Final de curso (casi) y exámenes finales: un año después…
- Escrito por María Pilar Úcar Ventura
- Publicado en Educación
Quién nos lo iba a decir cuando el año pasado los médicos daban palos de ciego para cortar las alas al bicho ese “covidiano” (¿masculino?, ¿femenino?, ¿neutro?), inoculando a los enfermos contagiados sustancias líquidas contra la malaria, el tifus, el tétanos y hasta la fiebre amarilla. Y ahora se sufren las secuelas de aquellos ensayos, algunos con más éxito que otros; había que intentarlo y se pusieron…¡¡manos a la obra!!
Parece que la vía se va despejando y se abre un panorama esperanzador y algo menos inquietante con la irrupción de toda la gama y la galería vacunológica. Nos hemos familiarizado con sus nombres, procedencia, dosis, reacción y efectos adversos, con el negacionismo y también con el “dale ya” ¡ponme la que tengas!
Nuestros estudiantes se fueron a sus casas antes de acabar el curso, a hacer los exámenes en remoto, a entregar sus trabajos en plataformas informáticas…ni celebraciones en el campus, ni fiesta de final de curso, ni graduación, ni ná de ná.
Bueno, casi, porque quisimos e intentamos dar esquinazo a los malos augurios que se atisbaban para el verano y ganarle la partida al virus; algo sí hicimos: excursiones, viajes más o menos largos por la península y las islas, alguna escapada al extranjero y…¡¡llegó Paco con las rebajas!! Soldes y Sales de final de temporada: vuelta a empezar como si de una cucaña se tratara, a hacer malabarismos y cabriolas con el oleaje que nos invadía hasta ahora que vamos por…¿la quinta? Con repuntes y picos…Pero ya prácticamente no se habla de esos temas; nos afanamos con denodada fruición en organizar planes de ocio, en reservar con inusitada virulencia itinerarios, trayectos, cruceros y aventuras: lo que se quedó en aguas de borrajas, toca cobrárselo; sentimos que nos han arrebatado nuestro tiempo y hay que recuperarlo: ¡¡volver a salir!! Alguien me dijo: ni que antes fuéramos Marco Polo. Y le asiste la razón.
Ahora bien, mientras pasa el tiempo, algunos lo sobrepasan y otros se quedan en el camino- es el propio devenir vital-, reflexiono sobre lo caduco y lo eventual de todo o de casi todo, hasta del recuerdo y la memoria que tanto elogió Manrique en las “coplas a la muerte de su padre”. Fugaz y frugal como un tentempié. Como un curso y otro más.
Nos aferramos a un resquicio por mínimo que sea para sobrevivir y rescatar la tan manida normalidad, la del año pasado, pero por muy paradójico que resulte, ya no es, ya no existe ni normal ni anormal: el pasado, pasó.
Cuestiones filosóficas al margen, los estudiantes han vuelto enmascarillados a las aulas, realizan sus exámenes finales para superar las asignaturas impartidas presencialmente y en remoto, y acaban sus “tefegés” y sus trabajos finales. Ha llegado. Un año más. Final de curso.
Y me consta que nos sentimos agotados, exhaustos (un adjetivo amortizado por los medios últimamente). Se ha acuñado la expresión “cansancio pandémico” y “fatiga de la pandemia” y analizo la polisemia de la preposición “de” tan escueta y tan mínima y tan intensa; sirve para expresar tiempo, modo, causa, origen, contenido…todo un compendio de valores y significados que cobran sentido a pesar de su pequeñez.
Es cierto que el nivel de hartura se acrecienta en esta primavera asténica. Me dirijo a tantos docentes que han peleado contra molinos de viento, han largado mandobles a duendes que crecían no se sabe muy bien de dónde, han esquivado a hechiceros que vendían pócimas mágicas, y al final, la profesión y la vocación se han impuesto en la marabunta del atosigamiento pandémico.
Estamos sin resuello y con poco fuelle, pero ya atisbamos nuevos planes y posibles mejoras para el próximo curso. Es nuestro quehacer, preparar un nuevo curso cuando a este le queda poco por finiquitar. En esto se devanan los sesos mientras vigilamos con parsimonia y calma y aburrimiento también, los exámenes finales.
Un último esfuerzo: algo más de aire y coger: inhalar ganas para llegar a la orilla a pesar de las fuerzas mermadas pero con la ilusión del deber cumplido. Lo vamos a lograr y así tiene que ser. Y mucho ánimo porque aún nos queda corregir, revisar y calificar.
Hace un año… y hoy ya es final de curso (casi).
María Pilar Úcar Ventura
Doctora en Ciencias de la Educación, Licenciada en Filología Hispánica y Diplomada en Filología francesa. Actualmente Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid) donde ha desarrollado distintas responsabilidades de gestión.
Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España y en universidades extranjeras, entre otras: Wharton College, en la School of Law de Seattle University, Université de Strasbourg, y desde 2002, es profesora invitada en la Copenhagen Bussiness School de Dinamarca, en el Tecnológico de Monterrey (México), en la UNAM de DF (México) y en la Universidad de Ginebra (Suiza). Forma parte del claustro de la Universidad de Maroua en Camerún.
Destacan entre sus publicaciones, Con eñe, Lengua y Cultura españolas; Cuadernos didácticos para el guión de cine (C.D.G.); En el aula de Lengua y Cultura; Idea y redacción: Taller de escritura, y ediciones críticas de diferentes obras literarias enfocadas a la enseñanza: La tesis de Nancy, El conde Lucanor, Romancero, Fuenteovejuna…
Asiste como ponente invitada a congresos internacionales, entre los que destaca el último celebrado en La Habana sobre Lingüística y Literatura. Ha participado en la Comisión para la Modernización del lenguaje jurídico del Ministerio de Justicia y en diferentes Jornadas de Innovación docente. Dicta conferencias y publica artículos sobre la interconexión lingüística en traducción.
Su investigación se centra en la metodología de la enseñanza del español (lenguaje para fines específicos) y análisis del discurso.
Actualmente coordina el proyecto de investigación Violencia y Magia en el cuento infantil y forma parte del programa Aglaya sobre la investigación en mitocrítica cultural.