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Galdós: imagen y repercusión social


© Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. © Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La influencia social de Galdós fue extraordinaria, siendo un testigo incansable de los acontecimientos de su época desde finales del siglo XIX a principios del XX. Reflejó en sus obras el pulso de la vida española, siendo incluso partícipe de la vida parlamentaria como diputado en las Cortes durante tres legislaturas. Pero su conocimiento esencial de la sociedad española la labró en las tertulias y en las calles, observando al Madrid de la época y reflejándolo tanto en sus artículos periodísticos, incontables, como en sus novelas y obras de Teatro, todos de gran repercusión social.

Su vida política, bastante individualista, comienza en 1886, participando primero como cunero por Puerto Rico, en las listas del partido progresista de Sagasta en 1886, la segunda y más importante por Madrid, en la conjunción republicano socialista en 1910 y la tercera, la última, por Las Palmas en 1914 (después de haber dejado la conjunción en 1913, al oponerse a la salida de Melquiades Álvarez), ya en avanzada edad, pero con un apoyo extraordinario. Su presencia política estuvo marcada por acontecimientos muy tristes para la vida española como la Semana Trágica de Barcelona en 1909 y la primera guerra mundial en 1914 en donde España fue neutral. Uno de sus mayores éxitos políticos fue conseguir incorporar al socialismo a la actividad parlamentaria en las elecciones de 1910 y sacarle de su aislamiento de 31 años, hasta entonces sólo había tenido presencia en el ámbito municipal, tras esto el PSOE no ha dejado de participar hasta la actualidad, siempre claro está, exceptuando los períodos de Dictadura.

Galdós fue un canario que se afincó en Madrid, en sus mentideros y en la evolución de la vida popular que reflejó ampliamente en sus escritos. Desarrolló una intensa actividad como periodista en una variedad enorme de temas como: sociedad, música, teatro, religión, política y pintura, entre otros, colaborando en un gran número de periódicos como en La Nación donde fueron sus primeros artículos, escribiendo nada menos en él que unas 500 reseñas y 130 artículos en 1865-68, en la Revista del Movimiento Intelectual de Europa, donde el autor publica 40 apuntes en 1865-67, La República de las Letras de Blasco Ibáñez, La Prensa de Buenos Aires (desde 1883), siendo luego cronista parlamentario en Las Cortes y director de varios periódicos como El Debate (278 editoriales desde 1871) y la Revista de España (47 artículos en 1913), colabora en La Esfera en 1914, El Sol (desde 1917). Viaja además por Europa como corresponsal de prensa, conociendo así las corrientes literarias del momento como el realismo y el naturalismo, la rapidez en la escritura estuvo muy relacionada con esta primera experiencia. Su obra literaria posterior contiene influencias de los franceses Honoré de Balzac, Émile Zola, Gustav Flaubert y el inglés Charles Dickens, entre otros. Escribió en definitiva, cerca de cinco mil artículos en distintos diarios y revistas de España e Hispanoamérica, siendo recogidos y seleccionados por el escritor argentino Alberto Ghiraldo en una serie de diez tomos por la Compañía Iberoamericana de Publicaciones, existiendo Tesis universitarias dedicadas exclusivamente a analizar algunos de sus artículos en diversos diarios.

Escribió cinco series de libros denominadas EPISODIOS NACIONALES donde reflejaba los acontecimientos que habían ocurrido en España entre 1805 y 1880. Las dos primeras fueron escritas en un espacio breve de tiempo, entre 1873 y 1879, retomando la tercera en 1898, en 1902 la cuarta y en 1908 la quinta, haciendo un total de 46 episodios, que no pudo acabar al apagarse su luz antes de completar esta última, dada su progresiva ceguera. Los Episodios significaron una búsqueda de la identidad española para impulsar el progreso de España, en un momento de gran frustración colectiva.

Galdós fue también un novelista prolífico, donde con una variada galería de personajes y sus circunstancias familiares expresa los sentimientos de los españoles de su tiempo. Sus 39 novelas son un reflejo costumbrista de la época, escritas entre 1865 y 1915, en ellas denuncia el atraso, el fanatismo y la intolerancia de la sociedad española, defendiendo el desarrollo educativo, la libertad y el laicismo. Las 24 obras dramáticas que escribió fueron extremadamente populares, con llenos en los teatros y repercusiones espectaculares. Impulsó nuevos conceptos, temáticas y procedimientos teatrales, sus obras hicieron reflexionar al gran público sobre los criterios éticos y cívicos defendiendo la libertad y la tolerancia en los que debía desarrollarse la sociedad. Escribió también cuentos y sus memorias.

