"Ante la noticia de la victoria de Cneo Escipión en el combate naval, los del Senado pensaron que era muy útil e incluso necesario no abandonar los asuntos de Iberia, sino enfrentarse a los cartagineses y extender la guerra. Prepararon veinte naves y confiaron su mando a Publio Escipión, según el plan primitivo, y lo enviaron a toda prisa hacia su hermano Cneo para llevar a cabo en común los asuntos de Iberia. Temían sobre todo que los cartagineses, apoderándose de aquellos lugares y reuniendo medios y tropas abundantes, se hicieran dueños totales del mar, se lanzaran contra Italia y enviaran hombres y dinero a Aníbal. Consideraron muy importante esta guerra y enviaron a Publio con las naves. Llegó éste a Iberia y juntó sus fuerzas con las de su hermano, lo que fue de gran ayuda para la causa común. Antes, en efecto, los romanos no se habían atrevido a atravesar el Ebro, sino que se habían contentado con la amistad y la alianza de los pueblos de la ribera norte. Fue entonces cuando atravesaron el río y se atrevieron a emprender operaciones más allá. La suerte les ayudó muchísimo en aquellas circunstancias."
Polibio, III, 97, 1-5.