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La madre de Frankenstein se ha quedado huérfana


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Así comprendí que las jaulas no siempre estaban fuera, en las amenazas y los chantajes de las personas que tenían el poder. También podían estar dentro, incrustadas en el cuerpo, en el espíritu de todas las mujeres perdidas que asumían mansamente un destino que no habían elegido, solo porque otros habían decidido que lo que más les convenía era volverse decentes»

La madre de Frankenstein, 2020, Almudena Grandes

Así es como llama la autora a Aurora Carballeira, hacedora y destructora, vecina no hace tanto de la calle Galileo de Madrid, y está bien que la recordemos. Para que ninguna mente privilegiadamente inteligente vuelva a desviarse de la naturaleza y cometa un filicidio y para que ninguna mujer sea olvidada con tratamientos perversos en ningún manicomio.

Trata sobre los últimos años de Aurora, la madre de la niña prodigio Hildegart Rodríguez (merecedora de comentario aparte), pobre loca encerrada en Ciempozuelos, años enmarcados en una España gris y oscura de tiempos de silencio que a veces parecen estar escritos a cuatro manos. Una maravillosa descripción psicológica del Madrid de la década de 1950 y de los oscuros y terroríficos rincones de la mente y de las ganas de sobre(vivir); quinta entrega de los episodios grandes-galdosianos de una guerra interminable que todos perdimos.

Almudena Grandes escribe en memoria de todas. De todas las mujeres que en la época franquista perdieron la autonomía largamente peleada y de las que lucharon por recuperarla, de las que se negaron a seguir tuteladas por padres y esposos y decidieron caminar y contarlo, sin dejar de intentar vivir en libertad, y avanzar y perseverar a pesar de los obstáculos, sabiendo construir desde los desengaños, conscientes de que «un fracaso compartido une más que una victoria común», pero también de que el fin último es alcanzar la meta de la igualdad en todo, incluyendo el trato y las oportunidades. Vivir la vida.

Las historias contadas por Almudena son como su apellido, Grandes, pero sobre todo lo es esta novela llena de muchas almas de mujeres, la última que habrá… ahora que también la contadora de historias se ha despegado de la carne y ha extendido, libérrima, sus alas. La madre de Frankenstein se ha quedado sin voz que la redima y la entienda, como tantas otras a las que embozó el silencio emparedadas entre cuatro paredes, esas que tanto dolor sentían y que también tenían que aprender a recordarse, por si tuvieran que volver a recuperar ausencias con formas de invierno helándoles los huesos.

Todas somos hoy protagonistas paradójicas de Almudena, escoremos a izquierda o a derecha, nada importa más que la marea de feminidad y la conciencia de ser mujer por naturaleza, porque venimos a quedarnos, aupadas sobre los hombros de otras doblegadas por el peso de ser mujer, siendo felizmente mujer, sin permitir que los trozos de carnes cosidos hayan hecho de nosotras ningún monstruo de Frankenstein.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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