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Maquiavelo, el príncipe y el coronavirus


«Las injusticias se deben hacer todas a la vez a fin de que, por probarlas menos, hagan menos daño, mientras que los favores deben hacerse poco a poco con el objetivo de que se aprecien mejor»

El príncipe, Nicolás de Maquiavelo

Qué pena que Maquiavelo sea hoy en día sinónimo de astucia torticera y engaño doloso, cuando sus enseñanzas están llenas de sensatez y conocimiento real y verdadero de la naturaleza humana. Allá por 1553, ya fallecido el autor, en la Roma de los poderosos Medici, se publica este tratado de política y filosofía moderna en italiano, que se entienda bien, una obra polémica que defiende, y que define, el Estado moderno, mientras deja en pañales a los políticos que tenemos, ellos que siguen creyendo estar en principados acotados a los que no llega el clamor popular.

Sí, esos mismos emperrados en encuestar al pueblo a favor del principado o la república, cuando ninguna de las dos formas políticas está medianamente bien pergeñada en este gran país de hijosdalgo venidos a menos, donde ahora y más que nunca, se ven abocados a converger en un frágil gobierno conjunto, y donde solo campa su bien común. Estamos en España, un país latino, rodeados del caos y la incompetencia secular de gobernantes solo fieles a sus propias leyes de beneficio, aunque de vez en cuando deban acatar las de arriba, verbigracia Europa, si no quieren que le canden las fronteras. Ahora, con un enemigo común, el coronavirus, el príncipe maquiavélico anda sublevado con ese arma de destrucción masiva que no le han enseñado a manejar. Y va dando cabezazos sin orden ni control, decretando sinsentidos que enfurecen a su pueblo al que el temor apenas le alcanza para mantenerse en el redil, viendo cómo las costuras del traje de emperadores venidos a más que muchos se han hecho han estallado, y serpentean arrastrándose por el suelo como peleles goyescos, atizando castigos desmesurados, olvidando promesas y ofreciendo recompensas que nunca llegan, zanahorias siempre delante de los hollares del burro… pero qué queréis, ellos creen que las personas son naturalmente resistentes al cambio y a las reformas. Y por eso el viejo orden resiste, persiste y se resiste. O eso dice Maquiavelo. Y luego están los príncipes populares ascendidos gracias a su astucia, que no a sus méritos, con los que no nos meteremos porque siempre ofenderemos antes al que amamos que al que tememos, otra frase sublime del autor.

Por favor re(leed) El príncipe, y regaladlo a los que ostenten una brizna de poder, a ver si se les abre la mollera y a nosotros el magín. Es un libro inteligente y sobre todo útil, y tengo la impresión de que Maquiavelo no lo escribió a la gloria de Lorenzo de Medici, sino para el pueblo soberano, en un intento sutil y profundo de ver si somos dignos de sus mañas y para enseñarnos a defendernos de tiranos y sátrapas de poca monta y mucho monte, adonde tiran las cabras. Entre Maquiavelo, el príncipe y el coronavirus, o los tres lados del triángulo escaleno que forman el pueblo, sus gobernantes y la pandemia, estamos varados. En este libro hallarás cómo lograr un triunvirato de ángulos rectos.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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