Galdós consiguió su incorporación a la Academia de la Lengua en 1897 presentando un discurso “La sociedad presente como materia novelable” coherente con su trayectoria literaria. Desgraciadamente la envidia y el rencor de algunos medios conservadores, y sobre todo los jesuitas, impidieron que se le concediera el premio Nobel de Literatura en 1912, al provocar mediante una intensa campaña otro candidato, Marcelino Menéndez Pelayo y desprestigiando su candidatura, no saliendo al final ninguno de los dos. La presentación en 1912 corrió a cargo de Ramón Pérez de Ayala y fue suscrita por quinientos miembros del Ateneo de Madrid. Volvió a ser presentado sin éxito en 1913 y 1915, siendo suspendidos los premios en 1914 por la primera guerra mundial.

Galdós fue también crítico de arte en el periódico español “La Nación” (1865-1868) y el argentino “La Prensa” de Buenos Aires (1884-1890) prestando especial atención a las Exposiciones Nacionales que tenían lugar en Madrid. Defiende la pintura de Fortuny y elogia a los ilustradores de los Episodios Nacionales Pellicer y Arturo Mélida. Aureliano Beruete también le hizo varias ilustraciones en sus novelas.

Respecto a la permanencia de su imagen tuvo varios reconocimientos públicos en forma de monumentos pétreos como el erigido en el parque del Retiro realizado por Victorio Macho, que es uno de los más bellos que se encuentran en él, siendo inaugurado en 1919 en su presencia; Una segunda fue realizada en 1915 por el mismo autor y que preside la exposición conmemorativa en la Biblioteca Nacional. Una tercera escultura se realizó por el mismo autor en Las Palmas en 1922, pero que al estar realizada en piedra caliza frente al mar ha tenido que ser trasladada para evitar su deterioro al Museo. Otras esculturas más modernas están también en Las Palmas, como la escultura por Pablo Serrano instalada en 1969 en la plaza de la Feria y otra, copia de la anterior, por Manuel Bethencourt delante del Teatro Pérez Galdós, además de otras menores. En 1998 se le erigió una escultura en bronce por Santiago de Santiago en el Sardinero de Santander. En Rosario (Argentina) se realizó también un busto en piedra blanca de Córdoba por Erminio Blotta en 1943 como homenaje de los españoles republicanos y en Caracas (Venezuela) otra escultura realizada por Juan Jaén Díaz en 1975.

El retrato más conocido es el pintado por Sorolla, donde figura en horizontal y con pose relajado, actualmente está en la Casa Museo en Las Palmas. Hay un retrato de Galdós maduro en el Ateneo pintado por Manuel García “El Hispaleto”. Hay un retrato de Galdós joven en la Biblioteca Nacional realizado a dibujo y pastel por Miguel Massieu. Hay otro cuadro anónimo de Galdós joven de 1862. Vázquez Díaz le hizo en 1915 un dibujo en sanguina. Galdós también fue retratado por afamados fotógrafos como Franzen, Calvache, Káulak, Alfonso, Marín, Campúa, Audouard, Salazar, Bain, etc…, existiendo una exposición en noviembre a enero en el Bellas Artes de San Fernando con multitud de ellas. Tiene varios dibujos de su rostro muy conocidos como uno de Victorio Macho y otro de Vázquez Díaz en sanguina. La imagen de Galdós ha sido también muy utilizada en forma de caricatura en las revistas cómicas como en Madrid Cómico ocupando varias portadas e interiores por Cilla en finales del siglo XIX. Fresno hizo una para la portada de la novela El abuelo, otra de Galdós con varios personajes de la época, incluyendo a Unamuno, y una tercera de Galdós recostado fumando. Bagaría le hizo al menos, una para la Tribuna en 1912, otra en 1915 para la Biblioteca Renacimiento, y otra para El Sol en 1921 en su peculiar estilo sintético.

Galdós ha servido como un icono de gran popularidad al estar en el billete verde de 1.000 pesetas de 1979, uno de los más utilizados, y en sellos conmemorativos en diversas épocas, como en el de 8 pesetas en 1971 (muy conocido, ya que es un fragmento del retrato de Sorolla), una edición de personajes de la literatura en 1971, otro de Fortunata y Jacinta en 1998 de 70, en forma de una caricatura en 2012 en Las Palmas de 0,50 euros, o en la edición de cuatro sellos conmemorativa de 2020 en Guadalajara de 1,74 euros, o la composición de sus obras y retrato conmemorativa de Canarias de 0,90 euros.

