Frankie el máquina
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«No le llamaban Machine solo porque daba las cartas deprisa, sino también porque era metódico»
El hombre del brazo de oro, 1949 , Nelson Algren
Nacido en Chicago a principios del s. XX, este autor es hijo de la Gran Depresión y testigo directo de las dificultades por sobrevivir en las grandes ciudades norteamericanas. Gran conocedor del lumpen y sus efectos, mantiene una profunda identificación con toda clase de marginados y perdedores a los que, por sus numerosas profesiones y adiciones, conocía bien. Algren se movía como pez en el agua por los espacios limítrofes y tenía conciencia social, también política, lo que le mantuvo en el punto de mira del macartismo y del FBI. Supongo que sería para él todo un honor, como lo fue la larga relación amorosa física y epistolar que mantuvo con, oh sorpresa, Simone de Beauvoir.
Pero no pudieron negarle la genialidad y esta novela de jugadores, alcohólicos, prostitutas y morfinómanos consiguió alzarse con el primer Premio Nacional del Libro de EE. UU. un año después. Seis más tarde, aparecerá la película homónima de Otto Preminger con Kim Novak y Frank Sinatra, un clásico imperdible en blanco y negro, con final cinematográfico ajeno.
El hombre del brazo de oro es Frankie Machine, en realidad Majcinek, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, crupier ilegal que vive una relación tóxica con su mujer en silla de ruedas que sufre maltrato del esposo y que pulula por los bajos fondos del barrio polaco de Chicago participando en timbas ilegales, después de haber visitado la cárcel por robar en una tienda, y no por el asesinato que comete contra su camello, que queda encubierto a priori hasta que la policía, corrupta hasta las cejas y a la que el traficante debía dinero, mueve los hilos para encontrar al culpable. Todo ello trufado por una vida clandestina, las huidas con su amante Molly, sus deudas y su adición a la droga, algo que por cierto, no estaba previsto que se incluyera en la novela. Pero el editor necesitaba un gancho, y eso se lo proporcionó. Tampoco es que estuviera mintiendo, aunque la sociedad respetable se escandalizó al ser consciente del submundo que le rodeaba, pero que no estaba dispuesta a reconocer. Como siempre, hay que esconder la basura debajo de la alfombra. O buscar culpables ajenos, como sucede ahora con la guerra al fentanilo (entre otras) del nuevo presidente estadounidense, que no pretende atajar desde dentro ni proteger a los ciudadanos, sino que se utiliza con fines políticos a la manera de un matón que castiga y amedrenta, cual poli bueno embarrado hasta las cejas, vociferando un populismo de pegatina que se despega a la primera. En los sórdidos tiempos que ahora compartimos con los de la novela ya no sé muy bien si las palabras del ladrón Gorrión son fruto de la invención narrativa o parte del léxico habitual del mandatario; en cualquier caso, que cada cual juzgue por sí mismo. Cito:
«Yo estoy un poco desequilibrado, pero solo de una parte […], así que procura no hacerme pasar por bobo porque sé usar la parte que me funciona».
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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