Humorista multidisciplinar: Guionista de televisión y viñetista desde los tiempos de “Diario 16”. La realidad no sólo supera a la caricatura sino también al dibujante.
"Qué bello es vivir" (1946) es la película navideña por antonomasia, un emblema, parte de la educación emocional de muchos chavales que nochebuena a nochebuena, entre sus doce y treinta y pico años, se han tomado su visionado como un acto de fe, o bien se han dejado llevar por el tintineo de la famosa campanita en el árbol; ese que te indica que, por haberte tragado la peli una vez más, un ángel ha ganado sus alas. Pero "Qué bello es vivir" es también el gran fracaso de Capra, el principio del fin de un cineasta crucial en la cultura yanqui (y por extensión, occidental), aún cuando gracias a la televisión su influjo no haya hecho más que crecer, y siga en perpetua rehabilitación, como corresponde a un auténtico clásico.
Estamos de enhorabuena. A pesar de linchadores y linchadoras, catetos y catetas (hay que avanzar en el lenguaje inclusivo), Woody no se ha convertido todavía en cosa del pasado, a no ser que queramos referirnos a ese personaje suyo mil veces re-encarnado que añora una nostalgia de tiempo no vivido para escapar de una realidad árida, o quizá sólo para ver si en una de estas el mundo en que se mueve coge perspectiva y sentido.
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