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Deberes: ¿para qué?


  • Escrito por Susana Rodríguez Martínez y Tania Vieites Lestón
  • Publicado en Educación
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)
Shutterstock / Fernanda_Reyes Shutterstock / Fernanda_Reyes

Muchos docentes y familias consideran que las tareas escolares que se prescriben para hacer en casa sirven para consolidar conocimientos y repasar lo trabajado en el aula.

Pero en realidad los deberes escolares bien planteados contribuyen a alcanzar objetivos medulares del currículo actual de nuestro sistema educativo, más allá de la consolidación o repaso de lo explicado en clase.

Para que las tareas estén planteadas de manera eficaz y sean útiles, no solo hay que tener en cuenta el contenido de las mismas, sino la forma tanto de prescribirlas (y aquí el lenguaje que utilicemos para encargar los deberes es importante, como explicamos a continuación) como de corregirlas.

El compromiso autónomo del estudiante

Como recurso educativo, los deberes tienen una singularidad: encarnan el compromiso autónomo del estudiante. Por ello, una prescripción reflexionada de tareas debería fomentar la autonomía, la autorregulación y la implicación del alumnado.

Efectivamente, disponemos de evidencias empíricas que muestran que el estudiante o la estudiante que hace deberes acaba organizando mejor sus materiales y su tiempo de estudio, rehúye menos sus obligaciones académicas y se mantiene más comprometido con la actividad lectiva en el colegio que aquel al que no se le prescriben deberes.

Un eje escuela-hogar

Es posible que los alumnos y sus familias, e incluso muchos docentes, no confíen en los beneficios de hacer deberes a largo plazo, o cuestionen la mera necesidad de estas tareas cuando se prescriben para repasar o practicar.

Sin embargo, plantear deberes de calidad que tengan por objeto favorecer el compromiso escolar y promover la autonomía y autorregulación del estudiante en su proceso de aprendizaje tiene una segunda utilidad. Puede abonar un verdadero espacio compartido escuela-hogar, donde cada uno de los agentes desarrolla su papel en una misma dirección.

¿Cómo son los deberes de calidad?

Para que los deberes fomenten realmente la autonomía, el sentido de la responsabilidad y el compromiso con la escuela es imprescindible que cumplan con estos requisitos:

  1. Ser percibidos por el alumnado como útiles y valiosos para su progreso académico.

  2. Tener un propósito claro y ser suficientemente variados.

  3. Servir para que los estudiantes se autoevalúen.

  4. Contribuir a mejorar la planificación y la gestión de recursos como el tiempo.

Más allá del repaso

Implementar estos principios supone que la prescripción de deberes no se limite a tareas de repaso.

Las tareas tradicionales de repaso incluyen:

  1. Seleccionar.

  2. Reconocer.

  3. Diferenciar.

  4. Identificar.

  5. Escribir definiciones, conceptos o procedimientos.

La idea es tender a equilibrar el tipo de tareas incluyendo proporciones similares de tareas de organización:

  1. Ordenar ideas/tipos.

  2. Describir secuencias.

  3. Construir tablas de clasificación.

  4. Elaborar esquemas, diagramas de pasos o secuencias.

Y tareas de elaboración del tipo:

  1. Parafrasear.

  2. Ejemplificar.

  3. Resolver problemas novedosos.

  4. Elaborar explicaciones para otros.

  5. Construir historias o problemas.

  6. Suponer información no explícita.

  7. Resolver situaciones nuevas.

  8. Argumentar opiniones o defender posiciones.

También es importante tener en cuenta las tareas pretema, que favorecen la curiosidad de los estudiantes e informan al docente sobre sus conocimientos previos.

La importancia de las palabras

Por otra parte, las tareas que se mandan para hacer en casa deberían describirse en función del trabajo mental que implican: redactar, resolver, marcar, repasar. También, del contenido que abordan (adjetivos, problema de ecuaciones, anfibios, periodos históricos).

Para este objetivo, es importante superar la práctica común de prescribir tareas de la siguiente manera:

“Ejercicio 2 de la página 32 de Lengua”.

En su lugar, es mejor optar por la descripción explícita de la operación cognitiva que se requiere (ejercicio de diferenciar) y del contenido que se trabaja (adjetivos y adverbios).

Debemos cerciorarnos de que el alumnado conoce su utilidad, interés, importancia y aplicabilidad. Es decir: esta tarea sirve para calcular áreas o hablar en público, cuenta para la nota final, entra en el examen, se expondrán los mejores, etc.

Corregir para motivar

Finalmente, con objeto de dar oportunidad para el autonocimiento y la gestión de los propios recursos por parte de los aprendices, las tareas deberían prescribirse y corregirse con una cadencia semanal.

Lo ideal es establecer explícitamente una corrección lo más individualizada posible. La retroalimentación informativa debe dejar claros los aspectos a mejorar. Pero también es importante que sirva para motivar, y que los elogios y las críticas se centren en cuestiones controlables por el estudiante, como el esfuerzo o la dedicación.

La gestión del tiempo

La realización de tareas escolares en el hogar requiere de habilidades para organizar el entorno, administrar y gestionar el tiempo, concentrar la atención y controlar la motivación y las emociones. Este conjunto de destrezas habitualmente se asume, pero raramente se examinan ni se enseñan.

En este sentido, la cadencia semanal de deberes sirve para favorecer tanto la toma de conciencia del uso del tiempo de los aprendices como su organización.

Para atenuar la intrusión de la escuela en el horario no lectivo del alumnado, se les debe animar desde el aula a particularizar las franjas horarias de trabajo en el hogar.

Concretar objetivos comprometiendo fechas y horas no solo incrementa el número de estrategias que pueden llegar a emplearse para abordar las tareas, sino que crea oportunidades para que el aprendiz detecte dificultades y arbitre soluciones. Esto contribuirá a la planificación del tiempo y el entorno de trabajo en el hogar.The Conversation

Susana Rodríguez Martínez, Titular de Universidad, Universidade da Coruña y Tania Vieites Lestón, Profesora Departamento de Psicología, Universidade da Coruña

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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