Lucio, el burro y Apuleyo
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Tenga cuidado de no conseguir con la excesiva dulzura de la miel al larga amargura de la bilis»
El asno de oro o Las metamorfosis, s. II e. c., Apuleyo
Ciudadano romano de origen bereber, de Numidia, viajero e interesado en aprender, Apuleyo recorrió varios países para profundizar en conocimientos filosóficos, religiosos, científicos y retóricos que verterá en su novela El asno de oro, por cierto, la única obra latina que nos ha llegado completa, y que está considerada, en cierta manera, como el antecedente de la novela picaresca que triunfaría siglos después. No es una obra completamente original, ya que se supone que es una adaptación libre de un texto en griego perdido, aunque sí se conserva otra obra titulada Lucio o el asno que parece ser un epítome de la anterior… Da igual, el mérito es todo tuyo, Apuleyo.
Que la metamorfosis de Lucio se produzca en plural es debido a los cambios que va sufriendo a lo largo del relato, porque no es solo una metamorfosis en burro, sino más bien una espiral de cambios en función de las vivencias y los apuros que sufre Lucio hasta alcanzar la transmutación final, gracias a un proceso de iniciación vinculado a los misterios de Isis. Y aquí tenemos dos opciones: leerla como la novela divertida, irreverente, cruda y carnal que es, o ir un poquito más allá y entenderla como una vía filosófica de transformación del ser humano, dado que esta fábula, como tal, va mucho más allá de lo carnal y picaresco porque trata sobre la metamorfosis y la redención a través del amor y del conocimiento, no nos confundamos, aparte de la profunda (y divertida) crítica social de un mundo rodeado de seres más brutos que un burro y de un asno más sensato y piadoso que estos. Contiene mucho más Platón que prozac; es todo un adagio de la rosa transmutadora en conciencia elevada por el amor y la luz de la creencia. El asno es de oro, como todo lo que tocaba el rey Midas (no se transmutó, pero llevaba orejas de burro que escondía en un capirote), porque el oro tiene valor pero también puede convertirse en tu perdición, y viceversa.
Asimismo, topamos con la figura de la vieja correveidile, más tarde llamada celestina, medio alcahueta medio bruja, proporcionadora de amantes y jolgorios varios a mujeres y hombres dispuestos a pagar el precio, pero además contiene relatos dentro de la misma novela, como el maravilloso cuento en el centro de la obra de Psique y Cupido, y otras fábulas milesias de corte socrático y relatos dotados de un profundo conocimiento de los cultos mistéricos (en este caso de Isis, a la que el propio Apuleyo seguía) y la magia, que al fin y al cabo, es la que hace posible convertir al joven Lucio en asno, aunque sea por error, no sin antes pagar su precio pasándolas canutas al ser sucesivamente vendido a diferentes amos a cual de más baja estofa humana y moral. Con un episodio de casi zoofilia incluido. Vamos, que no sé cómo aún no está prohibida con nuestra nueva tendencia de indignarnos por casi todo. Por si acaso, más vale apresurarse antes de que aparezca la vieja del visillo de turno y te amargue o impida su gustosa lectura. Habrá que darse prisa y degustar esta fábula de fábulas e historias inmersas en un corpus ameno como la vida misma. Y que te quiten lo bailado.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.