Galdós resultó muy elogiado en su época por escritores como Mesonero Romanos y Azorín, conservándose una amplia correspondencia con ellos e influyendo considerablemente en escritores posteriores como María Zambrano, que le dedicó su obra “La España de Galdós”, Federico García Lorca, entre otros, dijo de él que “reflejaba la voz más verdadera y profunda de España”, Vicente Aleixandre escribió “Casi puedo decir, que aprendí a leer con Galdós. Primero, de niño, con los Episodios Nacionales. Luego fueron las novelas sorbidas con hechizo hasta el agotamiento. De tal modo, que a los dieciséis y diecisiete años yo conocía minuciosamente la obra de Galdós, viva para mí como un bulto que no ha menguado desde entonces”. Azaña indica en sus obras completas que Galdós era capaz de ver en sus novelas cosas inapreciables en la sociedad de Madrid, afirma por otro lado que su teatro era desigual, se centraba en denunciar con un lenguaje popular los dos enemigos del pueblo: el trono y el altar, pero curiosamente una parte del pueblo no podía ir a su teatro por el precio de las entradas, pero aunque en los espectadores había división de opiniones su repercusión llegaba al pueblo llano, lo que forzaba la curiosidad y que se llenaran los teatros durante más tiempo. En definitiva Azaña opinaba en sus obras completas que Galdós hizo un teatro realista con pretensiones de teatro de tesis.

El primer franquismo tuvo una fuerte inquina sobre él por su liberalismo, comenzando por la quema de sus libros por los falangistas al ser considerados como foco de separatistas y liberales, lo que fue evolucionando en el régimen hasta un reconocimiento tardío, pero perviviendo actuaciones como la del obispo Pildaín, que se opuso al Museo Galdosiano en Las Palmas, planteando orden de excomunión a quien lo visitase. Curiosamente Galdós fue recuperado y ensalzado, no sólo por los exiliados, sino sobre todo por los hispanistas de las Universidades americanas, especialmente en Nueva York, lo que provocó que en el final del franquismo, ya en los años 60, recibiera un reconocimiento que le había sido anteriormente negado.

Su fallecimiento fue también un gran acontecimiento social asistiendo unas cincuenta mil personas, llevado en un coche de caballos negro (similar al que llevaría posteriormente Tierno Galván en su entierro), presidido por el gobierno en pleno y las autoridades del ayuntamiento, y enterrado por último en el cementerio de la Almudena.

La exclusiva de sus obras ha estado por fin en la Editorial Hernando que ha realizado multitud de ediciones, con anterioridad Galdós fracasó en su intento de ser editor de sus propios libros tras varias experiencias, también negativas, con varias editoriales. Las obras completas están actualmente en la editorial Aguilar en ocho volúmenes, siendo los cuatro primeros sus Episodios Nacionales y los cuatro restantes las Novelas, Teatro y Miscelánea, siendo prologadas por Federico Carlos Sainz de Robles, en donde incluye el censo de los personajes galdosianos.

María Zambrano ha sido en el exilio la principal defensora de la obra de Galdós. Escritores actuales como Antonio Muñoz Molina y Luís Mateo Diez, entre otros, lo han recuperado como uno de los más singulares escritores de la literatura española. En varios artículos titulados Caleidoscopio sobre Galdós hemos desarrollado este reconocimiento.

Varias de sus obras han sido llevadas al cine: “El Abuelo” y “La loca de la casa” en el cine mudo antes de los años treinta; “Marianela” por Benito Perojo en los años cuarenta en el franquismo; “Adulterio”, “Doña Perfecta”, “Misericordia”, “La mujer ajena” y “La loca de la casa” en el cine mexicano; “El Abuelo” y “Marianela” en el argentino; posteriormente Luís Buñuel adapta dos de sus mejores obras “Nazarín” y “Tristana”; “El Abuelo” en una nueva versión por José Luís Garci; “Fortunata y Jacinta” por Mario Camus en una serie para televisión de gran éxito; “Marianela” por Angelino Fons; “La duda” por Rafael Gil; “Doña Perfecta” por César Fernández Ardavín; “Tormento” de Pedro Olea; entre otras. Algunas se han adaptado al teatro en otras versiones modernas como “Misericordia” o “Ana”. El cine y la televisión construye la imagen que llega a un público más amplio, porque es un medio de masas, aunque en su mayor parte es de hace ya tiempo.

Las actividades y exposiciones realizadas sobre Galdós durante el presente año por un conjunto de instituciones públicas y privadas, ha permitido hacer llegar a un público más numeroso la importancia de este escritor.

Quimico, Máster en Biotecnología y Profesor en Secundaria, FP y Universidad. Especializado en la formación del profesorado y en el diseño de los estudios en FP.

Investigador y divulgador de la historia del socialismo y del sindicalismo en educación. Realizando conferencias, exposiciones y publicaciones relacionadas sobre ellas.