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El donjuanismo, las once mil vírgenes y los problemas de traducción


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Don Juan es un idiota, porque los hombres le creen listo, las mujeres le creen guapo, los homosexuales le creen hábil, y él se cree hábil, guapo y listo»

¿Pero… hubo alguna vez once mil vírgenes?, 1930, Enrique Jardiel Poncela

Ya estaba yo tardando en abordar el temita de las consecuencias terribles de las malas traducciones. Hay miles de ejemplos, pero, tomémoslo con humor jardileano y veamos qué pasa con ese título de tantas vírgenes cristianas martirizadas por Atila, sí, ese, el chungo de los Nibelungos, que se dedicó a masacrarlas cuando lo normal sería que el ejército hubiera hecho con ellas otra cosa, que ya se sabe cómo anda la libido de los soldados en campaña y qué solían hacer con las mujeres con las que topaban. Pero claro, como en realidad eran solo once ̶ capitaneadas por santa Úrsula, de vuelta de su peregrinaje virginal por media Europa asalvajada tras haber recibido la consagración de votos como vírgenes perpetuas (glub) del papa de Roma ̶ se las encuentra Atila en tierras germanas y, coladito y rechazado por Úrsula, decide sacrificarlas a todas para pagar así su desdén y por aquello de que tan exiguo número no daría para satisfacer muchas bajas pasiones soldadescas, más bien las soliviantaría. Lo curioso es que la hagiografía y los copistas mal pagados, negros en toda regla, decidieron, confundiendo o bromeando, traducir la “m” de «XI m virginum» como miles cuando se refería a mártires. O sea, once vírgenes y pare usted de contar. Y hete aquí que de pronto tenemos un tropel de doncellas campando por la historia elevadas a la categoría de santas, con iglesia propia en Colonia.

Una vez aclarada la importancia de la traducción y la corrección en todo tipo de escritos, perdón por la apología de esta vendedora de palabras en activo, nos preguntamos qué tiene todo esto que ver con la novela de Jardiel. Pues poco más que el título satírico, muy bien hilado para poner en solfa el donjuanismo exacerbado del personaje, Pedro de Valdivia, cazador cazado por su presa, en una divertidísima parodia sobre el sexo y la estulticia masculina del conquistador atrapado por una mujer que le supera en todo, hasta en el número de amantes. Es esta una novela de humor absurdo e inteligente, llena de reflexiones y razonamientos silogísticos, procaz y sin pelos en la lengua, que además estoy segura de que no pasaría el filtro de la ultracorrección de estos tiempos; otro motivo para leerla. El autor, lúcido y visceral para según qué sensibilidades que vegetan en la furibundia empeñadas en politizarlo todo, la escribió con 30 años y en unos momentos muy convulsos e interesantes de la historia, y así hay que leerla. De hecho, para estar escrita en la España de 1930 me parece avanzadísima por la libertad de expresión y la procacidad del léxico utilizado, aparte del juego del absurdo y del papel liberal que le confiere a la mujer.

Por cierto, qué suerte tiene Colonia, pues no contenta con albergar a los Tres Reyes Magos, cuenta con una basílica llena de mozas muertas donde reza esta inscripción: «Sancta Ursulae et XI m. v.». De cual que colijo que Jardiel Poncela lo tenía meridianamente claro, y bien que lo dejó en su epitafio: «Si buscáis los máximos elogios, moríos». Se le olvidó añadir que cuantos, más mejor.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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