Librerías, cultura y ciudades
- Escrito por Jacobo Baquero Cruz
- Publicado en Cultura
Con la Feria del Libro de Madrid ya en su ecuador, el mercado del libro parece crecer en nuestro país. De un año a otro se ha vendido un 6,3 % más, llegando a los 3.037,51 millones de euros en ventas. Aquí se incluye desde la ficción hasta la literatura infantil, pasando por el gran negocio de los libros de texto.
¿Se ha recuperado el sector? Parece que sí, por lo menos en cuanto a ventas totales. Pero no todos se benefician por igual, ya que este mercado está dominado por grandes grupos editoriales y grandes cadenas de librerías, que cuentan con un enorme músculo financiero. No hace falta mencionar las grandes empresas que dominan el sector. El eslabón más débil lo forman las pequeñas editoriales y las librerías independientes, que representan una parte importante del mercado, pero que, al estar muy atomizado, son las primeras en caer cuando llega una gran crisis.
No hay más que acordarse de la crisis económica generada por la COVID-19. Además, en las grandes ciudades las librerías tienen otro hándicap: los alquileres, que aumentan de forma desorbitada. Si quienes no trabajan en el sector conocieran las cifras reales, entenderían por qué la librería Tipos Infames, en Madrid, cerró debido a una subida de los alquileres más allá de lo razonable.
Hay que recordar que el libro, si exceptuamos el libro de texto, tiene un precio fijo, sobre el que solo se puede aplicar un descuento máximo del 5 %, ampliable al 10 % en ferias y durante el Día del Libro. Si el alquiler aumenta de manera desproporcionada y tus ingresos solo crecen de forma moderada —algo que ocurre no solo con las viviendas, sino también con los locales comerciales—, los números dejan de cuadrar y el cierre acaba siendo inevitable.
También conviene recordar que la Librería Central tuvo que trasladarse a un local más pequeño en la misma calle porque el propietario le subió el alquiler. Y eso le ocurrió a una librería perteneciente a un gran grupo empresarial.
Por eso muchas librerías han tenido que reinventarse y convertirse en algo más que simples puntos de venta de libros. Han pasado a ser centros culturales que organizan todo tipo de eventos: presentaciones, charlas, conciertos o exposiciones. Además, muchas incorporaron hace tiempo cafeterías o bares en su interior y comenzaron a vender merchandising como complemento de su actividad.
Las editoriales independientes tampoco lo tienen más fácil. Aquellas que consiguen encontrar un autor capaz de salvarles el año se enfrentan a un problema añadido: los grandes grupos, gracias a su capacidad financiera, pueden ofrecer cantidades muy superiores y arrebatarles en un abrir y cerrar de ojos a su particular «gallina de los huevos de oro».
La primera vez que vi una librería con una cafetería en su interior fue en Nueva York. Era una cadena enorme, con cuatro o cinco plantas, y me quedé fascinado al pensar en el impulso que podría recibir el sector editorial si las librerías dispusieran de espacios similares. Sin embargo, cuando estuve en Buenos Aires quedé todavía más impresionado por la fuerza cultural de aquella ciudad. Ni siquiera la suma de Madrid y Barcelona alcanza el nivel de dinamismo cultural que allí se respira.
Vi el mismo modelo de negocio que en Estados Unidos, pero con un añadido: muchas librerías, además de contar con una cafetería, permanecían abiertas hasta las dos de la madrugada. Esa es una vida cultural que deberíamos importar a España y de la que podríamos aprender mucho de nuestros hermanos argentinos. Son centros culturales donde uno puede tomar algo, conversar, descubrir novedades editoriales, asistir a una presentación, escuchar una charla, participar en un evento o simplemente disfrutar de la música.
Las librerías son agentes dinamizadores de las ciudades. Cuando organizan este tipo de actividades, además de ser un negocio, se convierten en actores culturales de primer orden para el desarrollo urbano, en focos intelectuales y en pequeños centros del saber y de la socialización.
Pensemos por un momento en un mundo dominado exclusivamente por el comercio electrónico. Para empezar, desaparecería gran parte de la vida en las calles. Se perderían miles de empleos, con la consiguiente crisis social y económica. Viviríamos en una especie de Matrix, encerrados en nuestras casas y privados de una de las características que nos hacen humanos: la socialización. Necesitamos estar con otras personas.
Por todo ello, las librerías desempeñan una labor fundamental como espacios de conocimiento y convivencia. Más que nunca, os recomiendo visitarlas y apoyarlas, porque también contribuyen a construirnos como ciudadanos.
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