proverbio por algunos atribuido a Voltaire: “Que Dios me libre de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo”.
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