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El estado de la nación frente al apocalipsis


(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

El gobierno progresista afronta su primer debate del estado de la nación con los resultados de las últimas elecciones autonómicas y de las encuestas en su contra, con discrepancias en su seno y con un ambiente social y político fatalista de cambio de ciclo en sentido conservador. La respuesta unilateral del presidente Sánchez en el ámbito internacional, el paquete de medidas del gobierno frente a los efectos de la inflación y el anuncio de la recuperación del diálogo con el gobierno catalán no ha surtido hasta ahora el efecto deseado de frenar la desmovilización del electorado de la izquierda.

Por otro lado, Cuca Gamarra será la portavoz del PP en el debate del estado de la nación y Núñez Feijóo asistirá al debate desde el escaño. El nuevo presidente no ha querido dar la batalla reglamentaria por intervenir como portavoz, bien sea por razones de mero cálculo de sus posibilidades dialécticas o por abundar en su imagen de moderación situándose en la cresta de la ola de las encuestas y al margen del duelo parlamentario. Un reflejo de su política de oposición como espectador y al tiempo como profeta del apocalipsis.

En realidad, hasta ahora solo ha cambiado la figura del presidente del PP, que está vez asiste desde la barrera y que en los pasillos continuará con sus monólogos habituales de datos erróneos o falsos, dentro de lo que se ha dado en denominar la realidad alternativa propia del populismo.

La realidad del nuevo PP que ha relevado a su presidente para dar una imagen de solvencia y moderación, pero que no se ha regenerado ante la lacra de la corrupción ni ha cambiado en su estrategia de desestabilización económica y de deslegitimación política e institucional frente al gobierno de coalición socialcomunista.

Una estrategia además de normalización y reparto de espacios con la extrema derecha. La normalización de la ultraderecha como aliado en el gobierno y el tándem entre la moderación del PP y la radicalidad de la ultraderecha para derrotar al gobierno de la izquierda.

El falso relato de la ruina económica de España y la profecía del próximo agravamiento de la situación, responde al diseño de una realidad alternativa apostando por las fake News y la teoría de la conspiración, con la  crisis y la recesión como profecía auto-cumplida, además del anuncio y el deseo de intervención y de rescate europeos. Esa realidad alternativa es la que está basada en el cuestionamiento de los datos oficiales de crecimiento y de empleo que avalaría que nos encaminamos a una recesión gravísima, en palabras de Núñez Feijóo. La ocultación de los datos del crecimiento y de la mejora del empleo y la acusación de despilfarro, junto al rechazo de las reformas estructurales de la legislación  laboral y de pensiones y el olvido de la reforma fiscal.

Todo ello junto a la impugnación del paquete de medidas del gobierno para paliar los efectos de la inflación, la mayoría equiparables a las del resto de los países europeos. Frente al nuevo decreto de medidas del gobierno para los trabajadores y las clases medias, la derecha esgrime de nuevo la receta milagrosa de la cura homeopática basada en la rebaja de impuestos, que de aplicarse provocaría más inflación y más desigualdad.

Solo garantiza de boquilla el apoyo al gasto militar comprometido con la OTAN, pero no compromete ningún apoyo presupuestario para 2023. La derecha de siempre: animando a que España se caiga para que ellos, los nacidos para gobernar la levanten. Los salvapatrias. Frente a la mentira y el catastrofismo, el presidente del gobierno tiene el reto de presentar un diagnóstico realista de los avances, también de las amenazas pero sobre todo de los retos de la situación económica en el marco de una situación general de incertidumbre provocada por la pandemia y por la escalada de precios provocada por la guerra a las puertas de Europa. La izquierda debe ir más allá de los datos positivos para conectar con las preocupaciones de la mayoría y para al mismo tiempo proponer soluciones compartidas y a la ofensiva a las fuerzas políticas y los agentes sociales en el marco de la política económica y energética de la Unión Europea. Europa es una de las fortalezas de la izquierda.

