Durante muchos meses he evitado escribir sobre Díaz Ayuso por dos razones: una, porque, en mi opinión, era darle una publicidad inmerecida e innecesaria que genera hartazgo, y es que, todo lo que ella dice, por el hecho de estar en Madrid, se convierte en importante para los medios de comunicación, aunque sea una supina tontería, y España es muchísimo más que Madrid (nadie se imagina que algún presidente autonómico tuviera tantos titulares con tan poca miga). Y, dos, porque me resulta difícil calificar a este personaje, y procuro emitir opiniones razonadas (aunque siempre no lo consiga), pero en este caso, tengo mi razón alborotada ante este huracán de despropósitos que es Isabel. Lo más educado que podría decirle es que es digna heredera de Trump, pero seguramente eso le haría sentirse orgullosa.