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Qué es el ‘pensamiento visible’ y cómo se puede aplicar en el aula


  • Escrito por Gastón Sanglier Contreras
  • Publicado en Educación
Shutterstock / ESB Professional Shutterstock / ESB Professional

En los últimos años se habla cada vez más de enseñar a pensar, aprendizaje basado en el pensamiento (ABP), aprendizaje basado en la comprensión (ABC). ¿Por qué tanta insistencia en este asunto? ¿No es lo que ya hacíamos en la escuela: pensar y enseñar a pensar y a comprender?

La transformación que actualmente está viviendo el sistema educativo necesita unos docentes que sean capaces de desarrollar en las aulas competencias de aprendizaje permanente. Esas competencias son las que permitirán a su alumnado adaptarse a las exigencias del siglo XXI.

¿Están preparados los docentes del siglo XXI para adoptar nuevos enfoques en las diferentes etapas educativas? ¿Qué significado tienen estos cambios para los estudiantes?

Aprendizaje y pensamiento profundo

El aprendizaje es significativo cuando es el resultado de un pensamiento profundo. Por este motivo, hemos de tener presente la cultura del pensamiento en las aulas. El trabajo sistemático del pensamiento se incorpora al proceso de enseñanza y aprendizaje a través de sus ocho fuerzas culturales, también denominadas rutinas del pensamiento, que veremos más adelante. Son ocho rutinas que predisponen a la mente para el aprendizaje, y que crean en el aula el pensamiento “visible”.

El pensamiento visible trata de la representación observable que apoya el desarrollo del pensamiento y sus movimientos para generar, clasificar o profundizar en las ideas, preguntas, razones o reflexiones de un individuo o grupo.

El pensamiento profundo se centra en la comprensión y en cómo se puede aplicar y fijar un aprendizaje para siempre. Ambas formas de pensamiento se complementan y son muy necesarias en el aprendizaje global de los estudiantes.

El objetivo del pensamiento visible es lograr integrar el desarrollo del pensamiento de los estudiantes con el aprendizaje de los diferentes contenidos curriculares, en cualquier etapa educativa, desde la educación básica hasta la educación superior.

Enseñar a pensar

Un requisito para enseñar a pensar es que el docente sea consciente de los procesos de pensamiento que demanda o promueve en su aula. Es lo que denominamos capacidad metacognitiva: nos referimos al conocimiento, concienciación, control y naturaleza de los procesos de aprendizaje que puede ser desarrollado mediante experiencias de aprendizaje enfocadas a conseguir una serie de objetivos.

Los docentes más metacognitivos favorecerán un alumnado más metacognitivo. La capacidad metacognitiva es una competencia docente clave para instaurar el Aprendizaje Basado en el Pensamiento (ABP) en las aulas. Para que los docentes puedan llevar a la práctica la creación de una cultura del pensamiento, es vital que desarrollen la capacidad de cuestionarse su propio pensamiento. Por tanto, necesitamos una adecuada formación de los docentes y futuros docentes en este tema.

Pensar es un proceso cognitivo general que incluye movimientos del pensamiento más específicos como, por ejemplo, tener diferentes puntos de vista, preguntas biunívocas entre alumno y profesor, conexiones entre contenidos entre las partes implicadas, etc.

Las rutinas del pensamiento

Todos estos procesos se trabajan cuando usamos rutinas del pensamiento. La aplicación de estas sencillas rutinas en el aula es una de las formas de promover el pensamiento de nuestros alumnos en la clase. Los docentes debemos implantar una cultura del pensamiento en el aula, y para ello debemos fomentar ocho fuerzas culturales, que son:

  • Dar tiempo para pensar y reflexionar

  • Ser buen modelo de pensamiento para nuestro alumnado

  • Usar un lenguaje relacionado con el pensamiento

  • Visibilizar las expectativas del profesorado y alumnado

  • Propiciar buenas oportunidades de aprendizaje y pensamiento

  • Fomentar la interacción en el aula

  • Crear un ambiente adecuado para pensar

  • Usar rutinas de pensamiento

Sin miedo a equivocarse

Una vez tenemos las fortalezas para implantar la cultura del pensamiento, debemos ser un poco selectivos para elegir con qué cosas nos quedamos. Fomentar y respetar la participación de los estudiantes ayuda a que, desde sus inicios como estudiantes, verbalicen sus pensamientos sin miedo a equivocarse.

Los niños son auténticos pensadores y tenemos que procurar que se expresen de forma natural: si no somos capaces de conseguir esto, podría llevarnos a un fracaso escolar con graves consecuencias para nuestro sistema educativo.

Promover la escucha activa es importante desde la juventud: no es lo mismo oír que escuchar, y menos escuchar de modo activo, entendiendo y comprendiendo lo que dicen sus compañeros. De suma importancia es saber provocar oportunidades globales de aprendizaje: un aprendizaje basado en proyectos, con la aplicación de la metodología del pensamiento visible, sería una mezcla idónea.

¿Y qué dice el docente?

¿Están preparados los docentes para enseñar a pensar? Los docentes tenemos por delante recorrido y tiempo para ponernos manos a la obra. Al igual que hemos aprendido a que los estudiantes adquieran los conocimientos mínimos necesarios para superar una materia, y también a investigar, aprenderemos a mejorar cómo enseñar a pensar con una adecuada formación del profesorado.

Los docentes, en el fondo, tenemos ya cierta formación en este tema, aunque no la conocemos con estos nombres y así sistematizada. Será fundamental el apoyo y el acompañamiento de sus responsables académicos en todos los procesos de cambio e innovación para conseguir implantar en las aulas este tipo de metodologías. La innovación docente y educativa es una realidad, si existe formación conectada con la práctica docente. En este sentido, creo que la unión entre la universidad y la escuela puede facilitar experiencias y modos de aprendizaje muy enriquecedoras para todos.

La comunidad educativa (Universidad y Escuela) demanda un cambio en una sociedad que se está transformando a un ritmo vertiginoso. No sabemos qué nos espera ni a corto ni a largo plazo. El cambio ya se está produciendo, y tanto los docentes como los estudiantes ya son conscientes de ello.

Determinados acontecimientos internacionales como el terrorismo, determinadas políticas migratorias discriminatorias, la lucha de clases en la sociedad, la marginación, el tercer mundo, etcétera, nos ponen en alerta de que cada vez es más necesaria la formación de escuelas de pensadores, no pasivos sino críticos, que aporten en todos los ámbitos de la sociedad.The Conversation

Gastón Sanglier Contreras, Profesor Titular del Área de Ingeniería de la Construcción (Responsable), Universidad CEU San Pablo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation