Tuve un sueño, escribí una novela
- Escrito por Carlos Grau Arquer
- Publicado en Cultura
Tuve un sueño y lo transcribí pensando en hacer un guion cinematográfico, y hacerlo de un modo como sé perfectamente que no se hace un guion de cine. Quería realizar el proceso sin el log story, sin argumento, sin estructura previa, sólo con un principio que empezaba por el final. Me dio para diez páginas de las cien que se supone tiene un guion y entonces, ante el abismo de la historia sin finalizar, me dije: Carlos, tienes que pensar. Y pensé... y desarrollé el sueño y recordé hechos vividos, luchas desesperadas por sacar adelante proyectos, reuniones maquiavélicas... y decidí contar y protestar... por todo, por todos, por todes y por todas. Terminé el guion y el productor me dijo que no veía clara la historia, y yo vi claro lo que él no veía... y decidí escribir una novela: por fin un producto final sin ataduras presupuestarias, sin opiniones ajenas, sin nada que se opusiera a mí salvo yo mismo. Y así nació la novela protesta más cachonda y divertida jamás escrita... por mí:
“LA MUJER QUE QUERÍA UN BOCADILLO DE ATÚN EN LUGAR DE UN PLATO DE PAELLA”.
Y al escribir me di cuenta que no contaba mi historia, que también, sino que contaba la de cientos, miles de guionistas en permanente lucha con sus argumentos, con sus personajes y, sobre todo, con los entes, llamémosles personas, susceptibles de comprarles sus guiones. Por ello, tras revisar el texto hasta no encontrar fallo clamoroso alguno, ni leismo, laísmo o coma fuera de lugar, me percaté que había escrito el libro que todo guionista debería tener encima de su mesilla, en el interior de su conciencia, para poder reírse de sí mismo a mandíbula abierta, antes de guardar su guion ignorado en el cajón e iniciar la escritura de un nuevo proyecto.
Y como las historias de los guionistas se nutren ineludiblemente de la realidad, no pude evitar quejarme de la misma, a base de humor y rabia, de hechos que me indignan como hombre... hechos por hombres... en contra de mujeres... y disfruté de mi venganza, que era la de ellas, en papel, intentando resarcir el daño irreparable que siguen sufriendo por el mero hecho de ser mujeres y vivir en una sociedad en la que el macho y la barbarie van de la mano, sin recordar que tuvieron una madre, sin pensar que tienen un cerebro.
Una de las cosas que me animó a escribir fue que a mi padre Jordi le encantó la idea en cuanto se la conté, dijo ver en ella algo que creía había desaparecido en mí. Lógicamente yo me quedé con la primera parte de la frase y pasé por alto la segunda, tan acostumbrado como estaba a sus críticas continuas a cualquier proyecto que intentara sacar adelante.
Partiendo de un humor ácido, irónico e innegociable, di rienda suelta a mis come come continuos al sentarme frente al ordenador, al enfrentarme al desarrollo de los personajes, al buscar una venta o algún contrato que me permita vivir... perdón, quería decir comer, mientras escribo. Y ahí la historia fue surgiendo, ahora sí que sí, como no debe surgir un guion. Y el final fue abriéndose paso de un modo aplastante y coherente, encajando todos los flecos perdidos, todas las protestas lanzadas al aire en un grito sordo y básico: ¡¡¡¡¡ ..................... !!!!!!
Y, al recibir la primera prueba del libro, una nueva señal: me habían puesto otro nombre, más largo y completo, más entrañable de lo que nunca habría pensado por mí mismo, un nombre enraizado con mi infancia, en el que, además del nombre con el que yo sigo luchando por hacerme conocer en Cine, se reconocía que mi madre también fue escritora, y buena, además de actriz: CARLOS (Carlitos) GRAU ARQUER,
Te quiero Gemi, te quiero mamá.
Carlos Grau.... Arquer

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