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Odiseo, los viajeros y el coronavirus


«¡Ay, ay, cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde»

La Odisea, Homero.

He aquí la epopeya más famosa de la literatura, el viaje del héroe Odiseo en griego, Ulises en latín. Atribuido a Homero, este largo poema épico, que comienza in medias res para abrir boca, narra la accidentada y aventurera vuelta a casa del protagonista tras la guerra de Troya. El conflicto, las dificultades, el afán de superación y un objetivo claro vertebran la historia. Odiseo conocerá lo mejor y lo peor del ser humano y él mismo pondrá prueba sus mañas y agudezas para sobrevivir. En su camino hay sirenas de cantos engañosos, lotófagos que hacen perder la memoria (y a los que yo envidio ahora), el horrible cíclope Polifemo, la poderosa hechicera Circe, la dulce Calipso… y unos cuantos prototipos ejemplares más que, si nos paramos a mirar bien, perfectamente podríamos encontrar hoy en nuestro viaje de vuelta a la “normalidad” tras el coronavirus, una vez reunida en asamblea telemática los dioses que deciden nuestro retorno como decidieron el del héroe homérico.

Nosotros aún no hemos llegado al final de nuestra odisea, pues hasta que entendamos que no hay vuelta atrás, solo camino hacia delante en el que tendremos que aventurarnos, sortear peligros y superar pruebas con lógica y astucia, seguiremos en la lucha como el héroe. Importa no olvidar los malos tiempos, nuestra bajada al Hades, pues ahí también encontramos ayuda y consejo para el regreso a casa, a la normalidad de una vida que poder disfrutar. También fue ahí donde aprendimos las mañas para acabar, siquiera convivir, con la oscuridad de una enfermedad de inframundo, y poder acariciar de nuevo los rayos de sol de la libertad con la cara curtida y marcada por las secuelas que nos dejó este aciago periplo.

Quizás seguimos perdidos caminando sin rumbo claro, porque que nos falta el héroe tocado por los dioses que tome con fuerza el timón, alguna sabia Atenea a la que invocar para que nuestras cuitas sean escuchadas y se nos permita, por fin, volver sanos y salvos a nuestro hogar después de esta larga travesía y estancia en el Averno.

Un héroe es alguien dispuesto a arrostrar peligros sin temor, porque sabe muy bien que es el precio que debe pagar para permanecer en el recuerdo de los hombres, pues esa es, pregúntaselo a Odiseo, la auténtica inmortalidad: perdurar en la memoria de la existencia mortal, a costa de renunciar a la eternidad sin recuerdo entre las sombras de los muertos… Ver tu nombre escrito en las páginas de la historia por tus hazañas dignas de ser el origen de una nueva estirpe, libre y soberana.

Sin embargo, hay un peligro oculto en todo ello, pues si pones tus pies sobre los del héroe, y solo hollas su camino, nunca dejarás tus propias huellas.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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