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Bertrand Russell (001). El escéptico apasionado (Y IV)


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La confianza que manifiesta Bertrand Russell, en los efecto pacificadores del psicoanálisis, es a un tiempo, opina John Gray, cómica y conmovedora. En la medida en que participa del método científico, el psicoanálisis es similar, a cualquier otra rama del conocimiento. Puede contribuir a fines buenos o malos. Si alcanzaran una mejor comprensión, de los deseos inconscientes de los seres humanos, los tiranos podrían valerse de ese conocimiento, para afianzar su poder y, los belicistas lo emplearían para enconar los conflictos. Los nazis negarían toda validez del psicoanálisis, pero recurrirían a una rudimentaria concepción, del mecanismo psicoanalítico de la proyección, para colocar a los judíos y otras minorías, en el punto de mira. La ciencia de la mente, puede convertirse en una herramienta, con la que desarrollar una tecnología represiva.

En sus aclamadas memorias, publicadas originalmente con el títulos de “My Early Beliefs”, John Maynard Keynes sostiene que Russell, profesaba dos “creencias ridículamente incompatibles: por un lado se mostraba convencido, de que todos los problemas del mundo, procedían del hecho de que los asuntos humanos, tendían a organizarse de las más irracional de las maneras y, por otro, confiaba en que la solución resultara sencilla, puesto que todo lo que había que hacer, era comportarse de forma racional”. Pero para John Gray, aunque considera una aguda observación, la opinión de Keynes, no cree que éste alcance a dar con el fundamento del error, en que incurre el racionalismo de Russell. La dificultad no estriba en el hecho de que Russell, sobrevalore la capacidad humana para el comportamiento racional, sino que radica en la circunstancia de que, según su propio planteamiento, la razón es importante.

En la carta en que comenta la obra de Russell, Joseph Conrad escribiría lo siguiente: “Nunca he podido encontrar libro ni razonamiento alguno, cuya substancia me haya convencido de tal modo, que me empujara a renegar, siquiera por un solo instante, de la acendrada percepción, que me lleva a concluir que la fatalidad gobierna el mundo, que pueblan los seres humanos”. La apasionada admiración que Russell sentía por Conrad, debía beber de otras fuentes. Una de ellas brotaba, sin duda, de la sospecha de que el fatalismo escéptico de Conrad, viniera a dar más veraz cuenta de la vida humana, que la desazonada fe que él mismo, depositaba en la razón y la ciencia.

Como reformista, Russell creía que la razón podía salvar al mundo, pero en su condición de escéptico y seguidor de Hume, sabía, en cambio, que la razón jamás alcanzaría a liberarse, de la esclavitud de las pasiones. Al escribir sus “Ensayos escépticos”, Russell asume la defensa de la duda racional. Después del tiempo pasado, opino, que hoy podemos ver en ellos una profesión de fe, el testimonio de un racionalista militante, que, sin embargo, dudaba de la capacidad de la razón.

Pues eso.

(En la foto, Bertrand Russell)

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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