Las empresas participan cada vez más en el diseño de los grados para reducir la distancia entre universidad y mercado laboral
- Escrito por La redacción
- Publicado en Capital
La universidad lleva décadas formando a profesionales con una sólida base académica. Sin embargo, la rapidez con la que evolucionan sectores como la industria farmacéutica, la biotecnología o la tecnología sanitaria está obligando a repensar cómo se diseñan los programas universitarios.
Nuevas áreas como la inteligencia artificial aplicada a la salud, la medicina personalizada, la regulación europea, la salud digital o los dispositivos médicos han transformado las competencias que demandan las empresas en apenas unos años.
Como consecuencia, cada vez son más las universidades que incorporan a compañías y profesionales del sector en el diseño de los planes de estudio para asegurar que la formación evoluciona al mismo ritmo que la industria.
Del aula a la empresa, una colaboración cada vez más estrecha
Esta colaboración puede adoptar diferentes formas: participación de directivos y expertos en la definición de contenidos, profesorado en activo, proyectos con empresas, prácticas curriculares o programas desarrollados conjuntamente entre universidad e industria.
El objetivo no es sustituir el conocimiento académico, sino complementarlo con una visión práctica que permita a los estudiantes comprender cómo funciona realmente el sector al que quieren incorporarse.
"Las empresas conocen antes que nadie las competencias que van a necesitar dentro de cinco años. Incorporar esa visión al diseño de los grados ayuda a reducir el desfase entre la formación y la realidad profesional", explica Irene Campo, cofundadora de Farma Leaders Talento.
El reto ya no es solo formar profesionales, sino prepararlos para profesiones que evolucionan constantemente
La transformación del sector salud está generando perfiles cada vez más híbridos, donde conviven conocimientos científicos con capacidades regulatorias, digitales, tecnológicas y de negocio.
Según Farma Leaders Talento, muchas compañías valoran hoy competencias que hace apenas una década apenas existían dentro de los planes universitarios, como el manejo de datos sanitarios, la farmacovigilancia, el acceso al mercado, la regulación europea o la comunicación científica.
Por ello, los modelos formativos que mantienen una relación permanente con la industria pueden actualizar con mayor rapidez sus contenidos y adaptarse a las nuevas necesidades del mercado.
La universidad mantiene su papel, pero cambia la forma de conectar con el mercado
Los expertos coinciden en que esta tendencia no supone que las empresas sustituyan el papel de la universidad, sino que ambas colaboren para ofrecer una formación más conectada con la realidad profesional.
En un contexto en el que la innovación científica, la digitalización y la regulación transforman constantemente el sector salud, esa colaboración puede convertirse en una de las principales herramientas para mejorar la empleabilidad de los futuros profesionales.
"Nuestro objetivo no era crear un grado más, como Bliss, sino construir un programa que responda a las necesidades reales de un sector que evoluciona continuamente y que necesita profesionales preparados para desenvolverse en entornos multidisciplinares", señala Campo.
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