De la validación al malestar: así están las redes sociales condicionando la salud mental juvenil
- Escrito por La redacción
- Publicado en Actualidad
La necesidad constante de compararse, la búsqueda de validación a través de los “me gusta” y el temor a quedarse fuera pueden dañar la autoestima, alterar los patrones de descanso e incrementar el riesgo de ansiedad y depresión en los adolescentes.
“El problema no está en las redes como tal, sino en el uso que los adolescentes hacen de ellas para medir su valía personal y regular sus emociones. Esa necesidad de aprobación digital puede provocar un desgaste emocional considerable y facilitar la aparición de cuadros de ansiedad y depresión”, explica Ana Herrera, trabajadora social de Esvidas.
La hiperconexión puede provocar que las redes sociales dejen de ser un simple pasatiempo y pasen a convertirse en un espacio donde muchos adolescentes persiguen la aprobación de los demás, comparan sin descanso su vida con la ajena y calculan su propia valía en función de las reacciones que reciben online.
Así se pone en marcha una rueda difícil de detener: a mayor comparación, mayor necesidad de aprobación, más horas de conexión y un desgaste emocional creciente.
A todo ello se suma el FOMO (el temor a quedarse fuera), que mantiene a numerosos jóvenes pendientes de las redes incluso en los momentos en que deberían desconectar. El descanso se ve afectado, crece la sensación de alerta constante y se complica gestionar determinadas emociones.
Con el paso del tiempo, esta hiperconexión puede traducirse en comportamientos como revisar el móvil de manera compulsiva, sentir ansiedad al no poder acceder a las plataformas, dar prioridad a los vínculos virtuales o recurrir a las redes como vía para afrontar emociones complicadas.
"La hiperconexión funciona como un círculo que intensifica la dependencia emocional del entorno digital. Cuanto más buscan alivio en las redes, mayor es el agotamiento y la ansiedad que sienten al desconectarse", sostiene Adrián Gallardo, director terapéutico de Esvidas.
Para muchos jóvenes, las redes sociales son ya una parte inseparable de la rutina diaria. Según un estudio de Línea Directa, los adolescentes de la generación Z pasan más de siete horas al día conectados al móvil, alrededor de cuatro de ellas en redes sociales, y uno de cada cuatro llega a superar las ocho horas diarias.
Esta hiperconexión, junto con el uso excesivo de estas plataformas, está vinculada a un aumento de la sintomatología ansiosa y depresiva.
A ello hay que añadir que, según Save the Children, un 17 % de los jóvenes experimenta ansiedad cuando se queda sin acceso al móvil. A esto se suma que casi cuatro de cada diez recurren a filtros y un 64 % solo publica sus momentos más felices, lo que alimenta comparaciones difíciles de sobrellevar y ofrece una visión distorsionada de la vida cotidiana en redes.
Desde el ámbito profesional se insiste en la importancia de fijar límites de uso, cuidar los tiempos de descanso y enseñar a los adolescentes a interpretar críticamente lo que consumen en redes. La meta no es demonizar la tecnología, sino construir con ella una relación más equilibrada.
La hiperconexión va más allá del tiempo dedicado a la pantalla: afecta directamente al bienestar emocional. Recuperar el ocio sin dispositivos, cultivar los vínculos fuera del mundo digital y aprender a desconectar son piezas clave para evitar que las redes acaben ganando cada vez más terreno en la vida de los más jóvenes.
La redacción
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