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La visita de la vieja dama y la alegoría del tempus coronavirus


«Clara Zachanassian: ¿Estoy en Güllen?

El jefe del tren: ¡Ha tirado usted del freno de emergencia, madame!

Clara Zachanassian: Siempre lo hago»

La visita de la vieja dama, Friedrich Dürrenmatt

Por supuesto que el jefe de tren se enfada muchísimo, hasta que la millonaria le suelta 1000 dólares para él y otros 3000 para las viudas de ferroviarios. Entonces, no solo está dispuesto a pararlo, sino a que el tren con todos sus ocupantes la esperen el tiempo que sea necesario…

Hoy nos vamos a la tragicomedia que nos sirve calentita la inteligente ironía de este autor suizo, que ya nos advierta de que «La visita de la vieja dama es una obra perversa que por tanto no debe ser interpretada con perversidad». El argumento es la vuelta de Clara Zachanassian, ya mayor, (bueno, 62 años, no es para llamarla vieja dama) a su pueblo natal para vengarse de Alfred Elías por un antiguo ultraje de juventud. Ofrece mil millones de francos suizos a cambio de ejecutar su justicia, que consiste en cargarse al susodicho. El pastel está servido y la incipiente disconformidad por cuestiones éticas pronto dará paso a delirantes y sesudos cambios de opinión colectiva para justificar el asesinato. Los habitantes de Güllen, pueblico donde sucede el drama, están empobrecidos y famélicos y esta visita con la propuesta que trae es, al fin y al cabo, una oportunidad única de salir de la miseria en un momento de crisis profunda. La panacea del reflote.., y eso lo sabe Clara y lo saben todos los que ostentan poder sobre los demás. Todas las quejas y los reparos quedan perfectamente resumidos en una sola palabra de la dama: «Esperaré».

Y en esta espera, llega la bonanza económica: todos ostentan algo nuevo, se dan pequeños lujos a cuenta de un endeudamiento que han aceptado y que deberán pagar hipotecando sus vidas... obligándolos a cometer el asesinato disfrazado de justicia, la peor de las tropelías. La vieja dama es como la plaga que ha venido para cambiar el pasado destruyéndolo, y que solo desaparecerá una vez que se haya salido con la suya y logre que reconozcamos que esta no es una sociedad justa, pero que las penas con pan son menos penas.

Así que ahora aquí estamos, a la espera de que lleguen los millones de Europa, esa vieja dama, que vienen en cuentagotas como agua de mayo a un país de sequías endémicas como el nuestro, creyendo que serán la semilla para crear ciudadanos nuevos y espléndidos, cuando en verdad se abona en campos baldíos, arrasados y esquilmados desde hace tiempo por destripaterrones del alma.

No deberíamos construir sobre las ruinas de fundamentos que ya sabemos que no sirven por estar hipotecados, sino desde cero, para que el suelo que nos sostenga y acoja nos nutra y libere, sin deberle nada a nadie.

Poderoso caballero es don Dinero.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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