LA ZURDA

La Carta del Pueblo de 1838 y el cartismo

“Que se divida al Reino Unido en 200 distritos electorales; que a su vez dividan, de la manera más aproximada posible, en igual número a los habitantes y que cada distrito envíe un representante al parlamento.



Que se autorice a registrar su nombre como votante a toda persona que pruebe tener 21 años de edad ante el sacristán de la parroquia en que ha residido seis meses. Que el período para ese registro cada año vaya del primero de enero al primero de marzo.



Que se efectúe una elección general el 21 de junio de cada año, y que se llene toda vacante quince días después de ocurrida. Que el horario de votación sea desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde.



Que no exista la cualificación de propietario para los miembros sino que a la presentación el actuario de la parroquia en que residen de una petición firmada por 200 votantes, a favor de cualquier candidato, éste sea designado como tal. Y la lista de todos los candidatos designados en todo el distrito se expondrá en la puerta de la iglesia en cada parroquia, a fin de que los votantes puedan juzgar su cualificación.



Que cada votante debe votar en la parroquia en que reside. Que cada parroquia debe proveer tantas urnas electorales como candidatos propuestos haya en el distrito; y que en cada iglesia parroquial se disponga un lugar temporario para fines de la votación secreta. Y que el día del a elección, a medida que cada votante pasa ordenadamente para votar, el funcionario en servicio le dé una balota electoral que dejará caer en la urna de su candidato favorito. Al fin del día contará los votos los funcionarios correspondientes y su número será exhibido en las puertas de la iglesia. Al día siguiente el actuario del distrito y dos inspectores recogerán los votos de todas las parroquias del distrito, y publicarán el nombre del candidato triunfante en cada parroquia del distrito.



Que el primer lunes siguiente a su elección tomen los miembros sus asientos en el parlamento y continúen sesionando todos los días (…) hasta que se termine con los asuntos de la sesión, pero a más tardar hasta el primero de setiembre. Se reunirán todos los días (…) a las diez de la mañana y levantarán la sesión a las 4 de la tarde. El tesoro público pagará trimestralmente a cada miembro 400 libras por año. Todos los funcionarios electorales se elegirán por sufragio universal.”

En la década de los años treinta del siglo XIX los líderes del movimiento obrero británico consideraron que era insuficiente la lucha por mejoras laborales, y que eran necesarias reformas políticas. En 1831, durante la campaña para reformar la ley electoral, Lovett reclamó el sufragio universal. Esta pretensión se basaba en que si los obreros producían la riqueza del país tenían derecho a participar en la vida política.

En mayo de 1838 un grupo redacta un documento que ha pasado a la Historia. Se trata de la "Carta del pueblo". En dicho texto se reclama el sufragio universal, la supresión del certificado de propiedad para ser miembro del Parlamento, es decir, para ser elegido, la inmunidad parlamentaria, y que las circunscripciones electorales fueran iguales, ya que se primaban las rurales frente a las urbanas, que tenían más población.

El movimiento cartista estaba considerando que sin reformas políticas no se producirán los cambios sociales pretendidos. El movimiento cartista no era homogéneo. Hay una tendencia más moderada, la que defendían Lovett y Richard Owen. Sus pretensiones eran más económicas; propugnaban la organización de cooperativas de producción y la supresión de los intermediarios. Otra tendencia, la defendida por O'Brien o por O'Connor, se inclinaba más por la lucha política, por los mítines y por la huelga. Los primeros buscaban más el entendimiento con las clases medias, frente a los segundos.

En 1839 se celebra en Londres el primer Congreso Cartista, y vencen las posturas más radicales: huelga general, protestas y presiones para conseguir los fines del movimiento. El gobierno británico reacciona ante el miedo a una huelga general, y decide emplear el ejército, además de detener a los líderes y permitir la formación de unidades cívicas armadas. Esta situación provoca una grave tensión entre las dos tendencias del movimiento cartista.

En 1842 hay nuevos intentos de presión, pero terminan en fracaso, también.

La conclusión que se puede sacar de todos estos acontecimientos era que la clase obrera aislada no podía conseguir las reformas políticas necesarias para democratizar el sistema inglés. A partir de entonces se tenderá a buscar la alianza con algunos sectores de las clases medias. Pero, no cabe duda, que el cartismo, a pesar de su fracaso, permite comprobar que es el primer ensayo de organización política obrera. Pero, además, sus reivindicaciones, con el tiempo, triunfarían.

Podemos consultar una obra clásica: Gian Mario Bravo, Historia del socialismo: 1789-1848, el pensamiento socialista antes de Marx, Barcelona, (1976).

Eduardo Montagut

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.