Polarizados y escandalizados por la crispación
- Escrito por Gaspar Llamazares Trigo
- Publicado en Editoriales
'El gobierno está perdiendo la batalla del relato sobre los responsables de la crispación'.
Una reciente encuesta sobre la crispación política ha dejado claras las cosas. El noventa por ciento de los ciudadanos rechazan el nivel a que ha llegado la crispación política y atribuyen la responsabilidad sobre la misma a los partidos y a los políticos en exclusiva. Al parecer, consideran que nada tiene que ver el voto ciudadano, cada día más polarizado, ni el clima tóxico de las redes sociales ni la campaña maniquea de los medios de comunicación más conservadores.
Más en concreto, los encuestados ponen el foco en la ultraderecha y sorprendentemente también en el PSOE, y aunque en menor medida, en el resto de los partidos. Es decir, en la confrontación entre la anti política representada por la ultraderecha y la política tradicional asociada al PSOE, sin diferenciar su distinta naturaleza. Algo que también pone en evidencia la sobreexposición a que está sometido el Presidente del Gobierno en esta segunda mitad de la legislatura. Llama la atención el segundo plano de Unidas Podemos que puede obedecer al perfil tranquilo, amable e integrador de Yolanda Díaz, o bien a una cierta pérdida de presencia política.
En todo caso, resulta curioso que al PP le haya bastado con la reciente apariencia de moderación y la ausencia de su nuevo líder de la trifulca semanal en el Congreso y el Senado, para aparecer en un segundo plano del reparto de responsabilidades de la crispación política. La reciente decisión de Núñez Feijóo de entrar en el Senado para confrontar semanalmente sus alternativas con las del Presidente del Gobierno, puede cambiar las tornas.
Como consecuencia de lo anterior, los encuestados consideran que los partidos políticos están obligados por el contrario a conseguir grandes acuerdos y pactos de Estado en las materias socioeconómicas que más les afectan, como la inflación en los precios, y en menor medida en las institucionales como el desbloqueo del Consejo General del Poder Judicial o del Tribunal Constitucional.
Sin embargo, no parecen sentirse concernidos por la evidente relación entre la tendencia reciente del voto ciudadano, donde prima la polarización y en la que últimamente destaca una perspectiva al alza del voto antisistema ahora capitalizado por la ultraderecha, y el incremento de la crispación política que critican.
En consecuencia, tampoco reconocen la contradicción que supone su exigencia de gestión de la cada vez más profunda polarización social y electoral, evitando al tiempo la crispación y favoreciendo el acuerdo y el pacto de Estado entre las fuerzas políticas.
En otra reciente encuesta de opinión, está vez sobre el programa de espionaje Pegasus a los independentistas y al propio gobierno, los ciudadanos se pronuncian en contra del cese de la directora del CNI. De nuevo, cada vez más polarizados, la entenderían mejor si afectase más a los ministros que a los altos cargos y en particular al ministro de la Presidencia, antes que a la ministra de Defensa. De nuevo apuntan al que tiene un mayor perfil político y se deduce al que también está más cercano al Presidente del gobierno.
Entre las conclusiones que cabe hacer, es que entre los ciudadanos nadie considera que con su voto polarizado es también responsable del populismo y de una de sus expresiones: la crispación, salvo el recurso al comodín de los políticos. Por otra parte, que en materia de asunción de responsabilidades, en la lógica populista y anti política, y no solo por parte de la sobreactuación de los independentistas y de Unidas Podemos, sino también en los eufemismos como sustitutos de las explicaciones del PSOE, siempre se termina apuntando a la cabeza, aunque no siempre a la que a algunos les gustaría.
Aunque la conclusión fundamental es que el gobierno está perdiendo la batalla del relato sobre las responsabilidades de la crispación y del bloqueo de los acuerdos por parte de la oposición conservadora.
El relato de la derecha en las redes y en los medios de comunicación capitaliza mejor el agravio, el malestar social y el descontento que el de los evidentes avances en el empleo y las medidas sociales del gobierno, oculto tras los ecos de la pandemia, la guerra y el ruido de la confrontación política.
En definitiva, se percibe una suerte de nihilismo político que representa ya un grado límite de la desafección política, pero también un punto de inflexión que puede abrir espacio a la regeneración de la política.
En todo caso, es la propia política la que tiene que resolver estas contradicciones, aunque a su vez esté de capa caída en la estima de los ciudadanos. Es preciso que las medidas de regeneración política y los cambios sociales se impongan de una vez a la disputa populista del mero relato. Para ello es prioritario que el ruido interno en el gobierno y en la mayoría parlamentaria se atenúe, pero sobre todo que se maximice el mensaje de colaboración para evitar que cada piedra en el camino parezca un abismo. Por otra parte, es necesario que la voluntad de diálogo y acuerdo sea más convincente, sin que cada aproximación sea percibida por los aliados como una traición. Pero sobre todo es urgente que los cambios se comuniquen mejor y es imprescindible que a su vez los conozca y asuma como propios la red social, política y mediática con convicciones progresistas.
Gaspar Llamazares Trigo
Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.