“Dos o tres veces hemos dispuesto el ánimo para comentar ese dibujo que se complace, con buen tino, en divulgar el P. N. T.: respetad el campo. «El campo está agradable y acogedor—dice la leyenda del dibujo— cuando no han pasado por él más que vacas, caballos, ovejas, águilas, palomee, grajos y otros animales. El campo suele estar sucio y molesto. .» Asi es, desgraciadamente, Precisase educar al hombre en el respeto al campo. Se puede y se debe gozar de él, pero sabiéndolo gozar: sin ensuciarlo, sin hacerlo desagradable para quienes, a la zaga nuestra, se dispongan, a su vez, a gozarlo. Se equivocan, sin embargo, quienes creen que semejantes atentados contra el paisaje son exclusivas de las clases populares. Felizmente, entre las clases populares va naciendo un sentido deja responsabilidad que las lleva a respetar los lugares de belleza y esparcimiento. Cada día son mayores los respetos. El hombre del pueblo puede adquirir pronto una educación en ese sentido porque, para desdicha suya, son muy contados los lugares en que puede encontrar contentamiento si es aficionado al campo. Madrid es pobrísimo en «zona verde» y se puede imponer fácilmente el sentimiento preciso para que sea cuidada con mimo por quienes la gozan dominicalmente. Siempre que se nos pida colaboración para ayudar al nacimiento de esa sensibilidad, la prestaremos con el mejor gusto.