"Una vez que se haya formado un ministerio fuerte, compacto, homogéneo, y sobre todo responsable, que cuente con el apoyo y la simpatía de la representación nacional [...] habrá de dedicarse [...] a llevar esta guerra fraticida, sin otros recursos que los nacionales, a un rápido y glorioso fin. Deberá dejar resuelto, de una vez por todas, aunque con deferencia, el futuro de los conventos y monasterios [...], y fijar sin vilipendio la suerte de esas corporaciones religiosas, cuya reforman reclaman ellas mismas, de acuerdo con la conveniencia pública; consignar en leyes sabias todos los derechos que emanan y son, por decirlo así, el único y sólido sostén del régimen representativo [...]. Deberá reanimar o más bien crear el crédito público, cuyo poder mágico debe estudiarse en la opulenta y libre Inglaterra [...] en una palabra, el Gobierno tiene que garantizar las prerrogativas de la Corona y los derechos y deberes del pueblo, porque sin un equilibrio de estos dos factores toda esperanza de felicidad pública es un espejismo."
Juan Álvarez Mendizábal, Carta dirigida a María Cristina.