‘Eugenio Oneguin’: Cuando un excepcional Chaikovski acaba convertido en un precioso Chéjov
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Chaikovski escribió una partitura musical bellísima para su 'Eugenio Oneguin' donde adaptaba la novela en verso de Puskin, y la estrenó en Moscú en 1879. Pero resulta que al zar le gustó y quiso verla en el Bolshoi en 1891 pero en un montaje recargado tan distinto a la concepción casi de cámara con la que su autor la concibió.
Aunque en 2010 se estrenó en el Teatro Real en otra producción la que ahora sube al escenario, promovida por este coliseo, el Liceu de Barcelona y la Ópera de Oslo dirigida teatralmente por el alemán Christof Loy, responde plenamente a las características de este creador escénico en las obras que se han visto también en el Real. Destacamos tres montajes excepcionales: 'Capriccio' (2019), 'Rusalka' (2020) aun con las limitaciones del tiempo de la pandemia, y el año pasado 'La voz humana'/'Silencio', que han dejado un sabor más que agradable por el talento que muestran.
Este 'Eugenio Oneguin' es partícipe de este 'código de estilo' de Loy: eliminación de lo superfluo respecto al mobiliario y atrezzo, amplitud escénica, decorados con mucho aire para las acciones, fondos donde el blanco predomina, elegante y absoluta estilización, trabajo excepcional de dirección de actores e integración de lo lírico-coreográfico sin espacio de separación. La historia original de Puskin presenta la historia de dos amigos, un dandy caprichoso y un poeta que pasan de la amistad al enfrentamiento cuando se cruza por medio una mujer, todo revestido de un conjunto aristocrático. Loy se olvida de las estéticas del XIX, entierra cualquier vestigio post-romántico, y sitúa la acción en una época imprecisa que podrían ser los años 60 o 70 del pasado siglo. Y hace una especie de milagro: dar personalidad a todos y cada uno de los que aparecen en escena, incluidos los miembros del coro y los bailarines acrobáticos, sin separar a las voces solistas de los demás.
La contrapartida puede ser la dificultad de encontrar primeras figuras de la lírica que no solo dominen la voz sino que tengan una gran facilidad actoral para la expresión corporal, e incluso las especiales condiciones físico-atléticas que piden todos y cada uno de los personajes. Todos están muy bien, empezando por los dos protagonistas masculinos, Oneguin y Lenski interpretados por Iurii Samoilov y Bogdan Volkov, y los femeninos: Tatiana (Krishna Mkhitaryan), Larina (Katherina Dalayman), Filipievna (Elena Zilio), entre otros. Incluso la aparición de Juan Sancho como el exótico 'Monsieur Triquet' explota no solo todas las posibilidades de su voz sino las de su expresión corporal. Lo mismo se puede decir del coro del Real dirigido por José Luis Basso en el que cada participante se convierte en un personaje por si mismo. Como los dos mozos de cuadra representados por dos bailarines acrobáticos están interpretado un papel de actores corporales.
A todo esto hay que hablar de la parte musical. La partitura de Chaikovski es sencillamente maravillosa y de una riqueza de tonalidades que sigue deslumbrando. En esta ocasión se pone al frente del foso Gustavo Gimeno que va a ser a partir de ahora el titular de la Orquesta del Teatro. Gimeno ya no es la 'joven promesa' capaz de dirigir primeros conjuntos internacionales sino un director consolidado y esto se pone en evidencia en 'Eugenio Oneguin' donde sabe sacar el mejor partido a una composición excepcional.
La producción está llena de talento, y hay momentos de muy buena resolución lírico-escénica como el deslumbrante cotillón o el duelo. Con una inesperada impresión final: tal y como Loy concibe esta lectura escénica de 'Eugenio Oneguin' musicalmente impecable y fascinante se desprende un regusto chejoviano aun habiendo prescindido de las referencias de época.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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