Para la derecha el objetivo es agitar la inflación de precios como responsabilidad exclusiva del gobierno, como antes lo fue la pandemia de la covid. Por eso continúa con los anuncios negativos sobre las inadecuadas medidas adoptadas contra la inflación, sobre la mala gestión de los fondos europeos y el insuficiente grado de cumplimiento de los compromisos de reformas estructurales, aunque los datos ni la Comisión Europea lo avalen. En ambos casos la ignorancia del contexto y la atribución al gobierno de las consecuencias de la pandemia y de la guerra. La exigencia de responsabilidad política en el ámbito nacional para problemas de carácter global. En definitiva, el nacional-populismo.

Se intenta también la amplificación de las discrepancias como signos de división del gobierno de coalición y las negociaciones parlamentarias como muestra de la inestabilidad política y de su debilidad ante las minorías, para con ello instalar la duda sobre el logro de la mayoría necesaria para los nuevos presupuestos, precisamente por parte de una derecha que se ha visto obligada a prorrogarlos tanto en el parlamento nacional como en varias CCAA donde gobierna.

Con ello, continúa también la deslegitimación del gobierno y la demonización de sus apoyos parlamentarios, con la negativa a la renovación de las instituciones buscando nuevas excusas para la obstrucción en la reforma de la ley del CGPJ y a la renovación parcial del Tribunal Constitucional. Ahora con la patrimonialización de las víctimas del terrorismo con motivo de los apoyos a ley de memoria.

Negándose además a la renovación del Consejo General del Poder Judicial para continuar controlando la justicia y el TC al máximo nivel, hasta el punto de convertirlos como en los EEUU en contrapoderes políticos a la mayoría progresista. La  judicialización de la política y la búsqueda de la crisis institucional como prolongación de la imagen falsa de la crisis de legitimidad de la izquierda y de la mayoría parlamentaria.

En última instancia también con la la teoría de la conspiración preparando la deslegitimación electoral por los cambios en Indra, el CIS y el INE. Aromas de Trumpismo. En definitiva, el PP está incorporando la estrategia populista de acceso al gobierno y pactando con Vox para derrotar al gobierno de coalición de la izquierda. Con ello, pretende la movilización del electorado de la derecha en base al prejuicio, el agravio y el resentimiento. Siempre en negativo y nunca en positivo. El objetivo sería también la agitación del malestar y con ello la desmovilización del electorado de la izquierda.

Entre tanto, en España reaparece el capitalismo del oligopolio de amiguetes y la corrupción económica, de las grandes empresas constructoras que han estado pactando y repartiéndose licitaciones durante décadas, convirtiendo la sacrosanta libre competencia y la imagen de empresa de éxito en una mascarada. También aparecen las evidencias conspiración de las cloacas del Estado profundo contra los adversarios políticos de la derecha. Dopados con financiación ilegal en la competencia electoral y además con guerra sucia para eliminar al adversario político.Y al parecer aquí no ha pasado nada. Ante el escándalo, Feijóo como heredero de la época Rajoy, relativiza la corrupción y la conspiración frente al adversario político.

Por eso la izquierda debe también salir al paso del capitalismo de amiguetes y del cinismo político retomando las iniciativas de regeneración democrática frente a cualquier tipo de corrupción.

El gobierno debe ser consciente de que la gente está agotada de tanta calamidad, incertidumbre e inseguridad y especialmente los votantes de la izquierda y que las medidas adoptadas son a todas luces  insuficientes. Por ello, además del realismo y el equilibrio como alternativa al catastrofismo de la derecha, las izquierdas deben presentarse como una garantía de sensibilidad social ante los efectos de la inflación con políticas fiscales, sociales y de financiación autonómica y municipal más decididas, pero también como sinónimo de estabilidad política, tanto en el seno del gobierno como en el parlamento, con la renovación de los acuerdos suscritos y una mejor gestión de las diferencias. La izquierda debe evitar dar una imagen de lío y de división. Debe cumplir con sus compromisos y explicarlo sin estridencias.

 

Médico de formación, fue Coordinador General de Izquierda Unida hasta 2008, diputado por Asturias y Madrid en las Cortes Generales de 2000 a 2015.


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