‘Mitridate’: como odiar a un padre
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
En 1770 Mozart estrenaba 'Mitridate, re di Ponto' sobre libreto de Vittorio Amadeo Cigna-Santi que se inspiraba en la traducción de una obra de Racine. Lo verdaderamente deslumbrante es que esa partitura fuera capaz de hacerla un adolescente de catorce años como los que tenía Mozart cuando la escribió, dándonos una perspectiva de su inmensa y temprana genialidad. Su argumento seguía las líneas de los temas de la época barroca con historias de la Antigüedad, mitológicas o bíblicas. En este caso con un trazado donde aparecía el mito de Edipo antes de que lo definiera Freud , pero también el de Fedra.
En su origen 'Mitridate, rey de Ponto' describe el choque entre un padre y sus hijos a través de una compleja relación en la que se mezcla el ansia de poder, la rivalidad, el odio al padre, la ambición, la traición, el deseo y la infidelidad, en un momento en el que los poderosos romanos asedian el reino. El alemán de Munich Claus Guth en esta nueva producción del Teatro Real con la Ópera de Frankfurt, el Liceu de Barcelona y el San Carlo de Nápoles reinventa totalmente el argumento desde el punto de vista teatral sin cambiar una sola nota ni un texto del original. Sitúa la acción en los años 60 del pasado siglo en la mansión de un destacado hombre de negocios donde se desata una acción desbordante.
Guth del que se han visto diversos montajes en el Real, entre ellos 'Lucio Silla' (2017), 'Don Giovanni' (2020), 'La nozze di Figaro' (2022) y 'Orlando' (2023) tiene una querencia por los escenarios giratorios y aquí no podía ser menos con varios espacios donde el principal se desarrolla en el interior de la elegante casa de hace medio siglo y otro vacío con un amplio espacio presidido por un muro de enormes dimensiones, diseñados por Christian Schmidt.
A través del que se ejecuta una de las mejores ideas de esta producción: el desdoblamiento de los personajes y su multiplicación en escena a través de unos coreografías de Sommer Ulrickson donde los propios protagonistas se proyectan en su otra realidad externa, con el apoyo de una iluminación de Olaf Winter que genera enormes siluetas. A la vez la negra presencia de las formas corporales que como una muerte en vida los asedian.
Justo es reconocer el trabajo de maquillaje y caracterización del equipo de este teatro no solo para envejecer al protagonista, Juan Francisco Gatell en el primer reparto (y Syabonya Marqungo en el segundo) sino para generar las réplicas físicas que se llegan a entrecruzar en escena. Guth transita del drama más rotundo a la ironía más destacada en el burlón personaje de 'Farnace' que representa el contratenor Franco Fagioli (y Tim Mead en el 'b') pletórico de tensiones y capaz de lucirse en los contados instantes en los que no suena la orquesta.
Las mujeres del reparto vienen a significar uno de los puntos más altos de esta producción: las 'Aspasia' (Sara Blanch y Ruth Iniesta) , 'Sifone' (Elsa Dreigig y Vanessa Goicoetchea), e 'Ismene' (Marina Monzó y Sabina Puértolas) en lo que constituye uno de los puntos más curiosos de esta producción: ofrecer en los dos repartos la actuación de voces femeninas consagradas del actual panorama lírico español. 'Marzio' es Juan Sancho (experto en personajes breves de los que causan impacto como el 'clown' francés de 'Eugenio Oneguin') y Jorge Franco, con 'Arbote' como Franko Klisovic. Y la constante presencia en escena de un personaje mudo que Claus Guth se ha sacado de la manga: un mayordomo al tanto de los secretos de esa 'Dinastía' familiar enfrentada hasta los niveles más profundos de odio y deseo, que interpreta el actor José Luis Mosquera.
Más allá del punto de vista original y arriesgado de este montaje que en ningún momento llega a aburrir hay un factor digno de ser mencionado: Ivor Bolton como director musical, en su último trabajo como titular del Real. El británico es un experto en la ópera barroca y se mueve con soltura en instrumentos de la época (en otras ocasiones se le ha podido ver tocándolos con virtuosismo en escena). Bolton logra que la orquesta no enmascare a las voces, -mucho más ante las tremendas dificultades de los contratenores para proyectar la voz- y la maravillosa partitura mozartiana siga deleitando. Es de esperar que este 'adios' como titular no suponga la despedida de Bolton del Teatro Real que debería convocarlo en futuras producciones sobre obras de época barroca.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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